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Esperanza es nombre de mujer

Pascual Falces
Pascual Falces
martes, 5 de mayo de 2009, 07:29 h (CET)
El futuro y la esperanza siempre han caminado entrelazados cuando los tiempos no son todo lo boyantes que se desearían. La esperanza es lo último que se pierde, y en tiempos de crisis hace que aumente la venta de lotería en todas sus modalidades. Por eso, cuando, además, adorna como nombre a una mujer, le añade expectativas de futuro.

"ESPERANZA" Aguirre, es el recio dique de contención del futuro de la izquierda en España. Por el contrario, en Rajoy tienen puesta toda su confianza; cuando perdió las últimas elecciones generales, hace poco más de un año, un conocido comentarista del pesebre "sociata" se preguntaba pública e "inocentemente": "¿Marcharse Rajoy?... pero, ¿por qué?". Claro que sí, muchacho, ¿por qué?, tienes razón... Nadie mejor para los socialistas a la cabeza del PP, para seguir cosechando derrotas... Así ha sucedido, y, mientras tanto, Aguirre no ha encontrado espacio en esa cabecera melindrosamente conducida -con el alcalde de Madrid regateando su oportunidad siempre con malas artes-.

Aguirre es temida porque ha demostrado saber como se vence a la mentira, el apestoso bagaje sobresaliente del socialismo español. Es la dirigente que además de aminorar las cargas sociales en tiempos difíciles, sabe como acrecentar la creación de empleo disminuyendo los impuestos y aumentar la recaudación.

Tiene esa fresca desenvoltura de chulapa verbenera, que, con los brazos remangados y sin pelos en la lengua, no se arruga ante nadie, sin invocar feminismos ni machismos hasta conseguir que el adversario se acurruque debajo de su escaño. Que se lo pregunten al "noqueado" Simancas. Quien le sucedió en la Federación Socialista madrileña, un tal "Gómez", impotente ante Esperanza, tan sólo es capaz de boicotear los actos públicos que organiza. La huye, o le huye, como se diga.

Los sindicatos han hecho de Esperanza su "bestia negra" en la Comunidad de Madrid, sin conseguir quitarle la sonrisa de su cara. Con la mentira han salido a la calle este Primero de Mayo, y son bien conocidas las mentiras que dieron el triunfo electoral a ZP y cuantas jalonan su azarosa legislatura. Que puedan ser desenmascaradas es su gran temor, y por eso Esperanza Aguirre en su feudo madrileño es el enemigo a derribar, no por representar una Comunidad del PP, sino por las "maneras" de su Presidenta. También es sabido que al enemigo que no se puede vencer hay que intentar atraérselo. Esto explica el profundo giro en la política del Ministerio de Fomento, que de verla "colgada de una catenaria", como deseaba "la maleni", se ha pasado a las carantoñas de Pepiño.

Difícilmente los varones del PP desalojarán a ZP y sus artimañas de la Moncloa. Rajoy no es contrincante para un embaucador a quien, en el fondo, parece admirar por su extraordinaria capacidad de mentir, y no sirve para arrastrar esa media España suficiente y holgada con la que ganar las próximas elecciones, anticipadas o no. Hace poco más de un año, once millones y medio de españoles "no votaron a Rajoy", y sus razones tendrían. De entre los que le votaron, tal vez muchos, ahora no lo harían. De los primeros, votantes de ZP, unos cuantos han descubierto que fueron engañados, y aceptarán con ilusión la fresca verdad que ofrezca una desenvuelta mujer liberal. Y la derecha, incluso la que se autodenomina de centro, por muy visceral que sea, necesita creer en algo, tener una ilusión, una esperanza. El siglo XXI marca la hora política de las mujeres en el mundo. Que gobiernen por cuestión de igualdad, o de cuota, es una injusticia; se trata de un derecho propio. Los hombres ya cubrieron de sangre muchos siglos anteriores, mejor que ahora se hagan a un lado, callen y aplaudan.

Nota a posteriori: Ultimada y colgada esta columna, los sindicatos de la izquierda madrileña se han sumado al boicot de Gómez con otra huelga en Telemadrid, la enésima, para celebrar el Dos de Mayo. Heroicos ellos.

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