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Etiquetas:   El crisol   -   Sección:   Opinión

Los profesionales

Pascual Mogica
Pascual Mogica
miércoles, 6 de mayo de 2009, 08:55 h (CET)
Cuando decimos aquello de que “ha alcanzado un alto grado de profesionalidad” normalmente nos estamos refiriendo a una persona en concreto o a un colectivo determinado. Con ello pretendemos reconocer los méritos concurrentes en esa persona o en ese colectivo y a su perfección en el trabajo que desarrolla.

Todo esto está muy bien para todos aquellos que se mueven dentro del mundo de las distintas profesiones. Profesiones desarrolladas a lo largo de su vida cuya eficacia ha quedado sobradamente demostrada.

En numerosas ocasiones el rey, Juan Carlos I, se ha referido a la reina doña Sofía como “una gran profesional”. Yo no sé si la profesionalidad tiene algo que ver las cosas de la política. Con todos aquellos que de una forma u otra están inmersos en el devenir político de cada día. Creo que no. Es cierto que por puro y exclusivo ordenamiento constitucional, en algunos países aún existen los monarcas, cada vez más en desuso, estos nacen ya con el oficio debajo del brazo: Ser jefes de Estado, aunque en muchos casos con escasas posibilidades de actuar como tales.

Hace unos días, y con motivo de la inclusión en la lista del PSOE para las elecciones europeas de una concejala de Elche, la portavoz de la oposición, del PP, dijo que le deseaba muchos éxitos tanto en lo personal como en lo profesional en el caso de salir elegida. Resulta curioso que cada vez escuchamos más la palabra “•profesión” “profesional” o “profesionalidad” cuando nos referimos a los cargos públicos. Sin pretenderlo estamos apoyando esa intención de muchos políticos de que la política se convierta en una profesión. Si ese día llega, el “navajeo” y los clásicos “codazos” que se dan en la actualidad todos los que aspiran a hacer de la política su medio de vida serán una mera pelea de patio de colegio comparado con los “palos” que se van a dar por ese “quítate tú para que me ponga yo”. El cargo político, a cualquier nivel, debe desempeñarse con el máximo afán de servir a los demás y sobre todo con honestidad y siempre pensando en lo transitorio o efímero que es. Nunca deben pensar en servirse del cargo, ya tenemos bastantes malos ejemplos de ello. El cargo político no exige profesionalidad porque nunca debe ser una profesión. Exige humildad, generosidad y entrega total para ayudar a resolver los problemas de las gentes a las que representan a quienes les deben, por haber confiado estos en ellos y haberles dado su voto, el poder gozar del honor de servir a su ciudad o a su país.

El ejercicio de la política nunca puede ser una profesión, debe ser considerado como algo hermoso que nos da la oportunidad de servir a los demás. Pero por desgracia creo que al final ganarán los “profesionales”. Si esto ocurre, apaga y vámonos.

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