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Etiquetas:   Contar por no callar   -   Sección:   Opinión

La soledad de un President

Rafa Esteve-Casanova
Rafa Esteve-Casanova
@rafaesteve
lunes, 27 de abril de 2009, 05:33 h (CET)
Estos días en la Comunitat Valenciana se celebra el 25 de Abril, una fecha conmemorativa de la Batalla de Almansa en la que las tropas borbónicas de Felipe V derrotaron al ejercito de la Casa de Austria comenzado una nueva época en la historia de las tierras valencianas en la que, poco después, y merced al Decreto de Nueva Planta el entonces Reino de Valencia perdía sus Fueros y su lengua, en resumen todo aquello que le diferenciaba del resto de reinos españoles y le hacía similar a las tierras de la Corona de Aragón. Y a pesar de tratarse de la conmemoración y recuerdo de una derrota es un día festivo que un día fue bandera del nacionalismo valenciano y que con la llegada de la democracia tomo carta de naturaleza en tierras valencianas.

Cada año en las Corts valencianas se celebra un acto institucional en el que los políticos se mezclan con los representantes del mundo empresarial, cultural y social. Hasta la fecha Francisco Camps siempre había sacado pecho en esta celebración con discursos y declaraciones en los que recordaba a los valencianos que su tierra seguía avanzando en marcha triunfal. Un baño de multitudes siempre le venía bien para ir acrecentando su ego y convencerse que los valencianos le querían y que el sillón sobre el que aposentaba su trasero en la calle de Cavallers, sede de la Presidencia, lo tenía seguro.

Pero este año la cara de Camps durante la celebración del acto no mostraba signos de alegría, están lloviendo chuzos de punta sobre su credibilidad y aunque sus conmilitones de la gaviota vienen diciendo en público que le apoyan las deserciones ya han comenzado y son muchos los que no quieren hacerse la foto junto a él después de conocerse sus conversaciones con Álvaro Pérez, más conocido como “El Bigotes”. El todavía President de la Comunitat Valenciana aseguró, cuando estalló el escándalo de los trajes presuntamente regalados, que no conocía de nada a dicho individuo y que si acudió a su boda fue tan sólo por buena educación y que a los cinco minutos abandonó el lugar. El President Camps mintió cuando tal cosa afirmó, aquel a quien negó conocer las pasadas Navidades era “amiguito del alma” y lo quería “un huevo”. Tal vez también mintió cuando el 10 del pasado Febrero en una conferencia en Madrid y ante la plana mayor de su partido afirmó tajantemente “mis trajes me los pago yo”. La sombra de la duda se ha instaurado como un aura maldita alrededor de Camps y lo cierto es que todavía no ha demostrado haber abonado los citados trajes ni el chaleco que se hizo para acudir a Roma y solicitar del Papa toda clase de indulgencias que, a buen seguro, le van a hacer mucha falta en tiempos venideros.

La conversación telefónica entre “el Bigotes” y nuestro “caballero de la triste figura” nunca me la hubiera imaginado, está trufada de todo un lenguaje arrabalero más propio de un chulo que de alguien educado en un colegio religioso. “amiguito del alma”, “te quiero un huevo”, “hijo de puta” y frases de la misma calaña parecen más propias de un vodevil al uso que del leguaje del más alto cargo de la Comunitat. Incluso he llegado a plantearme la posibilidad de que Francisco Camps sufra de problemas de bipolaridad en su comportamiento y sea de día uno y por la noche otro. Creo que con esta actuación se ha hecho acreedor a recibir el próximo año el premio Max de teatro al mejor actor emergente. ¿Dónde ha quedado el Camps serio y taciturno? Ese que cuando no preside una procesión o acude a una romería va a rendir pleitesía a cualquier autoridad eclesiástica. Se me han olvidado algunos de los diez mandamientos pero creo que hay uno que habla de no mentir.

Es muy posible que la justicia pase de puntillas sobre este caso y que Camps no sea considerado culpable de cohecho, pero en política las mentiras descubiertas a la larga o a la corta tienen un precio y éste es la defenestración del poder. Sus mismos compañeros de partido ya están afilando las navajas cabriteras y en la celebración del pasado 25 de Abril le dejaron más sólo que la una. Ni los presidentes del partido en las tres provincias, ni los presidentes de las diputaciones, ni tan siquiera su gran amiga Rita Barbera al frente de los alcaldes de las principales ciudades acudieron al besamanos y a rendirle pleitesía como antaño. Ese “amiguito del alma” ha comenzado a despeñar a Camps por la pendiente que le llevará al ostracismo político mientras Rita Barberá ya está renovando su vestuario para el día en que, tras la forzada dimisión de Camps, presida las Corts valencianas, eso si pagándose los trajes y procurando no soltarse la boca cuando hable por teléfono.

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