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No podemos confiar en los políticos

Francisco Rodríguez Barragán
Francisco Rodríguez
miércoles, 6 de mayo de 2009, 08:54 h (CET)
La campaña electoral del 2004 terminó de forma abrupta, con un espantoso atentado y el habilidoso eslogan socialista de que España no se merece un gobierno que mienta que dio el poder a Rodríguez Zapatero. Su gestión, en mi opinión, ha sido nefasta, sin paliativos, no obstante lo cual y de forma bastante sorprendente, consiguió volver a ganar las elecciones del 2008, utilizando la mentira de negar la crisis que se cernía sobre nosotros.

Sin ánimo de ser exhaustivos, como dice el conductor del programa de La Linterna, podemos señalar su alianza con los nacionalistas para sacar de la vida política al PP. Su fracasada negociación con ETA sacrificando a las víctimas del terrorismo. El ofrecimiento al partido socialista de Cataluña de aceptar el nuevo Estatuto que redactaran, el cual ha dado lugar a una carrera desordenada de las demás comunidades, con nuevos estatutos que han socavado los principios de igualdad de los españoles y solidaridad entre las regiones. Su ley de violencia de género que no ha logrado erradicar la violencia doméstica sino que la ha radicalizado, una aberración jurídica y constitucional al introducir la desigualdad por razón del sexo, como si pudiera eliminarse una discriminación introduciendo otra de signo opuesto.

Tanto la indicada ley de violencia de género, como la del matrimonio homosexual o el divorcio rápido, están hundiendo a la institución familiar, verdadero fundamento de la sociedad. La educación, que ya era deficiente desde la introducción de la famosa EGB, ha seguido empeorando al dictar disposiciones que han ocasionado un mayor fracaso escolar, la violencia en las aulas, la pérdida de autoridad de los profesores, completando el desastre con la imposición autoritaria de la asignatura de Educación para la Ciudadanía, manifiestamente sectaria y manipuladora.

Ahora quieren ampliar la ley del aborto considerándolo como un derecho de la mujer a disponer de la vida del niño concebido. Es curioso que se niegue a los padres el derecho a elegir el tipo de educación que quieren para sus hijos y se le otorgue a la mujer el derecho a asesinar al hijo que concibió. El aborto es el resultado de incitar a una sexualidad irresponsable.

Se ha acentuado el desprestigio de la justicia como contrapeso del poder del ejecutivo. Los medios de comunicación están mayoritariamente al servicio del gobierno por lo que tampoco ejercen un papel crítico. Las instituciones que tenían que vigilar el desarrollo económico, a la vista está que no han cumplido su papel y cuando lo han hecho han sido ignoradas por el gobierno.

Podía continuar con la emigración, la corrupción, las subvenciones a sindicatos y titiriteros afines, la alianza de civilizaciones, la inquina contra la Iglesia, etc. etc. ¿Dónde están los éxitos del Presidente Zapatero? ¿Una foto con Obama, otra con Sarkozy, una silla precaria en el G-20? También me gustaría preguntar por el papel moderador de la Corona.

Mientras tanto, los sufridos ciudadanos, los que pagamos los sueldos, prebendas y despilfarros de un ineficiente gobierno central, de 17 gobiernos autonómicos igualmente despilfarradores, más la administración local, más la organización sindical, más la burocracia de los partidos, parece que apenas nos queda la esperanza de volver a votar cada cuatro años a las personas que decidan las cúpulas de los partidos.

Pienso que en una situación de crisis como ésta, que no es solo económica, sino de valores y de decencia, necesitamos una profunda regeneración, una decisiva conversión a formas más sanas de convivencia, que tienen que hacer los ciudadanos, la sociedad civil organizada en redes que sirvan de contrapeso a la hegemonía de los políticos profesionales, esos que se preocupan tan poco del bien común, pero que están siempre de acuerdo con elevarse el sueldo cada año. A ver si entendemos alguna vez que la soberanía es nuestra, de los ciudadanos que pagamos, de quienes estamos manteniendo con nuestro trabajo a demasiada gente que no merece ni el sueldo ni nuestra confianza.

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