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Etiquetas:   Artículo opinión   -   Sección:   Opinión

Sólo el primer capítulo (100 días de Obama)

Ruth Marcus
Redacción
lunes, 27 de abril de 2009, 07:03 h (CET)
Los primeros 100 días de una presidencia son igual que el capítulo de introducción de una novela inacabada. Será posible, al final, echar la vista atrás y juzgar las expectativas creadas por los rasgos de los personajes y los giros argumentales, pero por ahora es demasiado pronto para predecir la dirección que va a seguir la trama.

Es posible leer las primeras páginas del libreto de la obra Barack Obama y construir narrativas diametralmente opuestas. El joven e ingenuo presidente, habiendo heredado su dosis de problemas, elige imprudentemente ir a por más. Sin ninguna experiencia en las costumbres de Washington, sobreestima arrogantemente sus poderes de convicción gentil, subestima las fuerzas veteranas desplegadas en su contra y, al estilo de Ícaro, se la pega. Esto era sabido desde los primeros días, cuando dio muestras de debilidad al proponer medidas políticamente delicadas y a continuación retractarse de ellas (ejemplo: los subsidios agrícolas), y al calibrar mal las consecuencias de las acciones y las palabras (ejemplo: la Comisión de las torturas).

O, el joven presidente, inexplicablemente calmado y cauto más allá de sus años en Washington, fija una ambiciosa agenda plenamente consciente de que no va a lograr lo que pretende, pero teniendo presente que hay que plantar las semillas antes de que puedan germinar. Fija su atención en el premio gordo -- la reforma sanitaria -- sin alienar a aliados potenciales promulgando detalles de manera ostentosa. Al final de su primer mandato no ha hecho todo lo prometido, ni tampoco esperaba hacerlo, pero las directrices generales tardan lo suyo.

En este momento, cualquiera de estas líneas argumentales es plausible -- lo cual es el motivo de que la presidencia Obama tenga por delante el trabajo verdaderamente duro. Tan duro como fue lograr la aprobación del paquete de estímulo, decidiendo que gastar dinero es lo que hace con mayor facilidad el Congreso especialmente cuando el presidente deja cancha a la voluntad de los que asignan los fondos. Coordinar a la gente en el asunto de la sanidad va a ser mucho más difícil, teniendo en cuenta las expectativas internas y los intereses rivales externos. Aprobar un plan de intercambio de emisiones para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, teniendo en cuenta los riesgos económicos y las divisiones regionales, hará palidecer a la sanidad en comparación.

Cosechar aplausos en Europa o Sudáfrica es fácil entre el clima de alivio después de los años Bush; la verdadera prueba será la capacidad de persuadir a los aliados de enviar tropas o fondos o por lo menos no dar su brazo a torcer en Naciones Unidas. Dialogar con Cuba o Irán es sencillo. El truco está en calibrar el rumbo adecuado después de los primeros gestos, cuando la mano extendida es saludada, como fue el caso con Irán, con un bofetón en la cara.

En otras palabras, los 100 primeros días fueron la parte fácil.

Cuando comenté esto el otro día con un alto funcionario de la administración, me preocupaba que, después de noventa y pico días de trabajo sin horarios y contados avances más bien insustanciales, le estuviera dando motivos para arrancarme la cabeza.

En lugar de eso, se mostró de acuerdo con la idea -- y siguió volviendo a ella.

Parte del trabajo de verdad que hay por delante es producto de una estrategia deliberada, y patentemente sensata, encaminada a aplazar las decisiones delicadas o polémicas. Por ejemplo, el presidente decía querer cerrar Guantánamo; la parte difícil va a ser planear dónde poner a los presos que siguen allí. (Prueba indirecta de las dificultades: Francia accede a aceptar uno.)

De igual manera, el Presidente reafirmaba su promesa de poner fin a la política del Ejército de "haz lo que te dicen sin rechistar.” Pero la administración huyó del desbarajuste de las primeras semanas en el que el equipo Clinton se encontró anunciando que preparaba el cambio, que exigirá un cambio en la legislación -- pero sin ser urgente. Como decía a Fox New el Secretario de Defensa Robert Gates, "El presidente y yo pensamos que tenemos bastante entre manos ahora mismo y vamos a dejar un poco aparte ese asunto por el momento.”

En algún momento, no obstante, va a tener que rescatarlo.

Elija el tema, nacional o exterior, que más le guste: la parte delicada está aún pendiente. Por elegir uno de los importantes, las esperanzas de una reforma sanitaria sustancial son igual de propicias desde hace años -- y si el resultado final refleja una importante ampliación de la cobertura sanitaria y un esfuerzo riguroso por contener el gasto, será un enorme avance incluso si se queda corto a la hora de asegurar a todos los estadounidenses. Pero el camino está minado. ¿Incluirá entre las opciones para asegurarse un plan público? ¿Cómo se paga la ampliación?

"El peligro está en los detalles, y contra más tiempo pase más difícil serán de abordar," me decía el alto funcionario. Y más adelante, en unos comentarios decididamente carentes de lirismo estilo Obama, comentaba: "El futuro parece un enorme quebradero de cabeza.”

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Diario SIGLO XXI dispone de los derechos de publicación en exclusiva para medios digitales españoles de este y muchos otros columnistas del Washington Post Writers Group.

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