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Opinión
Etiquetas:   Carta al director  

Yo sé dónde está Marta Del Castillo...

José Luis Palomera
Redacción
miércoles, 29 de abril de 2009, 14:46 h (CET)
... Y lo sé, no crean que miento. El paradero de Marta Del Castillo no se encuentra precisamente en las funestas normas del derecho, ni en la quimérica ley que los humanos vivos hacen para los humanos muertos, la cual otorga opíparos derechos a los infames asesinos y otros depredadores de vidas humanas.

Las víctimas no hablan, no cuentan, únicamente restan de los vivos. Las víctimas no tienen capacidad para exponer sus razones, dudas o derechos. Las victimas lógicamente están muertas, tristemente muertas.

Sus derechos individuales -engendros de la democracia- ahora se hallan en las mercantes manos del tricéfalo poder público.

El único derecho democrático que obtienen las víctimas es sufrir su muerte en manos de asesinos que posteriormente adquieren todas las bondades de las leyes vivas. La sociedad actual recompensa las muertes, eso sí, de otros, con lucrativos beneficios...

Los derechos, todos los derechos, manutención gratis incluida, son para los asesinos mientras que sus víctimas apenas merecen unas “paladas de tierra encima” como todo premio al esmero con que respetaron las vidas de los demás. En el caso de Marta Del Castillo, ni tan siquiera unas tristes paladas de tierra para cubrir su inocente cuerpo.

Lo he repetido hasta la saciedad, la filosofía de derecho universal, ya sea en la Tierra o en cualquier lugar de infinito Cosmos, dice: Que todo derecho se obtiene en derecho, jamás por “derecho”. Quien asesina a conciencia de que asesina, asesina su propio derecho.

La Humanidad está obligada a respetar sus vidas como principio fundamental, pero no ha de consentir sus chulerías, sus mentiras, sus vanidades y vicios, si lo hace, como actualmente se hace, el derecho correspondiente a la víctima se le suma a su verdugo detrayéndole de la propia sociedad.

Yo sé dónde está Marta... Dos horas apenas me bastarían, dos horas, para saber dónde en verdad se encuentra, sin asesinar a nadie ni tortura alguna , únicamente haciendo uso de las mismas “legalidades” que sus asesinos usaron con ella estando viva... Dos horas simplemente.

Que unos jóvenes medio analfabetos ostenten facultad y derecho de burlarse de millones de personas que cada día derraman su sangre para alimento de los derechos de sus asesinos, dice bien a las claras la incompetencia mental que el ser humano vivo tiene para el ser humano muerto.

Desgraciadamente, la Humanidad únicamente la componen los vivos sus ficticios dioses y sus propios demonios.

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