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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

Sindicatos, Gobierno y sus maquinaciones

Miguel Massanet
Miguel Massanet
sábado, 2 de mayo de 2009, 22:03 h (CET)
Es obvio que cada cual puede tener su opinión sobre un determinado tema y es también de sentido común que no es preciso ser perito en una materia para expresar lo que a uno le parece, sin que por ello nadie deba alarmarse, sentirse incómodo o rasgarse las vestiduras; sin embargo, lo que no es tan admisible es que, por cuestión de simpatías políticas, por afinidades ideológicas o por vínculos de conveniencia y oportunismo, se quiera darle una versión sesgada y acomodaticia al comportamiento de unos entes nacidos para la defensa de los intereses de los trabajadores pero que, desde que subió al poder el PSOE con el señor Zapatero al frente, se han olvidado de su razón de ser, se han acomodado en sus poltronas y se han dedicado a vivir la buena vida, gracias a las sustanciosas subvenciones que se les dan, precisamente para que se mantengan sosegados y no le creen problemas al Ejecutivo; hablo, como es evidente de CC. y UGT, los sindicatos mayoritarios de nuestro país. Y es que, al parecer, en un editorial de La Vanguardia, se les ha querido dar jabón, pretendiendo demostrar que el comportamiento completamente indigno de ambos sindicatos, supeditando su defensa de los intereses de los trabajadores al mantenimiento de un gobierno incompetente, dedicado, únicamente, a intentar sobrevivir del mar de errores en el que se ha metido y un compendio de ineficacia, incompetencia y desorientación en lo que respecta a afrontar la gran recesión que estamos padeciendo. Para el editorialista del periódico la actitud pasiva y conformista de CC.OO y UGT son una muestra de “madurez” y no, como cualquiera que sepa de que va el tema pueda suponer, una postura de sumisión al gobierno que les sustenta y les mantiene a base de subvenciones de muchos millones de euros (recientemente la señora Salgado, antes de pasar a ser el lacayo de Zapatero en Economía, les insufló la nada despreciable cifra de 28 millones de euros, sólo para “hacer boca”).

Dando por supuesto que el autor del editorial no ha tenido demasiada experiencia en cuestiones de personal y que, todavía no sabe cómo se las gastan todas estas sanguijuelas sociales cuando les interesa arrimar el ascua a su sardina y exprimir a la vaca que los amamanta, por medio de sus habituales latiguillos en contra de los empresarios que, a fuerza de repetirlos, se han llegado a creer que son ciertos. No obstante, ahora que se quejan de que los empresarios pidan el abaratamiento del despido, no han tenido el gesto de hacer que los miembros de los Comités de Empresa renuncien a las horas de que disponen ( pagadas por supuesto) para sus reuniones, o que los famosos “liberados” que ni aparecen por las empresas a las que pertenecen, se reintegren al trabajo para ayudar a sus compañeros y, al propio tiempo, contribuir al esfuerzo para salir de la crisis que tanto afecta a los empresarios. ¡No caerá esta breva! Eso sí, y vean ustedes el contrasentido, están dispuestos a manifestarse con todo su esfuerzo reivindicativo nada más y nada menos que… ¡contra la crisis!, si señores, con un par. Como si la crisis fuese un ente viviente al que se le pudiera presionar con manifestaciones; antes bien, pudiera padecer que faltando al trabajo para manifestarse ponen su correspondiente granito de arena para que la recesión se agrande y sus puestos peligren aún más.
Pero estos sindicatos, tan “responsables” y “maduros”, según el editorialista de La Vanguardia, no tienen ningún inconveniente en planear una futura huelga general si la Administración, mejor dicho la Cortes de la nación, decidieran que la petición de abaratar el despido se aprobara y, con ello, las empresas pudieran poner en orden sus plantillas sobredimensionadas de forma que se consiguieran rentabilizar sus producciones y, como consecuencia, poder entrar en condiciones favorables en competencia con el resto de sociedades del resto de Europa. Para estos sindicalistas tan amigos de la demagogia, de las frases hechas y de la lucha de clases – había que escuchar a los dos capitostes, Méndez y Fernández Toxo, vociferar sus soflamas como si todavía estuviéramos en tiempos de “ La Pasionaria” y todos tuviéramos que ponernos a temblar ante sus amenazas –, se olvidan de que se han mantenido pasivos mientras en poco más que un año y medio España se ha plantado en más de cuatro millones de parados, muchos de los cuales han agotado el subsidio y no perciben nada con lo que vivir. ¿Estos son los famosos y aterrorizadores sindicatos defensores de la clase obrera? ¿Ignoran los señores Méndez y Toxo que sin empresas no hay trabajo y que los subsidios los debemos de pagar todos con nuestros impuestos?,¿son tan cerriles que no pueden entender que sin una productividad adecuada (estamos a la cola de Europa), sin una calidad constatada y sin una estructura competitiva adecuada no hay empresa que pueda salvarse de la crisis?

Por lo visto sí, o, si no, parece que lo ignoran y hacen como el famoso Vellido Dolfos, el asesino de Sancho II, que cuando asesinaba a su víctima pronunció la frase: “ No quito ni pongo rey, pero ayudo a mi señor”; es decir, que les importa un comino que la mala gestión de Zapatero haya conducido a generar 4.000.000 de parados siempre que, con su conducta mojigata y complaciente con el Gobierno, ayuden a que se mantenga en el poder el régimen socialista; impidiendo que sea sustituido por otro de derechas que pondría las cosas en su sitio, como lo hizo Aznar, por medio de medidas duras pero efectivas, como establecer programas de ayuda a las empresas, no a base de subvenciones o de esquilmar al resto de ciudadanos, sino desgravándolas de parte de la carga impositiva, reduciendo las trabas administrativas, reduciendo el despilfarro de gastos de las autonomías, impulsando la inversión y desgravándola de impuestos y aligerando a los ciudadanos de parte de los impuestos, rebajando las tarifas del IVA y del IRPF. Con placebos, con paños calientes, ocultando la gravedad de la situación y queriendo engañar a los trabajadores diciéndoles que el papá Estado puede mantenerlos indefinidamente sin trabajar, viviendo del subsidio de paro y jugando al mus en los bares; a nadie, que no sea un insensato, le puede parecer algo viable y un remedio eficaz contra la situación extrema en la que nos encontramos.

Yo le diría a este articulista, que tan benigno se ha mostrado con los sindicatos, que intente entender como en un gobierno de derechas, el del señor Aznar, durante el cual se dio trabajo a cinco millones de trabajadores, se mejoró la producción industrial y se estableció una seguridad en el empleo como hacía mucho tiempo que no existía, mientras se reflotó la Seguridad Social, en quiebra técnica, y se dotó a las pensiones con un fondo de garantía de 30.000 millones de pesetas ( algo de lo que el señor ZP se olvida, atribuyéndoselo a la gestión de su Gobierno). A pesar de ello, tanto UGT como CC.OO, convocaron una huelga general contra el Gobierno ( que fracasó, por supuesto). No obstante ahora, en plena recesión, cuando el Gobierno ha demostrado no dar pie con bola, es cuando amenazan con convocar otra huelga general, pero no contra el Ejecutivo, no, de ninguna manera; se convocará, en todo caso, contra los empresarios por haber pedido que se aligere el coste de los despidos. Claro que la maniobra está clara: se temen que los parados quieran rebelarse en contra de ellos y, una manera de contentarlos, será convocar una huelga general pero desviando la atención hacia los empresarios, con lo cual salvan su responsabilidad ante los obreros y evitan poner al gobierno contra las cuerdas. ¡Muy hábil!, en el caso de que los ciudadanos de a pie fuéramos tontos.

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