Quantcast
Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto. Noticias y opinión
Sueldos Públicos Viajes y Lugares Display Tienda Diseño Grupo Versión móvil

Opinión

Etiquetas:   Disyuntivas   -   Sección:   Opinión

Jirones estadísticos

Rafael Pérez Ortolá
Rafael Pérez Ortolá
sábado, 2 de mayo de 2009, 22:02 h (CET)
Se produce toda una gradación en el camino que va desde un simple movimiento en la vida hasta los acontecimientos descollantes. Unos aparatosos, otros graves, como también acciones entrañables o repugnantes. Ahora bien, ¿Valoramos, CLASIFICAMOS, graduamos los hechos acaecidos? ¿Cómo atribuímos esos calificativos en cada caso? ¿Somos medianamente consecuentes con lo pensado?

No es suficiente el capricho en estos menesteres. El buen DISCERNIMIENTO, lo que va de las bondades a las maldades, exige una disposición adecuada y un aprendizaje. Un estudio y dedicación también. Pone a prueba la consistencia y tenacidad de una sociedad. Intuyo unas respuestas poco satisfactorias si tenemos en cuenta los ambientes del entorno. Parece que lo sucedido nos resbala, en una suerte de aislamiento frente a lo sucedido a otras personas. Falta interés, preocupación y las valoraciones consiguientes.

Una cosa es tener en cuenta las diferentes EMOCIONES, las percepciones de cada individuo. Son la esencia de la vida, inevitables, sí; pero insuficientes para la trama completa de cada existencia. Cuando el único criterio se base en las emociones, no será posible una ligazón social adecuada. Si la ética, las agresiones, los intercambios comerciales, se mantinene anclados en los niveles emocionales; no tardará en manifestarse una auténtica batalla campal. Estaríamos hablando de criterios muy primitivos. Respetables, como primer paso; abriéndose a los pasos siguientes.

A menudo, con la misma naturalidad, echamos en falta las RAZONES; como mínimo, tan naturales como las emociones. ¿Quién conseguiría desligar unas de otras? Serían argumentos con solvencia para aproximarnos a las realidades, explicaciones oportunas, graduación de las repercusiones previsibles; con el oportuno respeto a los diferentes modos de cada individuo para la percepción de lo acontecido. Es evidente la insuficiencia de un guirigay de opiniones sin la fundamentación adecuada.

Ante una actuación concreta tenemos dos opciones a nuestro alcance. Limitarnos a ver las cosas, o fijarnos con mayor intensidad en lo sucedido. Esa diferencia se trasluce espléndidamente cuando uno observa meras imágenes televisivas, reportajes, fotografías o simples documentos. Cuando nos enteramos de un nuevo asesinato, de un nuevo salvaje enseñando ética en un colegio, o de los abusos execrables sobre niños indefensos. De un lado, con demasiada frecuencia, se ejerce lo que pudiéramos denominar OBSERVACIÓN CONTEMPLATIVA, no necesariamente indiferente, pero con poca implicación, derivada de la lejanía y de la pasividad.

Cuando se fija la atención se da un paso adelante en la comprensión del asunto. Deriva en dos pasos subsiguientes, por de pronto en un mejor conocimiento del hecho; que a su vez, puede estancarse ahí, o promover una IMPLICACIÓN personal de cada uno de los observadores. Estas últimas actitudes precisan de un esfuerzo mayor, nos introduce en cada problema planteado. Que eso no sucede en las proporciones deseables parece poco discutible. Bien la ley del mínimo esfuerzo, bien la indiferencia ciudadana, conducen a la observación de los sucesos como un espectáculo que se nos ofrece de manera gratuita. Queda solapada la serie nefasta de repercusiones originadas desde estas actitudes.

Nos habituan a las valoraciones estadísticas. Los porcentajes, rarezas o mayorías, pretenden la definición de los acontecimeintos ciudadanos. No son razones suficientes las simples LEYES de la ESTADÍSTICA. Estas describen determinados aspectos de la vida en común; pero siguen muy de lejos las cualidades, defectos o aberraciones que condicionan la existencia. Muestran una neutralidad de los números que no puede servir de consuelo. Diluyen el aspecto concreto de las responsabilidades.

Si a esto añadimos los porcentajes registrados en las AUDIENCIAS de los medios de comunicación, siguen dominando los números globales. Estos hechos o una persona sale en todos los medios, en cambio nadie conoce casos de mayor envergadura; la frivolidad del espectáculo superficial domina el interés general.

Esa simplicidad de que va a surgir un determinado número de sujetos de entre la población general, apenas representa un mínimo detalle dentro de la estadística. Atendemos poco al CASO CONCRETO, aunque la frecuencia no explica la relevancia. Esta claro que unas circunstancias repercuten en las condiciones de vida, otra en los sentimientos, mientras las hay que son indiferentes a las personas, pero activas sobre los animales o el medio ambiente.

Hablando de estas cosas, es necesaria la introducción del concepto de las REPERCUSIONES. Aunque parezca elemental, no siempre se considera la relación condicionante de unos hechos, de unas actuaciones, sobre otras circunstancias de la vida. Sin embargo, estamos ante unas evidencias que hablan por sí mismas; su existencia no puede ser motivo de duda. Una cosa son las actitudes banales, los juegos, o las simples actividades habituales de cada persona; será más grave si detrás de estos disimulos de las frías estadísticas, se agrandan las cifras de parados, las divergencias acaban en asesinatos o se olvidan los más elementales derechos humanos, ya entramos en una auténtica degeneración..

¿Bastará con un relato de primeras impresiones? Cada persona interpretará a su modo cada situación. Mientras, no se les presta atención a las causas o circunstancias influyentes en los acontecimientos, no reacciona la sociedad ante posibles maldades. ¿Por intereses ocultos? ¿Por ignorancia? ¿Por dejadez? Un ejemplo, en el asesinato de Marta del Castillo, ¿Cuántos han estado en conocimiento de datos encubridores? ¿Es suficiente mirar con la vista gorda y lavarse las manos? Los ejemplos abundan si incluimos a la gente cercana a los terroristas, trabajadores de un Ayuntamiento, fíjense en la trama creada con la policía de Coslada. Valga la redundancia de interrogantes, ¿Dónde están las PREGUNTAS serias y exigentes de cada grupo social? ¿Qué pensamos de la labor de los Sindicatos durante todo el año? ¿Cómo interpretamos los enormes beneficios bancarios?

¿A qué consideraremos hechos importantes? ¿Personas relevantes? Eso de escudarse en gráficos o achacarlos a entes ajenos sin más, un dato detrás de otro dato; no contribuye al esclarecimiento de las tramas, no es suficiente. Son muchas las influencias requeridas para la elaboración de una CULTURA elevada, capaz de suavizar esos crueles jirones de la estadística que nos caen encima.

No se trata de una conspiración, aquel típico contubernio. En el cultivo de las cualidades, se precisan labores tenaces; así como, la enérgica colaboración ciudadana. ¿Qué ocurre fuera de las grandes estadísticas?

Noticias relacionadas

Miquel Iceta, el Travolta de la rosa

Perfiles

¿Hasta dónde llega el cáncer separatista dentro de España?

No nos creamos que el proyecto del separatismo catalán se reduce a Cataluña

La difusión de Norberto Gil es bienvenida

Ya lo decía el famoso arquitecto La casa debe ser el estuche de la vida, la máquina de la felicidad

Palestina y la "banalización de la maldad" por parte de Israel

¿Hacia un régimen teocrático-militar en Israel?

España se romperá... o no

El pueblo se ha despertado. Los españoles no están dominados
 
Quiénes somos  |   Sobre nosotros  |   Contacto  |   Aviso legal  |   Suscríbete a nuestra RSS Síguenos en Linkedin Síguenos en Facebook Síguenos en Twitter Síguenos en Google Plus    |  
© Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto | Director: Guillermo Peris Peris