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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

Raola y M.Klein, cada loca con su tema

Miguel Massanet
Miguel Massanet
viernes, 1 de mayo de 2009, 08:59 h (CET)
F. Rojas Zorrilla escribió estos versos: “Damas mías, escuchad / damas de otros, advertid: / cuando seáis yunques sufrid / cuando fuereis mazos, dad”, y a mi se me antoja que, si bien, las hijas de la costilla de Adán fueron, durante siglos, yunques, es evidente que, hace ya una pila de años, muchísimos para los sufridos especimenes del sexo masculino, que las representantes del, mal calificado, sexo débil, han entrado en la fase de metamorfosearse en vigorosos “mazos” y, con verdadero e inhumano afán revanchista, se han aplicado en repartir mamporros con rara eficacia, hasta conseguir poner a la defensiva a quienes, en otras épocas de la historia, las consideraban como seres frágiles, sensibles, románticos, y, en definitiva, unos dechados de virtudes, físicas y espirituales, que las transfiguraban en verdaderos objetos de culto para los varones, que se ufanaban en exhibirlas, ante sus amistades, como preciadas y delicadas muestras de la liviandad femenina.

Cualquiera que, hoy en día, intente imaginarse a una de nuestras mujeres como indefensa y frágil, es que merece que le lleven al psicólogo para que le hagan un escaner de su cerebro. Aún así, a algunos todavía nos cuesta llegar a entender determinados comportamientos de las féminas, quizá porque ya estemos pasados de moda o debido, puede, a que tengamos un concepto muy arcaico y no acabemos de asimilar correctamente este eterno femenino capaz de cosas muy grandes pero, a la vez, de incurrir en contradicciones debidas a algunas fijaciones de las que no han logrado desprenderse, a pesar de que han logrado la derrota aplastante de sus eternos “enemigos”, los hombres. Así, cuando veo a esta agradable señora, doña Pilar Raola – no puedo negar tener una gran simpatía por ella –, antigua y feroz militante de ERC, posteriormente integrada, como habitual tertuliante, en las televisiones y radios catalanas, con incursiones esporádicas a territorio nacional; como defiende, con tanto acaloramiento y fogosidad, a sus congéneres las mujeres, atropellando a quienes pretenden rebatirle los argumentos y fulminando, con los rayos ardientes de su mirada, a quienes osan contradecirla, me quedo estupefacto. No puedo menos de preguntarme si es que no le ha dado tiempo a meditar bien sobre lo que dice. Y lo digo porque, con motivo de la visita del señor Sarkozy y su esposa a España, nuestra amiga, la señora Raola ( por cierto, escribe buenos artículos en La Vanguardia) se ha rasgado, literalmente, las vestiduras, criticando, ante quien la haya querido escuchar, el hecho de que ni a Carla Bruni ni ha la Princesa Leticia, se les haya preguntado sobre sus opiniones respecto a temas que ella supone que están enteradas – nuestra amiga sostiene que ambas son “inmensamente” más inteligentes que sus respectivos maridos –. Para ella, el haberlas condenado a la mudez, es la suma expresión del sistema machista.

Bien, debo decir que, al parecer, entre los hombres que forman parte de estas tertulias, no ha habido ninguno que se le haya ocurrido decirle algo, tan sencillo e inteligible, como es hacerle observar, a tan ardorosa feminista, que ninguna de dichas respetables damas ha sido elegida democráticamente para el puesto que ocupa, algo que sí le ha ocurrido al señor Sarkozy. Y, si nos queremos referir a la princesa Leticia, es posible que la señora Raola, furibunda detractora de la monarquía (algo que yo también puedo compartir, en parte), todavía no sepa que: el papel de esta institución en nuestro país es, simplemente, de cohesión, de símbolo de la unidad nacional y, ni a SM el Rey ni a la Reina ni al Príncipe ni a ninguna de las infantas, les está permitido salirse del papel que tienen asignado, cuanto más a la princesa consorte. Debo suponer que, cuando doña Leticia renunció a su vida como ciudadana de a pie, para entrar en la realeza se le debió explicar, con pelos y señales, todo lo que, por otra parte, es vox pópuli. Por consiguiente, ambas señoras han cumplido perfectamente con representar su papel como acompañantes de sus maridos porque, en una visita oficial a España, como ha sido la del señor Sarkozy y su esposa, los verdaderos anfitriones han sido el Rey y la Reina, siempre de acuerdo con las directrices del presidente del Gobierno, mal que me pese, el señor Zapatero – también elegido en las urnas – y, si bien, en el aspecto intrascendente y frívolo, como es el de la moda y el morbo de contemplar la posible rivalidad en el vestir de ambas damas; tanto en las revistas del corazón como los otros rotativos, se ha hecho amplio eco; lo que ellas pensaran o dejaran de pensar, dentro de una democracia, no interesaba a ningún español, debido a que, ninguna de ellas, tenía la representación legítima de haber sido elegidas por el pueblo.

Por otra parte, no quiero dejar de comentar como algunas mujeres quieren jugar, a la vez, al feminismo y al negocio de exhibir su cuerpo. Es evidente que dentro del feminismo se considera algo vejatorio para toda mujer el hacer uso del cuerpo femenino para atraer la atención del sexo contrario. No aceptan las mujeres objeto y tampoco la prostitución por considerar denigrante que una mujer, a la que se le supone una inteligencia superior a la de los hombres, se rebaje a explotar sus atributos físicos identificativos del sexo femenino, para ganarse la vida a costa de hacer babear a sus oponentes los hombres. Pues vean ustedes, una articulista del periódico catalán, La Vanguardia, la señora Martina Klein, que escribe sobre temas varios y que se supone que se puede ganar la vida haciendo uso de su capacidad como escritora; al parecer y vayan ustedes a saber por qué rara perífrasis mental, puede que por un ramalazo derivado de su profesión de modelo; no ha tenido empacho alguno en prestarse a un reportaje fotográfico en paños menores, en posturas sensuales y buscando encandilar a los hombres despertando en ellos el demonio de la lujuria que todos llevamos escondido en alguna parte de nuestro ser.

Francamente, no consigo encontrar el nexo lógico para que una señora, una joven independiente, con un cerebro bien amueblado, llegue a pensar que va a conseguir mejorar la estimación que se le pudiera tener por sus escritos, mediante una exhibición de muslos, redondeces, complementos excitantes y miradas provocativas que, si bien podrían ser algo corriente en otro tipo de revistas, dedicadas a tales tipos de reportajes, no le encuentro el sentido de que, precisamente en el mismo periódico en el que edita sus artículos, se haya prestado a esta muestra de exhibicionismo que, por otra parte, es de una frivolidad que poco tiene que ver con lo que se nos vende desde el feminismo militante, como lo que debería ser una mujer que se quiere equiparar con el hombre y que, por tanto, no debe utilizar “sus armas de mujer” como un medio para poder prosperar, como sucedería si el mundo continuara siendo de los varones. No, señora Martina Klein, no estoy de acuerdo con su método de escalar los peldaños de la fama, porque usted, por mucho que lo intente ocultar, está jugando con dos barajas y, esto, ¡es hacer trampa!

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