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Opinión
Etiquetas:   Carta al director  

El aborto y sus secuelas

Clemente Ferrer (Madrid)
Redacción
martes, 28 de abril de 2009, 05:55 h (CET)
En el año 2007, la actriz británica Emma Beck de 30 años, abortó. Se ahorcó, aliviándose al dejar a sus parientes una patética carta: “La vida es un infierno para mí, yo nunca debería haber abortado, habría sido una buena madre. Quiero estar con mi bebé, necesita de mí, más que nadie”.

El catedrático de Medicina Interna, Manuel Pérez Miranda (*), ha afirmado que el 70% de las mujeres que abortan padecen el síndrome post aborto, que afecta a gran parte de la población femenina española. Sufren depresión, ansiedad y trastornos de pánico. Llegan al maltrato infantil y tienen el riesgo de morir por suicidio. También, afirma el profesor Pérez Miranda, el 90% de las jóvenes que abortan suelen tener, además, secuelas como el; desinterés, frigidez, anorexia y bulimia, disfunciones sexuales e incapacidad de concentración.

En nuestro país son más de 800.000 las jóvenes que han abortado desde que se despenalizó el aborto en 1985, y casi todas ellas, están penando lo que se denomina como "Síndrome Post-aborto". Así lo prueba la institución abortista más significativa del universo, la Federación Internacional de Planificación Familiar.

Por otra parte, el Gobierno de Finlandia desveló tener siete veces más suicidios entre jóvenes que habían abortado, de acuerdo con un informe de 1997, sobre una muestra entre 9.129 mujeres, un estudio estremecedor y trágico. A las conjeturas del mundo, no les pasa nada, aparentemente, a las jóvenes que abortan porque es legal, sin embargo se vuelven dementes; el 64% de ellas ingresan en sanatorios psiquiátricos después del aborto, según una investigación de la Universidad de Baltimore, USA y el 59% sufren trastornos psiquiátricos graves y permanentes, tras el aborto", según la Real Academia de Obstetricia de Inglaterra.

Las mujeres que abortan, miran con indiferencia la muerte de sus propios hijos. Vivimos en una cultura de la muerte, que nos rodea con un egoísmo feroz y ningún respeto por la vida humana de un ser nonato, inocente e indefenso.

Relato un testimonio dramático, provocado por un aborto inducido.

“Tengo 31 años y hace uno que asesiné a mi hijo en un chiringuito abortista. Mi historia es dolorosa. Después de abortar sentí que aquello era mi muerte, estando viva. Perdí quince kilos, empecé a beber, consumir drogas y todos los días lloraba por la muerte de mi hijo. Ahora tomo antidepresivos y estoy acudiendo a unas sesiones de atención psicológica de una ONG. Si no fuera por su ayuda me habría quitado la vida, que se acabo el día que mate a mi hijo. El aborto me destrozó la vida”.

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CLEMENTE FERRER ROSELLÓ. Presidente del Instituto Europeo de Marketing, Comunicación y Publicidad. Madrid.

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