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Etiquetas:   The Washington Post Writers Group   -   Sección:   Opinión

Obama debería rechazar la invitación de "nuestra señora"

Kathleen Parker
Kathleen Parker
miércoles, 29 de abril de 2009, 05:23 h (CET)
Aquí en el planeta del "qué hay de lo mío," la gente de principios es tan infrecuente como para ser auténticas rarezas. Por este motivo, fue un momento alucinante cuando el lunes la ex embajadora estadounidense ante el Vaticano Mary Ann Glendon rechazaba la Medalla Laetare de la Universidad de Notre Dame.

Glendon -- profesora de Derecho de la Universidad de Harvard y respetada autora de obras sobre bioética y derechos humanos -- rechazaba el honor en parte porque Barack Obama fue invitado a dar el discurso ceremonial y a recibir un título honorario.

En una carta publicada el 27 abril y dirigida al presidente de Notre Dame, el Reverendo John I. Jenkins, Glendon escribe acerca de su decepción porque Obama reciba el título con independencia de la postura de los obispos estadounidenses en torno a que las instituciones católicas "no deben reconocer a aquellos que actúan en desafío a nuestros principios morales más fundamentales.”

Pero la razón de mayor peso parece haber sido la impresión por parte de Glendon de estar siendo utilizada para desviar críticas. En palabras de un amigo común, "el Padre Jenkins pensó poder utilizar a Mary Ann Glendon igual que una hoja de parra.”

En su carta, Glendon cita "los eslóganes" difundidos por la administración de Notre Dame tras las críticas de las que había sido objeto por la decisión de reconocer a Obama, incluyendo que:

(1) “El Presidente Obama no será el único en hablar. Mary Ann Glendon, ex representante estadounidense ante el Vaticano, hablará en calidad de receptora de la Medalla Laetare.”

(2) “Pensamos que hacer que el Presidente venga a Notre Dame, vea a nuestros licenciados, conozca a nuestros líderes y escuche hablar a Mary Ann Glendon es algo bueno para el presidente y para las causas que nos preocupan.”

Glendon, que no se ha caído de un guindo, decidía no poder aceptar el galardón.

Para los que no son católicos, el acto de Glendon puede aparentar carecer de cualquier importancia, otra pelea más en el seno de la Iglesia. El aborto, después de todo, es un asunto regulado por ley y Obama es el presidente electo. Claramente, el pueblo estadounidense ha pasado página.

¿O no? ¿Y debería? ¿Ha habido realmente algún momento en el que sentirnos cómodos con la justificación del aborto? Siempre me ha parecido que la forma más real del feminismo, como los primeros días del sufragio femenino, sería detener por aberrante la destrucción aprobada por el estado del regalo creador de vida único de la mujer. Por conveniencia material, de alguna manera hemos logrado convencernos de que la vida es un error.

Mientras que se puede preferir preservar la legalidad de la decisión individual (mi propia postura reticente, si bien marchita), consuela no obstante que todavía haya quien defienda implacablemente la santidad de la vida. Las alternativas, después de todo, no son tan confortables.

Con cada vez mayor frecuencia, sin embargo, ni siquiera se puede confiar en que las instituciones católicas respeten la línea entre humanidad y materialismo. Otro receptor de la medalla Laetare, el novelista y facultativo Walker Percy, decía a los licenciados de la promoción de 1989:

"Es un desastre cuando prevalece sólo un tipo de verdad a expensas la otra. Si prevalece sólo una clase de verdad -- la verdad abstracta y técnica de la ciencia -- entonces nada se interpone en el camino a la degradación y la destrucción de la vida humana en aras de lo que parecen ser objetivos razonables a corto plazo.

“No es por accidente, creo yo, que la ciencia germana, tan grande como fue, terminara en la destrucción de un Holocausto. Al novelista le gusta irritar a la audiencia señalando esto.”

No es necesario ser un activista antiabortista comprometido para entender la consternación que ha despertado la invitación a Obama. Él es más radical que todos los presidentes anteriores en el asunto del aborto, con su generosidad con los fondos federales para el aborto y la investigación con células madre embrionarias, así como sus promesas de campaña en torno a aprobar la Ley de Libertad de Elección.

En su defensa hay que decir que Obama ha dejado intactas parte de las restricciones de la era Bush a la investigación embrionaria con células madre. Bajo las nuevas directrices, la financiación federal se puede utilizar para la investigación utilizando sólo los embriones sobrantes de las clínicas de fertilidad, no las células de embriones creados exclusivamente para investigación.

No obstante, su postura con el aborto entra en conflicto frontal con las enseñanzas católicas. Y ningún lugar simboliza a los católicos de América como la Universidad de Notre Dame.

Ofrecer este contexto e imponer la enseña del centro a Obama constituye un gesto y un guiño de aprobación al aborto. ¿Por qué no celebrar una barbacoa de cerdo en La Meca? Esa es la idea de Glendon. Por su gesto simbólico de autonegación, ella evidencia que la fe es un acto, no un eslogan.

Obama podría considerar seguir el ejemplo de Glendon. Aunque él es partidario del aborto, el Presidente también reconoce la complejidad moral de esas decisiones. Por respeto a los católicos contrarios al aborto y su querida institución, debería rechazar cortésmente la invitación.

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Diario SIGLO XXI dispone de los derechos de publicación en exclusiva para medios digitales españoles de este y muchos otros columnistas del Washington Post Writers Group.

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