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Etiquetas:   La linterna de diógenes   -   Sección:   Opinión

Esos "pepes" tan populares

Luis del Palacio
Luis del Palacio
martes, 28 de abril de 2009, 05:31 h (CET)
No recuerdo si fue Julián Marías en una conferencia celebrada a finales de los ochenta en la sede del Instituto Internacional, dentro de los míticos cursos Politeia, que reunían a personajes como el propio Marías, Caro Baroja, José Luis Sanpedro, Carmen Conde y un nutrido grupo de intelectuales, ya casi todos desaparecidos, quien pronunció una frase, algo lapidaria aunque no por ello menos cierta, que se grabó en mi todavía entonces tierno cerebro: “España adquirirá el lugar que le corresponde en lo intelectual, en lo social, en la propia historia, cuando hayamos superado eso que llamamos “picaresca”; que no es sino una manera genérica y amable de referirse a algo que, en roman paladino, no es otra cosa que la sinvergonzonería”.

La frase es, sin duda, apócrifa pero ilustra un sentimiento que imbuyó a casi dos generaciones de españoles: de Francisco Giner de los Rios, Ortega, Unamuno y Maeztu a Julián Marías, Ferrater Mora y Savater, pasando por Marañón, Zubiri, Julián Besteiro y, como suele decirse, un largo etcétera. Todos ellos ansiaban lo que se llamó “la regeneración de España”. Una regeneración que debía empezar por la escuela primaria, que es donde se forma gran parte de nuestra actitud ética.

La Institución Libre de Enseñanza –de la que nació el Instituto Escuela y, posteriormente, el Colegio Estudio- encarnó este ideal, que comenzaba a plasmarse en algo tan poco espectacular como enseñar a un niño a guardar una cola, tener respeto a los profesores, dar las gracias, pedir las cosas por favor, no hablar a voces, y tratar de ayudar al prójimo antes que aprovecharse de él. Una auténtica “educación para la ciudadanía”, que no tenía necesidad de convertirse en una asignatura porque impregnaba a todas ellas, trascendiéndolas.

El fracaso de los ideales del krausismo crea cierta nostalgia entre algunos de quienes nos formamos en aquel colegio, heredero directo de la Institución Libre de Enseñanza. Y, sin embargo, como suele suceder en cualquier empresa humana, no ha sido oro todo lo que relucía, y algunos de aquellos alumnos adquirieron un cierto relumbrón, aunque carecieron de luz propia. Es el caso, por ejemplo, de la que es ya hoy ex ministra de Educación, Mercedes Cabrera.

En el otro platillo de la balanza podrían incluirse nombres muy conocidos, como el del fotógrafo Alberto García Alix y el del novelista Javier Marías, que honran con sus obras ese espíritu ilustrado, respetuoso y libre. Otros merecen un piadoso olvido.

Y es que el mundo es “ansí” (Pío Baroja); y, como decía un sabio paisano de Cuenca, “desde los tiempos de Adán, unos amasan la harina y otros se comen el pan” (Y quienes se lo comen, claro, bien horneado, no son quienes más lo merecen, sino los “listos” que se las ingenian para afanarlo)

He aquí “la picaresca”; eso que por esta parte del mundo admiramos tanto.

El Dioni, Roldán, Julián Muñoz, Correa… y ahora, Pepe, “el del Popular”. Todos ellos son, junto con algunos futbolistas, algunos toreros, Penélope Cruz, Pilar Bardem, Farruquito, Melendi etc., los héroes de esta marchita corrala. Dan ruedas de prensa; cobran de las televisiones para explicarnos cómo dieron el golpe. Se ríen en nuestras napias y nosotros jaleamos sus fechorías (y no me refiero, por supuesto, a los artistas, sino a “los otros”)

Pepe “el del Popular”, volverá en loor de multitud a la cada vez más desmochada Cantabria y, a lo mejor, se toma unos buenos percebes con “el bigotes” (omito el nombre): los negocios son los negocios… “y a ti te encontré en la calle un día que llovía”.

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