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Etiquetas:   El crisol  

Los hueveros

Pascual Mogica
Pascual Mogica
martes, 28 de abril de 2009, 05:27 h (CET)
Los hueveros, también conocidos como gente dedicada a la recova, recoveros, son aquellos cuya actividad comercial se concreta en comprar y vender huevos y gallinas para revenderlos después.

Hay que reconocer que la cosa de la recova ha ido más allá de lo meramente comercial y se ha introducido en la política, como todas las cosas, y el primer político que introdujo el huevo en el devenir del debate político fue el que fuera ministro en la etapa de Aznar, Miguel Arias Cañete, cuando dijo, refiriéndose al trasvase del Ebro, que este se iba a hacer por huevos. Después le siguió Federico Trillo en su función de presidente del Congreso de los Diputados, cuando dijo aquello de “manda huevos” y más recientemente ha sido el presidente de la Generalitat Valenciana, Francisco Camps, cuando le dijo a Álvaro Pérez, el “Bigotes” esa frase tan cariñosa, romántica y entrañable de “te quiero un huevo”.

Hay que reconocer que el huevo ya era famoso desde mucho antes que los políticos del PP lo introdujeran en la política española. El huevo ha hecho posible que la tortilla española sea mundialmente célebre al igual que los es la francesa. Y no digamos los huevos al plato, deliciosos. Y qué decir cuando se tiene la oportunidad de coger un huevo recién puesto, fresquísimo, y hacerle dos pequeños orificios en sus dos puntas y absorber su contenido. Una gozada. Se puede hablar mucho de las excelencias del huevo. Frito, escalfado, revuelto. Para qué decir más.

Pero en todo esto de la alusión al huevo por parte de políticos de la derecha, hay que reconocer que a todos se nos plantea una incógnita que no es otra que la de no tener muy claro si estos personajes se refieren a los huevos de ave o a los coloquiales. Sería muy interesante que lo aclararan, ya que si se refieren a los huevos a los que aludimos o acudimos los españoles en determinadas situaciones acompañándoles de cierto ademán, la cosa es bastante grosera e impropia de personas públicas que están obligadas a guardar las formas. En cuanto a emplearlo como una muestra de cariño, la verdad, no me resulta muy apropiada. Basta con recurrir al clásico “te quiero mucho”. Aunque eso sí, cada cual es muy libre de expresar su afecto a alguien de la forma que considere más apropiada, teniendo en cuenta la personalidad y la sensibilidad del individuo al cual vaya dirigida esta declaración. Ahora recuerdo aquella frase cariñosa que le dedicó un novio a su pareja. Le dijo: “Te quiero más que a un buen ciscar”. Perdón.

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