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Etiquetas:   Crítica de cómic   -   Sección:   Libros

‘Jonah Hex. El rostro de la violencia’: Hay western más allá de Blueberry

Herme Cerezo
Herme Cerezo
jueves, 7 de mayo de 2009, 06:19 h (CET)
‘Jonah Hex. El rostro de la violencia‘ significa la reanudación de la serie regular de este sudista, renegado, solitario y justiciero, que cabalga por el Oeste norteamericano. Los dibujantes Toni DeZúñiga, definidor en su día de los rasgos físicos de Jonah, y Luke Ross le han dado un vuelco estético imponente. No parece el mismo tebeo. Es como si lo hubieran creado de nuevo, como si nunca antes hubiera existido, como si estrenase nuevas galas. Lo han vuelto del revés.



Portada del cómic.


En esta continuación, el primer cambio relevante es aparición del color. Su utilización, gracias a las herramientas que, actualmente, disponen los ilustradores para iluminar sus viñetas, le ha dado otro aire. Los personajes, todos, han ganado en relieve, en volumen, en tonalidades. El día es día y la noche es noche, sombras incluidas, en el salvaje Oeste. Y eso lo podemos apreciar ahora, gracias a la generosa gama cromática con la que han enriquecido sus páginas.

El color ha trocado a Jonah Hex en una serie mucho más cinematográfica. Las viñetas se han alargado, provocando rectángulos similares a las de la pantalla de cualquier sala de proyecciones. La longitud de las imágenes permite dominar un territorio mucho más extenso, un campo visual mayor, con primeros planos en relieve y fondos alejados pero bien definidos. La riqueza cromática es tal que el lector, sin ningún esfuerzo, invierte más minutos para recrearse en los atardeceres, los relieves, los paisajes, los contornos, los pliegues de las ropas, los fogonazos de los revólveres … Siguiendo con los cambios estéticos, el rostro del protagonista cada vez se asimila más al del Clint Eastwood de los spaghetti western, siempre matizado por esa peculiar – y repulsiva – cicatriz que permite ver una sucesión de dientes dividida por una extraña estalactita carnosa.

Todo este festival visual no ha ido en detrimento de la calidad de los guiones. Todo lo contrario, ya que éstos mantienen la tónica de las anteriores entregas: independencia, calidad, tensión, acción e intensidad que se acentúa por el esquema, ya clásico en la serie, de historietas cortas. Como observarán, son características muy propias del género. En Jonah Hex las pistolas necesitan pocos segundos para ladrar balazos sin descanso y las palabras sólo son el preámbulos de los tiroteos. Cada capítulo se subdivide en pequeños episodios, algo que ya ocurría antes, que seguimos leyendo como independientes, aunque al final, sumados todos los acontecimientos narrados en cada uno de ellos, obtenemos la imagen global y completa de toda la historia fragmentada.

Especialmente relevantes e interesantes en este sentido se me antojan dos de las seis historias que componen ‘Jonah Hex. El rostro de la violencia’, que son ‘Luchadores contra perros’ y ‘La peste de Salvation’. La primera es un remedo en otro estilo, en otra época, al otro lado del charco, de los niños ladrones descritos por Charles Dickens en su inolvidable ‘Oliver Twist’. La segunda presenta un planteamiento más original: un pueblo rige su vida por la "Ley de Dios", pero impuesta por un grupo de monjas, que manejan mejor el rifle de repetición o el colt 45 que un rosario de última generación de aquel entonces. Hábitos y crucifijos aglutinados por las armas de fuego para mantener la paz del Señor en un villorrio. ¡Menuda ensalada! El resto de historias cumplen de sobra con su cometido: entretenernos con nuevos relatos de vaqueros, de los de toda la vida. Lo que no es poco.

La dureza de Jonah, el señor Hex como le dicen en muchos momentos, sigue imperturbable. En alguna historieta, ‘Masacre en Two Pines’, diría que incluso se acentúa. El peculiar concepto de justicia del caza-recompensas sureño alcanza aquí límites primitivamente tribales, con una alta dosis de tragedia carente de miramientos de ningún tipo.

Y acabo. Siempre pensé que Giraud con Nariz Rota o Tsi Nah Pah, su teniente confederado y rebelde, por muchas razones marcaba el techo del cómic del Oeste, un límite difícil de superar o, incluso, de igualar. Con Jonah Hex, sin embargo, ya no estoy tan seguro y creo que hay western más allá de Blueberry.

Que continúe habiéndolo.

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Guión: Jimmy Palmiotti, Justin Gray; Dibujo: Tony de Zuñiga y Luke Ross; formato: libro rústica, 140 págs., color. 12,95 €; Editorial PlanetaDeAgostini

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