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Un lugar llamado Sevilla

Daniel Sanabria
Daniel Sanabria
lunes, 27 de abril de 2009, 23:06 h (CET)
Bendito el día que dijo Del Nido, insigne ex abogado de Cachuli, que el Sevilla es el mejor club del mundo. Al pie de la letra se lo debio tomar la afición sevillista que, desde entonces, exige a su equipo resultados como tal. A mejor equipo del mundo, mejores resultados del mundo. Una regla de tres simple. El caso es que el Sevilla, quinto mayor presupuesto de España, perdió el domingo su cuarto partido consecutivo, manteniendo pese a todo la tercera posición en la Liga.

La afición del Sánchez Pizjuán, que imaginaría allá por el mes de agosto que el Sevilla se alzaría con el famoso trébol (Liga, Copa y UEFA), dedicó un contundente “Manolo vete ya” a su educado entrenador. Los andaluces se frotan los ojos con el mejor Barcelona de la historia y el mejor Real Madrid en décadas, y no admiten formar parte de otra lucha que no sea la que libran los dos gigantes del fútbol español, pese a tener un presupuesto cuatro veces inferior.

Quieren pasar a una fiesta a la que no están invitados y como no pueden hacerlo, patalean sin sentido. El objetivo inicial del Sevilla a principios de temporada era clasificarse para la Liga de Campeones, y a día de hoy y durante la mayor parte del campeonato, Manolo Jiménez lo ha conseguido sin sufrimiento alguno. Pero la afición sevillista no ha tardado en cotagiarse de la prepotencia de su presidente, y ahora coloca el listón a Jiménez por encima de la cabeza. Una injusticia superlativa.

Y es que la aspiración histórica del Sevilla al fijar los objetivos a principios de temporada nunca fue la de ganar la Liga. Y ni siquiera la de clasificarse entre los cuatro primeros, lugares reservados por antonomasia a Real Madrid, Barcelona, Atlético de Madrid y Valencia. Históricamente el Sevilla no forma parte de los cuatro mejores clubes del país, por lo que exigirse estar en un lugar que no le pertenece es querer engañarse a sí mismo. Pese a ello, Jiménez ha cumplido lo que le pidieron aunque no parece ser suficiente para la afición del Pizjuán.

Dice el refranero español que contra el vicio de pedir está la virtud de no dar, y el fútbol es un deporte muy sabio, aunque en ocasiones mal juez. En cualquier caso, en la capital hispalense deberían preocuparse de disfrutar los éxitos que su equipo le está brindando y no encabronarse por no lograr cotas que están fuera de sus posibilidades. Cada vez que vuelve Juande Ramos al Pizjuán, le pitan; cuando vuelve Sergio Ramos, le pitan; Manolo Jiménez aún no se ha ido, y ya le están pitando. Aficionados sevillistas, busquen esta palabra en el diccionario: humildad.

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