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Etiquetas:   The Washington Post Writers Group   -   Sección:   Opinión

El oxímoron definitivo

Ruth Marcus
Ruth Marcus
miércoles, 29 de abril de 2009, 07:05 h (CET)
Escribo la columna del Día de la Madre con antelación este año -- y no exactamente la que yo tenía en mente.

La columna que planeaba empezaba: ¿Por qué este Día de la Madre es diferente a todos los demás Días de la Madre? Respuesta: Porque este Día de la Madre, hay muchas más madres en la Casa Blanca -- y madres con hijos jóvenes -- que nunca.

Esto sigue siendo cierto. La jefe del gabinete en funciones, Mona Sutphen, tiene un hijo de cuatro años y medio y uno de casi dos. Marne Levine, jefa del gabinete del director del Consejo Económico Nacional Larry Summers tiene un hijo de tres años y medio y otro de siete meses. La zarina de la sanidad, Nancy-Ann Min DeParle, tiene dos hijos, de ocho y nueve años.

La secretario del gabinete, Lisa Brown, tiene uno de seis años. Jackie Norris, jefa de gabinete de Michelle Obama, tiene gemelos de cinco años y un hijo de tres. La asesora de política nacional del Vicepresidente Biden, Terrell McSweeny, tiene un hijo de 14 meses; la consejero de Biden, Cynthia Hogan, que vuelve a trabajar tras una docena de años, tiene hijos de 12 y nueve años.

Esto supone un enorme cambio con respecto a las Casas Blancas anteriores, Republicana y Demócrata. Dos teorías pueden explicarlo:

En primer lugar, en lo que respecta a las madres con hijos jóvenes, un cambio generacional. Los maridos de treinta y tantos años pueden estar más dispuestos a ceder de vez en cuando o incluso a solicitar bajas por paternidad que sus homólogos de cuarenta y 50 y tantos. Las madres de 30 y pico años tienen más experiencia creciendo con madres trabajadoras que las mujeres de la generación anterior; se pueden sentir más libres del impulso "no sé cómo lo hace" de intentar abarcarlo todo.

En segundo, el lugar de trabajo -- hasta el entorno laboral de la Casa Blanca, en la medida que se puede -- se está volviendo más flexible. Los padres -- hasta los padres de la Casa Blanca -- están más implicados que antes, y más familiarizados, gracias a sus propias esposas trabajadoras, en los juegos malabares que entraña el puesto de padre.

Cuando el presidente y la primera dama descubrieron que no había suficientes ordenadores en la Casa Blanca para trabajar, compraron más por su cuenta para que el personal no tuviera que arreglárselas. El jefe de gabinete Rahm Emanuel se ha hecho famoso por poner fin a las reuniones de personal con antelación para revisar los deberes de sus hijos (de 12,10 y ocho años) antes de irse a la escuela. El secretario de prensa Robert Gibbs ha hablado desde la palestra de poner sándwiches de mantequilla de cacahuete a su hijo, que tiene casi seis años.

Hogan, la consejero de Biden, trabaja a media jornada -- un concepto infrecuente teniendo en cuenta la jornada laboral de la Casa Blanca, pero un concepto que le permite ausentarse por las tardes, cenar con la familia, y después trabajar, la mayor parte de las noches, desde casa.

"Eso significa en ocasiones que descolgará el teléfono y querrá hablar conmigo pero no voy a estar ahí y le parece bien," dice Hogan del vicepresidente, que conoce las presiones de ser un progenitor de trabajo exigente.

Lo que mandó a pique mis planes de una columna de color de rosa -- y me movió a redactarla ahora -- fue el anuncio difundido la semana pasada de que la directora de comunicaciones de la Casa Blanca Ellen Moran abandona su puesto para convertirse en la jefa del gabinete del Secretario de Comercio Gary Locke. No es precisamente un trabajo temporal, pero es menos intenso que la locura permanente del Ala Oeste.

Moran, cuya madre se había mudado a Washington para ayudar con sus hijos, de casi dos y cuatro años, decía que se marchaba para ocupar un puesto que "me parece perfecto, profesional y personalmente.”

Traducción: no habiendo formado parte de la campaña Obama, las estaba pasando canutas para infiltrarse en el estrecho círculo masculino que ocupa el Ala Oeste, lo cual estaba haciendo mucho más difícil pasar días enteros sin ver a sus hijos.

La marcha de Moran subraya el hecho inmutable de que una Casa Blanca con política de conciliación de la vida familiar, sin importar lo buenas que sean sus intenciones, es el oxímoron definitivo. Como ha dicho Emanuel, "la única familia para la que vamos a estar es la primera familia.”

Gibbs, explicando la salida de Moran, se lamentaba de que "Yo vi a mi hijo la pasada noche cuando se levantó a las once y media en busca de más leche. Ese fue el único momento que le vi ayer.”

Pero la verdad es que estas tensiones tienden a pasar una mayor factura a las mujeres que a los hombres -- y que la proliferación de madres en la Casa Blanca sigue siendo un experimento de resultados inciertos.

"Estamos tan al principio que es difícil saber cuánto tiempo vamos a durar haciendo esto," me decía Brown, la jefa de personal. Los Obama "quieren que funcione. Nosotras queremos que funcione. Pero es duro.”

Hablamos pasadas las nueve de la noche, una vez había metido a su hijo en la cama, y antes de sentarse, por fin, a cenar.

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Diario SIGLO XXI dispone de los derechos de publicación en exclusiva para medios digitales españoles de este y muchos otros columnistas del Washington Post Writers Group.

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