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Sufrimiento verdiblanco

Daniel Sanabria
Daniel Sanabria
lunes, 4 de mayo de 2009, 22:22 h (CET)
Hay equipos como el Sporting de Gijón, el Numancia o el Recreativo de Huelva a los que se les puede perdonar todo, incluso el descenso. Son clubes que si tradicionalmente no han contado con un presupuesto económico a la altura de primera división, menos lo van a lograr ahora en plena crisis mundial. Por eso se ven obligados a fichar lo que hay suelto en el mercado: jugadores que acaban contrato, canteranos, desconocidos… No tienen otra solución que hacerse una plantilla competitiva con cuatro duros y fichando lo que pueden más que lo que quieren.

Si a final de temporada el equipo baja de categoría, pocos reproches se le pueden hacer. Otra cosa es que tengas un presupuesto bastante apañado y aún así tengas que estar sufriendo hasta la última semana, como parece que va a estar el Betis, un equipo que año tras año parte con uno de los diez presupuestos más elevados del campeonato y siempre termina sufriendo o en tierra de nadie. Esta primavera, sin darse cuenta, como quien va engordando poco a poco y de repente un día se pesa y ve que ha echado cinco kilos, se ha plantado al borde del descenso cuando quedan cuatro partidos.

No estaba precisamente el Betis invitado a este juego del ascensor, que es como el de las sillas: cuando pare la música los tres que se queden sin asiento se van al pozo. Pero ya ha reservado plaza para ser uno de los sufridores en este final de liga. Y el Betis no es de esos clubes a los que se le puede perdonar bajar a segunda, por historia, por presupuesto, por plantilla, por afición, por activos, y porque con el Betis en segunda la capital hispalense se quedaría coja de una pierna. El Sevilla y el Betis son como el coche y la gasolina: se necesitan para vivir.

Por su parte la afición verdiblanca no ha esperado al final de la película y ya ha mostrado su postura al grito de “jugadores mercenarios” y “Lopera veta ya”. Mientras, en la grada una pancarta rezaba así el domingo pasado: “salen los jugadores, empieza el circo”. Y es que el Betis tiene el llamado mal de las SAD que tanto daño hacen a determinados clubes españoles, en los que una persona con la mayoría de acciones hace y deshace a su antojo como si de una empresa más se tratara, sin diferenciar que los clubes de fútbol se distinguen del resto de empresas por una cosa llamada sentimiento.

Al Betis le pasa como al Atleti: es un club con posibilidades económicas, gran afición e historia, que tras su conversión en SAD cayó en manos de un millonario que no entiende de fútbol y que a pesar de estar en la sombra maneja desde dentro todos los hilos que mueven al equipo. Y así ocurre, que año tras año termina sufriendo y sin conseguir el objetivo marcado a principio de temporada. Como el Atleti, que con el tercer presupuesto más alto de España no ocupa esa posición en la tabla clasificatoria desde 1992.

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