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La puntilla ¡4.000.000 de parados!

Miguel Massanet
Miguel Massanet
martes, 28 de abril de 2009, 05:29 h (CET)
Es demostrativo de la veleidad humana la forma en la que, en ocasiones, los amores más encendidos, las pasiones más violentas y los juramentos de fidelidad eterna pueden quedar reducidos a rescoldos y cenizas, solamente en unos pocos minutos, los suficientes para que se pueda comprobar que todas aquellas muestras tan ostentosas no eran más que castillos de fuegos artificiales, fruto de un momento de exaltación efímero. Bien, señores, pues creo que ha llegado el momento para que les recordemos a aquellos que, con tanto entusiasmo, defendieron la llegada del PSOE al poder, los que con sus votos premiaron a las huestes del señor Rubalcaba y de un ignoto Zapatero, por su labor de demolición del PP mediante el uso de algaradas públicas, acusaciones torticeras y calumnias interesadas, que los llevaron al poder y, con ello, al gobierno de nuestra nación. Siempre he tenido el convencimiento de que sería muy difícil descabalgar a un PSOE, maestro en la estrategia de arrastrar a las masas, perito en publicitarse y vender al pueblo aquellas ideas que más se amoldan a su especial idiosincrasia y verdadero experto en atribuir a sus adversarios políticos la responsabilidades de aquellos hechos que, de alguna manera, pudieran redundar en su contra. ¡Si señores, algo muy difícil!

Es por esta misma razón que, ahora, cuando España ha entrado en una fase de descomposición económica que pone en peligro todo su entramado industrial y financiero; cuando el fruto de años de enfrentamiento con la moral, la religión, la ética y las buenas costumbres, han conseguido que la sociedad haya aceptado una transformación radical en la que, por increíble que pueda parecer, se han introducido, en nombre de las libertades, de la independencia individual , del relativismo moral y de la liberación de la conciencia, unos nuevos parámetros materialistas dentro de los cuales se han aceptado, desde los matrimonios de los homosexuales, el aborto libre, la eutanasia, la persecución de la religión católica y la eliminación de las trabas en las prácticas sexuales; como forma de dar suelta a todo tipo de aberraciones y actos antinaturales, basados, todos ellos, en el famoso lema de los epicúreos con el que justificaban sus vicios: “ comamos y bebamos que mañana moriremos”

Hemos entrado, no obstante, en una nueva dinámica sobre la que el socialismo que nos gobierna tiene poco que hacer, como no sea intentar confundir a la gente, engañar a los ciudadanos y procurar darle largas a los españoles para mantenerles la esperanza de que la crisis será pasajera, que ya está evolucionando la economía y que, el trago que estamos pasando, será sólo cosa de unos pocos meses. Así lo ha querido dar a entender la señora Elena Salgado cuando, agobiada por las malas noticias que se le van acumulando en su departamento, después de haber admitido las serias dificultades que nos aquejan ha pretendido, con una cierta timidez, animar al populacho diciendo que, a partir de Abril (este mes que ya finaliza) se va a producir una reacción que mejorará nuestra delicada situación. Lo que se olvida la señora vicepresidenta es que, esta canción repetitiva, ya se la inventó su jefe, el señor Zapatero, cuando dijo lo mismo pero referido al marzo pasado y antes lo había trasladado a primeros de año. Demasiados aplazamientos para una nación que ya cuenta con un millón de familias en las que todos están en paro; demasiado retraso para una cifra de 4.010.000 parados de los cuales 268.000 son extranjeros, seguramente muchos de los que nos trajo el señor Caldera sin otro fin que encubrir su ineficacia en vigilar la entrada de ilegales; excesivos pretextos para ocultar una gestión nefasta del Ejecutivo que no ha parado, desde el inicio de la crisis, de dar golpes en falso, dilapidando el patrimonio nacional en medidas inoportunas, ineficaces y, a la postre, contraproducentes, que no han conseguido más que ponernos en situación de quiebra ante el asombro del resto de países de la UE.

En Francia, cuya situación económica esta lejos de ser tan grave como la nuestra, ya se están empezando a producir demostraciones preocupantes que, con toda seguridad, no han hecho más que empezar, del descontento de la ciudadanía. Estallidos revolucionarios que, de propalarse a otros países, pueden acabar por producir una grave situación de orden público que, naturalmente, será aprovechada por aquellos cuya finalidad principal es subvertir el orden establecido y que están poniendo todos sus esfuerzos en achacar al régimen capitalista la responsabilidad de todo lo que está pasando. Mucho me temo que, el desempleo que estamos padeciendo y que tiene todos los visos de seguir aumentando, pese a los pronósticos optimistas de la señora Salgado, puede llegar a ser el talón de Aquiles del señor Zapatero y su gobierno. No es difícil de pronosticar que, por mucho que el señor Corbacho pretenda paliar sus efectos con un PER nacional o se arbitren medidas para prolongar el pago del subsidio de desempleo; esta ingente carga económica, este endeudamiento continuo y desmedido, no va a ser posible mantenerlo durante mucho tiempo sin que las cinchas de nuestras arcas públicas revienten y entremos en una situación de insolvencia nacional.

Pero, ante esta situación extrema, tenemos que escuchar a los líderes sindicales aferrados a sus viejos latiguillos de hace doscientos años, buscando justificarse ante sí mismos y ante los obreros por hacerle la sopa gorda al Gobierno culpando del aumento del desempleo a los empresarios o a las comunidades gobernadas por el PP. En lugar de adoptar una actitud pragmática y entrar en razón, comprendiendo que en las propuestas de los empresarios hay una gran dosis de realidad y sensatez, se dedican a asustar a los trabajadores diciendo que el abaratar el despido es ir en contra de la clase obrera. Supongo que preferirán que las empresas, incluso aquellas que con una remodelación serían viables, se hundan definitivamente por no poder adaptar su plantilla a una situación de crisis que obliga a sacrificios por las dos partes, pero que, si no se ponen en práctica, el futuro de la empresa será acabar engrosando el ingente número de las que ya han entrado en banca rota.

Me temo que ha llegado el momento de que los partidos renuncien a seguir por el camino de la confrontación y empiecen a preocuparse por España y los españoles; creo que, la única posibilidad de poner orden en nuestro país, es formar un gobierno de emergencia, de concentración nacional, de coalición que fuera capaz de poner orden en las autonomías; poner veto a sus desmesuradas exigencias; dar confianza a los empresarios y se expresara con la suficiente claridad para explicar a los ciudadanos que, sólo con sacrificios, con esfuerzo y con productividad, España estará en condiciones para que, en unos años, podamos comenzar a remontar los demoledores efectos de la recesión. Porque, todos sabemos que no hay milagros que nos saquen de este agujero en el que estamos metidos y que, por mucho que nos lo quieran ocultar, hoy por hoy, quizá somos una de las naciones con más posibilidades de que los efectos de la recesión sean más duraderos y perniciosos. Esperemos que los intereses partidistas no acaben definitivamente con lo que queda de España.

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