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Etiquetas:   Cristianismo originario   -   Sección:   Opinión

La crisis actual. El resultado de una fe tergiversada

María José Navarro
Vida Universal
lunes, 27 de abril de 2009, 06:00 h (CET)
Si se observan detenidamente los hechos de que informan y comentan los medios de comunicación del mundo, sean matanzas por locura homicida, atentados terroristas, la avaricia de empresarios y de la banca internacional, la corrupción de muchos políticos, la destrucción del medio ambiente por parte de empresas multinacionales que hacen predominar los intereses de sus inversionistas sobre la protección de la naturaleza, el cambio climático, las guerras y guerrillas actuales, incluyendo las últimas declaraciones de guías religiosos tan ajenas a la realidad, se puede llegar a la conclusión de que todos estos sucesos tienen una base común: la falta creciente de ética y moral en todos los ámbitos de la vida humana. Cuándo empezó este desarrollo, dónde y cómo se manifiesta y quién lo puso en marcha son preguntas dignas de analizar más de cerca.

Fuera de los gobernantes, los que dicen ser los representantes y defensores de la moral, por ejemplo de la cristiana, claman la falta de valores éticos en la sociedad actual, olvidando por completo su triste pasado tan falto de moral y amor al prójimo, como lo demuestra la historia. Si los que deberían dar ejemplo, no lo hacen, ¿de quién se puede esperar entonces una solución a esta situación? Las letanías repetidas desde hace siglos, la lectura de libros sagrados, las tradiciones eclesiales, las miles y miles de prédicas y oraciones de los domingos no han surtido efecto, tampoco los llamamientos a la paz de los altos cargos del Estado y de las instituciones religiosas detienen los hechos bélicos.

Un hecho, que por falta de información ha sido ignorado por la mayoría de las personas en el curso de la historia, y que tampoco se aprende en la época escolar ni en estudios posteriores, y que tuvo lugar ya a principios de la era cristiana, es una decisión tomada poco después de la muerte de Jesús de Nazaret por la casta sacerdotal en formación, que fue el hacer callar la palabra profética, que era común en las primeras comunidades cristianas. Esto dio origen a lo que se puede llamar la tragedia ética y moral de la humanidad, cuyos resultados estamos viviendo en estos días.

Una conclusión lógica y un hecho evidente es que con tal decisión eclesiástica en el ámbito de esa institución, se anuló el mensaje divino directo del mundo espiritual a la humanidad a través de los profetas y místicos, y que en reemplazo de ello se fueron estableciendo prescripciones y afirmaciones tenidas por indudables, la creencia en las cuales es obligatoria para los adeptos a la doctrina de que forman parte. Se trata de los dogmas, nacidos de la mente de aquellas personas que se ocupan de estudiar la existencia y los atributos de Dios, los teólogos.
Si se tiene en cuenta que en el mundo occidental el cristianismo enseñado y propagado por la Iglesia, que dice ser la religión de Cristo, dictamina las reglas de conducta moral no sólo de sus adeptos, hay que preguntarse si los hechos históricos concuerdan con las enseñanzas de Cristo. Como esto no ha sido así, hay que llegar entonces en la conclusión de que la crisis moral y ética que vive la humanidad, que ha traído consigo todas las demás crisis, no es una crisis de aquello que enseñó el fundador del cristianismo, Jesús, el Cristo, sino de lo que aquellos que –al adueñarse de la palabra divina para sus fines– han querido hacer entender por cristianismo, esto es, el producto del fracaso de una creencia o fe a raíz de haber sido tergiversada.

Muchas personas se preguntan por qué Dios calla ante tantas calamidades que aquejan a la humanidad y no pueden o quieren aceptar que Dios ni calló en las épocas pasadas ni tampoco lo hace en la actualidad. Y a pesar de ello, siempre actuando fuera del ámbito de influencia y poder de las instituciones eclesiales, como en el caso de los profetas y místicos mencionados antes, el Espíritu de Dios está instruyendo desde hace más de 30 años al mundo, a través de la palabra profética, que se da en Alemania a través de una mujer, sobre las relaciones y explicaciones espirituales que ya anunció Jesús de Nazaret, cuando dijo: «Todavía tendría muchos que deciros, pero ahora no lo podéis comprender. Pero cuando venga el Espíritu de la Verdad, él os guiará a toda la Verdad».

Como el Espíritu de Dios es libre y no se deja encasillar en ritos, dogmas, tradiciones o jerarquías, así como tampoco obliga a nadie a creer lo que él dice y enseña, aquellas personas que quieran confiar en otra declaración del Nazareno «Busca y encontrarás, llama y se te abrirá…», podrían desprenderse de una fe tergiversada desde hace siglos y atreverse a escuchar, leer o cerciorarse por sí mismas de una ayuda espiritual que se ofrece en www.vida-universal.org, en base a la libertad que es inherente a Dios, pero que no se encuentra en las instituciones del mundo.

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