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El Barça, ¿humano?
Antonio Pérez
El FC Barcelona se ha ganado la merecida fama de mejor equipo del mundo durante esta temporada. Y lo ha hecho a base de un juego espectacular y exquisito. A base de ganarse la credibilidad de todo el mundo: aficionados, prensa y profesionales del fútbol, por medio de la excelencia.
Ya hemos analizado desde esta columna las claves de la superioridad del Barça de este año, así que no juzgo conveniente reiterarme de nuevo en ellas. Baste con recordar lo que muchos ya llaman la mayor exhibición de juego y competitividad de la historia de a liga: el excelso fútbol que desarrollaron los catalanes en casa de su mayor rival el sábado pasado. Pocas veces sucede en este deporte, al que todos amamos, que un equipo pueda exhibir todo su potencial justo en el momento y ocasión justos, especialmente si enfrente tiene un rival que te tiene ganas y necesidad. Baste recordar los enfrentamientos coperos, en los que muy rara vez un equipo de primera logra doblegar con nitidez a uno de segunda o incluso a uno de inferior categoría.
Hay, sin embargo, un aspecto de este Barcelona que es nuevo y desconocido. Un aspecto de vulnerabilidad, lógicamente entendible para un equipo que se va a meter entre pecho y espalda casi 70 partidos esta temporada. Todos los equipos tienen sus debilidades. Es normal, pues la perfección constante es físicamente imposible. El Barça las tiene también, pero es fantástico escondiéndolas.
La noche del miércoles no pudo hacerlo. En una segunda parte inusitada para el nivel estratosférico que están exhibiendo los de Guardiola, los azulgranas no fueron capaces de generar ni una sólo ocasión de gol en los segundos 45 minutos en Stamford Bridge. Era algo extraño y desconocido. Ver a Messí sin poder penetrar en el área como suele, es decir, como cuchillo en mantequilla caliente, era algo muy poco usual. Ver a Xavi sin dar el pase final, a Iniesta sin asociarse con nadie hasta entrar hasta la cocina…era increíble. Afortunadamente, el fútbol es injusto a veces y el Barça se ganó el pase como el R. Madrid lleva ganado media temporada: sin merecerlo y por la inspiración divina de alguna de sus individualidades.
Por no faltar, no faltó tampoco la ayudita arbitral de la que también llevan acusando a los azulgranas durante toda la temporada. Sólo que esta vez, no creemos que la pobre mano de Villar haya llegado tan lejos.
Es decir, que vimos a un Barça humano. La antítesis del equipazo del Bernabeu, que ha pasado ya a la historia del fútbol. Vimos a un Barcelona impotente, que insistía en sus estériles golpes como un boxeador casi noqueado, que golpea sin fe ni fuerzas, por obligación y fe torera. Pero hasta en eso este Barcelona es diferente. El equipo catalán demostró que es humano, pero cuando esta frase suele significar que un equipo grande ha fallado, en el caso del equipo de Guardiola significa que pasó a la final sin renunciar a su estilo, significa que se clasificó para la gran final en la que probablemente se proclame Campeón de Europa, sólo que sin demostrar su habitual brillantez.
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