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Etiquetas:   Opiniones de un paisano  

Del apoyo mediático a Rosa Aguilar

Mario López
Mario López
sábado, 2 de mayo de 2009, 08:05 h (CET)
Existe una complicidad manifiesta entre determinados grupos mediáticos y ciertos personajes públicos que en ocasiones hace pensar que muchas actuaciones de los segundos no llegarían a producirse sin el concurso de los primeros. Un ejemplo paradigmático de esto que acabo de afirmar es la ofensiva mediática realizada por el diario El País para justificar y apoyar la deserción de Rosa Aguilar en sus responsabilidades como alcaldesa de Córdoba. Anteayer, Javier Pradera publicó un artículo en el que distingue entre dos conceptos: transfuguismo y movilidad política.

En opinión del veterano periodista, la actuación de Rosa Aguilar pertenece a la legítima y honorable movilidad política que es consecuencia de una natural evolución ideológica. La reacción “particularmente áspera y desabrida”, según él, producida entre la militancia de izquierdas contiene, también según él, “un trasfondo de intolerancia religiosa que suele manifestarse en las críticas lanzadas contra los disidentes, acusados siempre de motivaciones innobles –oportunismo, ambición, deslealtad, corrupción- cuando se van de casa”. Hoy, el diario El País publica una entrevista a Rosa Aguilar dedicada exclusivamente a este asunto. Una de las cosas que dice doña Rosa es que piensa pedir perdón a Felipe González por haberle relacionado con el GAL. Pues ya ha llovido desde aquello. Pero se ve que hasta hoy la mujer no ha tenido ocasión, o necesidad, de disculparse. Desde mi modesto punto de vista, la necesidad de disculparse no debe responder nunca a motivos prácticos sino siempre a urgencias éticas. Y si la disculpa no se ofrece en el momento oportuno, no es una disculpa sino, más bien, un brindis al sol. Pero bueno, cada uno que se lo tome como quiera. Ahora, que Javier Pradera nos acuse a los miembros o simpatizantes de IU de ser ásperos y desabridos, y de practicar una intolerancia religiosa, única y exclusivamente porque hemos criticado la manera en que se ha llevado a cabo lo que, a nuestro parecer, es una deserción en toda regla, no se lo voy a tolerar ni a él ni a nadie. Que Rosa Aguilar, después de treinta años y súbitamente acabe por ver negro lo que hasta hace un rato le parecía verde, me parece muy respetable. Pero Rosa Aguilar ha vendido a la ciudadanía cordobesa por una Consejería de Obras Públicas o, si se prefiere, su primogenitura política por un montón de cemento. Si Rosa Aguilar hubiera aceptado el cargo de consejera después de concluir su mandato como alcaldesa, nadie podría reprochárselo. El hecho cierto es que es más fácil que te llamen para formar parte de un gobierno siendo alcaldesa que estando en el paro. Esa es la cuestión y no otra. Y, el cargo de alcaldesa es un contrato que Rosa Aguilar firmó con la ciudadanía cordobesa por un periodo de cuatro años. Nada, al margen de la muerte o enfermedad o cualquier otra razón de causa mayor, nos debería librar de cumplir nuestros contratos. Es la asunción de responsabilidades condición necesaria, aunque no suficiente, para demandar la confianza de los ciudadanos en el sistema democrático. A Rosa Aguilar no se la critica por “irse de casa”, como afirma Javier Pradera, sino por abandonar sus responsabilidades como alcaldesa, utilizando este cargo para catapultarse a un puesto en el gobierno de la Junta de Andalucía. Y no se trata de averiguar qué cargo ofrece mayores contraprestaciones económicas o políticas, sino de valorar hasta qué punto se pone en valor la oportunidad para garantizarse un futuro halagüeño, aún en meoscabo del bien general. El Ayuntamiento de Córdoba, señor Pradera, no es la casa de IU. El Ayuntamiento de Córdoba, señora Aguilar, es la casa de todos los cordobeses.

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