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Etiquetas:   A pie de calle   -   Sección:   Opinión

El rugido del Molinón

Paco Milla
Paco Milla
lunes, 4 de mayo de 2009, 07:29 h (CET)
De nuevo, los fantasmas del pasado anuncian luces y sombras en el mítico Molinón.

Aunque aun hay tiempo para conseguir la deseada permanencia, el ahorro (y ni así la “saca llena”) nos hará sufrir, por no haber gastado “unes perrines” en su momento, en dos o tres refuerzos imprescindibles.

En dos o tres digo, lobos de afilados incisivos para mostrarlos cuando hace falta. Y es que antes o después, en el deporte, en los negocios o en cualquier faceta de la vida, es necesario poseer buena dentadura para, dado el caso usarla. O eso o... ser mordido.

Hoy, he vuelto a Mareo con mi “pregunta al futuro” (alguien dijo que esa era la definición mas acertada de: hijo).

Hemos vuelto a pisar el césped del campo de las “flautas” (algún día explicaré esto), a chutar sobre las históricas porterías. Un día pensé, que hasta que él cumpliera una edad de comenzar a exigirle seriamente, yo le formaría en sus primeros chutes, en utilizar el empeine o el borde externo, en picar la pelota o empalmar una bolea con diestra zurda y ¿que mejor escenario que los vacíos campos de una de las mejores escuelas del lluvioso norte?.

Digo vacíos, porque esperamos que la actividad cese y es entonces cuando nos colamos sigilosamente (no lo cuenten) y un cuerpecillo de apenas 30 kg, deja que el viento acaricie su melena cuando corre la banda, levanta la vista y divisa un calvo barrigón, que casualmente está al borde de la pequeña área y es entonces y solo entonces, cuando pica la pelota y en bendita parábola (que tantos días nos costó) el balón entra en la portería rozando el larguero y otra vez es entonces, cuando el silencio fallece y resuena estruendosamente el ¡ GOL, GOL, GOL ,GOLLLLLL DEL SPORTINNNNNNG!!!! que narra él, o yo, o ambos.

Y lanzándose sobre sus rodillas los brazos en cruz y medio extasiado, se deja ir, disfrutando de los aplausos de las redes, el banderín de corner, las rayas del suelo, las vallas publicitarias, las pancartas de animo y el viento norteño, siempre presente. Y en esto estamos.

Lezama y Mareo se enfrentan mañana. Quizás y sin quizás, han sido los mayores úteros, que parieron seres míticos, para que muchas tardes de domingo se convirtieran en gloriosas.

Leo en prensa que los leones amansarán mañana. Ojala, solo se escuche el rugido del Molinón. El rugido de 28.000 sportinguistas que a las 3.30 y desde San Pedro, marcharán unidos hombro con hombro y pintadas caras, gesto serio miradas fijas y mentes centradas, camino del campo de batalla, siendo conscientes de que algunos caerán, reirán o llorarán, gritarán o maldecirán... pero sobre todo, animarán y muchas carótidas se dibujaran en cuellos de tensados músculos ante la impotencia o ante la victoria, pero al menos todos podrán decir: yo estuve allí, rugiendo, animando, aplaudiendo...¡luchando!.

Tal y como rezaba una pancarta hoy en el campo 1: ¡Levanta la cabeza y... lucha!

Si yo tuviera las llaves del Molinón, me colaría esta noche y pondría en el equipo de sonido Gladiator, junto a una grabación con los nombres de los “míticos hijos de Mareo”, para que según se fueran vistiendo los chavales de rojiblanco color (por jugar en casa) escucharan a través de sus oídos y sintieran en el ritmo de sus entrenados corazones, el subidón, el rugido de la “Mareona” que desde las gradas, ovaciona a todos y cada uno de los nombres propios y apodos que comenzarían sin duda por un tal Quini Castro, que con elegantes zapatos ahora, aun pisa el césped del gran molino. Un gladiador que aun no se olvidó de luchar.

Ya sé que aun queda tiempo, pero cuanto antes resolváis, mejor. Si esperáis a después, habrá algunos de mentes mas débiles, que ante la derrota que se avecina, prefieran hacerse el seppuku, antes que permitir que la espada del enemigo los desmiembre, pero es que el césped del Molinón exige lucha y sangre si es necesario y no vísceras de inerte ya vencido.

Me imagino al apreciado Preciado gritándoles:

Enfundaos vuestros cascos, agarrad vuestras armas y pensad que nunca los leones fueron mansos. Si os fiáis, pereceréis y además con cara de asombrados ante las dentelladas recibidas, que es lo peor. Nada os van a regalar, ni por similitud de colores, ni por simpatías norteñas, ni porque van sobrados.

Cuando se lucha se puede morir, pero matando, que para eso eres gladiador y te ganas el pan con ello (y muy bien por cierto).

Ave Molinón, los que se van a dejar la piel... os saludan.

¡Así debe ser!

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