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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

El miedo escénico de Ana Pastor

Miguel Massanet
Miguel Massanet
sábado, 2 de mayo de 2009, 08:07 h (CET)
Hay cosas que, a un simple ciudadano de a pie, le resultan muy difíciles de poder asimilar y es que, por mucho que uno quiera buscarle una explicación a la postura de la diputada del PP, señora Ana Pastor ( antigua ministra de Sanidad en el gobierno del señor Aznar), resulta difícil de entender que, amparándose en el “ordenamiento jurídico de la Cámara”, votase, en su calidad de miembro del órgano de gobierno que es la Mesa del Congreso, una propuesta no de ley presentada por ICV para pedir al Congreso que se “repruebe”, a SS. El Papa, las palabras que pronunció en su periplo por África, dónde afirmó que el uso del preservativo “no era el único remedio para erradicar el SIDA”. Las excusas alegadas por Ana Pastor para justificar su voto a favor de que fuera aceptada esta propuesta de ICV para ser admitida a trámite; resultan, a mi entender, un galimatías apenas inteligible donde se mezclan presuntas obligaciones derivadas de jurisprudencia sobre los deberes de los miembros de la Mesa y presuntos compromisos entre los componentes de la misma, para aceptar toda propuesta que se les presente siempre que no sean contrarias a la ley o no se citen nombres particulares etc.

En primer lugar, aunque ignoro si la señora Pastor será o no católica, para cualquier persona medianamente ilustrada y con un elemental sentido común, resulta evidente que es algo que se sale de las funciones habituales del Congreso, el calificar y enjuiciar las palabras de un Jefe de Estado (el Papa lo es del Vaticano) de una nación amiga y que, además, con la que se mantienen relaciones diplomáticas. Por otra parte, el Papa no dijo nada que afectara a España y se limitó, haciendo uso de su libertad de expresión y como Jefe de toda la comunidad católica del Mundo, a exponer su punto de vista, sin condenar a nadie, respecto a que el preservativo no es la bicoca universal contra el Sida y que existen otros métodos, para los católicos, que reúnen las condiciones para servir de un antídoto igualmente efectivo. Pero coexisten otras razones para que, desde el punto de vista de la representación que ostenta la señora Pastor, como miembro del PP, que la obligaban a tener en cuenta a la gran masa de católicos que forman la base del partido y que han visto escandalizados como, en base a unos mecanismos reglamentarios, se ha permitido el paso de una propuesta cargada de todo el veneno laicista y todo el rencor y fobia de una izquierda anticlerical, sin que ni ella ni su compañera, Celia Villalobos, hicieran el menor gesto de rechazo para intentar evitarlo.

Me pregunto ¿si es cierto que debe permitirse el paso a todas las propuestas, sean cuales fueren, siempre que no sean ilegales, a qué viene que se haya establecido una votación entre los miembros de la Mesa? O ¿no sería más fácil que un grupo de técnicos especializados en el tema comprobaran, antes de admitir a trámite propuesta alguna, si reunía las características legales requeridas? Que yo sepa, la señora Pastor es médico no jurista y, es evidente, que en ocasiones, no parece que tenga las ideas demasiado claras respecto a cuales son sus obligaciones y sus opciones en los trabajos de la Mesa. Si existe la oportunidad de votar y no siendo preciso ser expertos en leyes para juzgar la procedencia o improcedencia de los documentos que deben pasar por la Mesa del Congreso; es obvio que los integrantes de la misma, como lo hicieron los señores Jorge Fernández e Ignacio Gil, sin necesidad de entrar a fondo de la propuesta, puedan, con toda lógica, votar en contra de su admisión, si es que ven indicios claros de que lo que se pretende es utilizar el Parlamento como plataforma de lanzamiento de una serie de infundíos y descalificaciones, encaminados a minar, ante la opinión pública, el prestigio y la credibilidad de la figura de SS el Papa.

Algunos renunciamos a seguir como militantes del PP precisamente porque, cuando el señor Rajoy utilizó su poder para desmontar la directiva y se valió del Congreso de Valencia para reafirmarse como presidente del partido; tuvimos la visión clara de que la democracia interna se había esfumado y que el señor Rajoy, como, más recientemente ha hecho el propio Zapatero, lo único que había perseguido era rodearse de personas, fieles a su persona, que lo mantuvieran en el poder, aunque, para ello, se tuviera que dar un giro de timón de 180º, defenestrado a valores tan sólidos como la señora María San Gil, o al señor Zaplana o al mismo señor Acebes, para sustituirlos por un grupo de marionetas que tenían por único objeto buscar el poder y acrecentar el partido para conseguir ganar las próximas elecciones, prescindiendo de algunos de los principios básicos que eran el verdadero santo y seña del Partido Popular y que representaban el pensamiento político y los ideales éticos y morales de una gran parte de las bases que lo sustentaban.

La señora Pastor y la señora Villalobos siguieron aferradas a sus puestos, sin que ninguna de ellas hiciera gesto alguno para evitar lo que se hizo con la antigua directiva y, tampoco, han hecho ascos a la nueva generación que los sustituyó que, por supuesto, tienen una forma de pensar y unos valores muy distintos respecto a puntos básicos como pudieran ser: el concepto de España, como una unidad intangible; las relaciones con los partidos separatistas; el mantenimiento del castellano como lengua respetada y usada, tanto en el ámbito vehicular como en la enseñanza; al aborto o a los matrimonios homosexuales que, por supuesto, difieren ,diametralmente, de lo que una gran parte de los antiguos afiliados de la formación popular puede aceptar en conciencia ni admitir como postulados con los que hay que transigir sólo para que, el PP, pueda conseguir más adictos y ello lo pudiera llevar al poder. Me temo que los primeros resultados de esta nueva deriva que el señor Rajoy ha fijado, como norte de su nueva concepción de lo que ha de ser un partido de “centro” y “reformista”, no ha tenido el éxito esperado y es muy probable que deba pagar un fuerte peaje por despojarlo de algunos de los puntales básicos en los que se asentaba la formación presidida por el señor Aznar.

En fin, ahora, tarde y a destiempo, el señor Rajoy quiere sacar provecho de la declarada incompetencia e ineficacia de su oponente político, el señor Zapatero, pero es evidente que se le “ha pasado el arroz”, como coloquialmente se dice y la ventaja que hubiera podido conseguir, tras cinco años de errores continuados, de engaños y mentiras, de fracasos sonados y de incompetencia del PSOE; no aparece por ninguna parte. El señor ZP ha conseguido mantenerse en el candelero a pesar de haber logrado la “proeza” de transformar la España que recibió en el 2004 en algo amorfo e irreconocible que más se parece al informe retrato de Dorian Grey que a aquel país luminoso, boyante y reconocido internacionalmente como uno de los motores de la Europa comunitaria que recibió. La historia es posible que se lo demande, señor Rajoy.

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