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Etiquetas:   Algo más que palabras   -   Sección:   Opinión

Analgésico para recuperarnos

Víctor Corcoba
Víctor Corcoba
jueves, 30 de abril de 2009, 07:20 h (CET)
En España hacen falta políticas de Estado y pactos de gobierno. El bosque suele tardar varios lustros en recuperarse del incendio. La quema de ilusiones, la preocupación por quedarse en paro y entrar a formar parte de la legión de desempleados, precisa de un analgésico como Fuenteovejuna, de todos a una, máxime partiendo de la tesis del economista y escritor Fernando Trías de Bes, flamante premio de ensayo de divulgación que concede la editorial Temas de Hoy, sosteniendo que todos somos responsables de la crisis, desde los bancos y las finanzas, desde los dirigentes políticos a los propios ciudadanos que se han dejado llevar por el cuento de la lechera y se endeudaron hasta los dientes para saciar la fiebre del consumo.

Pactos de gobierno y políticas de Estado para recuperarnos del desmayo de la crisis. Quizás tengamos primero que recuperar la razón. Fuertes razones hacen fuertes acciones. La verdad que necesitamos entrar en acción para mantener y crear empleo. Menos mal que la recuperación también es el objetivo del presupuesto de la Unión Europea para 2010. Falta hace que nos echen un capote. La recesión española se sigue agravando, mientras los hogares, aquellos que pueden, suman sus ahorros y los ponen a buen recaudo. Con la inversión a la baja y con una Universidad suspensa en investigación poco podemos avanzar. Ninguno de los centros universitarios de España se encuentra entre los cien primeros del mundo, según un ranking elaborado por la empresa española Scimago que recoge el periódico semanal Magisterio.

Si un loco enamorado- dijo el visionario Goethe- es capaz de hacer fuegos artificiales con el sol, la luna y las estrellas, para recuperar a su amada; un pueblo unido, un mundo globalizado por el corazón, debe también estar capacitado para entenderse y poder asegurar la protección social de su ciudadanía, para reactivar la economía, lo que exige un profundo sentido ético. Tal vez antes, los corruptos, deban devolver con intereses lo que no era suyo. La corrupción, que tanto practica el amiguismo, tiene un enorme costo y hace que las sociedades sean menos justas y más cerradas. Si los políticos no pelean para acabar con la corrupción y la podredumbre, difícilmente podremos salir de la peor crisis, la moral, y es más acabaremos todos formando parte de ella. No habrá economía que nos sostenga. Y, ¡ojo a este pensamiento del economista francés Étienne Bonnot de Condillac!: “en tiempos de corrupción es cuando más leyes se dan”. Moraleja: Por muchos códigos de buen gobierno, la cartera de los dirigentes debe ser de cristal. Todavía no lo es.

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