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Etiquetas:   The Washington Post Writers Group   -   Sección:   Opinión

Ganar tiempo con la inmigración

E. J. Dionne
E. J. Dionne
sábado, 2 de mayo de 2009, 16:02 h (CET)
En muchos asuntos, el enfoque del Presidente Obama consiste en abordar de frente. Con la reforma de la inmigración, prefiere ir paulatinamente. En realidad no tiene elección.

La inmigración es un asunto políticamente espinoso porque divide a ambos partidos y revuelve los alineamientos ideológicos tradicionales. Y en este asunto, no hay una mayoría clara.

La tercera parte de los estadounidenses es partidaria a grandes rasgos de conceder a los inmigrantes ilegales una vía para convertirse en ciudadanos, mientras que otro tercio se opone vigorosamente. Pero hay un centro ambivalente que sabe que el estatus quo es insostenible y que quiere una solución integral, pero que también está enfurecido por el fracaso del gobierno a la hora de detener la inmigración ilegal.

La administración Obama tiene motivos de preocupación particulares propios. Obama ganó las elecciones con el apoyo aplastante de los votantes latinos que le ayudaron a decantar estados bisagra tales como Nuevo México, Colorado o Nevada. Los líderes políticos latinos insisten con razón en que el presidente cumpla su promesa de solventar la inmigración y poner fin a un sistema que, en palabras de Obama, "mantiene en la ilegalidad a los sin papeles.”

Pero los lugartenientes del presidente son muy conscientes de que Obama también ganó en estados bisagra en los que el camino a la legalización no despierta tantas simpatías (Indiana, Carolina del Norte y Ohio), y no quieren añadir la reforma de la inmigración a una mezcla legislativa ya de por sí volátil.

De manera que Obama viene haciendo gestos de dos tipos simultáneamente: Yes we can, pero aún no.

El 9 de abril, un titular en la portada del New York Times rezaba: "Obama Impulsa la Ley de Inmigración como Principal Prioridad.” La noticia hablaba de los planes de Obama "de empezar a abordar este año el sistema de inmigración del país.” Una señal que los líderes latinos esperaban como agua de mayo.

Pero observe la palabra "empezar.” Es diferente a legislar a corto plazo, como Obama dejó claro durante su conferencia de prensa la pasada semana. Decía todo lo adecuado en torno a la urgencia del cambio. “No podemos seguir con un sistema de inmigración averiado," defendía. “No es bueno para nadie.”

Pero su respuesta carecía de la urgencia feroz del momento. “Queremos impulsar este proceso," decía, y hablaba de la importancia de "fomentar la confianza.” Y después delegó la responsabilidad en el Congreso. “En última instancia,” decía, “no tengo control sobre el calendario legislativo.”

Hay gran fascinación con el papel del Jefe de Gabinete de la Casa Blanca Rahm Emanuel en la redacción de la respuesta de la administración. Como líder Demócrata de la Cámara, se mostraba decididamente cauto con la reforma de la inmigración (para consternación de las organizaciones de latinos), pero recientemente emergía como partidario de la acción -- con el tiempo.

Emanuel es sincero al decir que su punto de vista desde la Casa Blanca es diferente al punto de vista que tuvo que adoptar sobre los matices políticos del asunto como consejero de los Demócratas desde distritos electorales muy reñidos.

Aunque señalando que su propia trayectoria de voto estaba en sintonía con la reforma integral de la inmigración, Emanuel observaba durante una entrevista que muchos de sus colegas Demócratas electoralmente vulnerables llegaron representando a zonas en las que una postura así será impopular.

“Mi labor entonces consistió en darles el mejor consejo político que supe, teniendo en cuenta los distritos electorales a los que representan," decía. “Mi labor ahora consiste en considerar este asunto desde la perspectiva nacional y desde la perspectiva del presidente.” Y Emanuel estaba muy impresionado con la movilización política de los latinos en 2008.

Aún así Emanuel y Obama saben que la mayor parte de esos mismos Demócratas siguen representando escaños reñidos y siguen preocupados por la factura que pasará un voto a favor de la reforma de la inmigración. Ese es el motivo de que la administración haya adoptado una estrategia destinada a fomentar el consenso lentamente en lugar de avanzar de manera rápida.

Los Demócratas hispanos han enviado un mensaje contundente a los grupos de presión del asunto. Dicen que hasta que la reforma integral sea aprobada, ellos van a reservar sus votos para arreglos temporales encaminados a elevar los límites de la inmigración laboral que piden industrias concretas. Esperan presionar a las empresas para que presionen a los Republicanos para que hagan acopio de votos en el sentido de la reforma.

El éxito de los reformistas de la inmigración dependerá en última instancia de ganarse a aquellos en el punto medio y no de tratarlos ni como xenófobos ni como racistas.

El argumento central a favor de la reforma tiene que ser que la presencia de tantos ilegales sin ningún derecho vinculante socava los derechos de todos los demás. El verdadero mensaje que enviará tener una vía a la ciudadanía es que los residentes veteranos de nuestro país deben ser capaces de asumir sus responsabilidades como estadounidenses.

Desplazarnos en esa dirección no equivale a hacer favores a los ilegales. Tiene que ver con reforzar a la comunidad americana. Obama debe utilizar el tiempo que está ganando para defender ese argumento.

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Diario SIGLO XXI dispone de los derechos de publicación en exclusiva para medios digitales españoles de este y muchos otros columnistas del Washington Post Writers Group.

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