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¡Sin novedad en la economía! Sigue la depresión

Miguel Massanet
Miguel Massanet
lunes, 27 de abril de 2009, 05:31 h (CET)
Cuando uno escucha atónito las declaraciones de nuestros ministros pudiera llegar pensar que, los que nos gobiernan, no se refieren a nuestro país, sino que están hablando de algo inexistente, de otro reino remoto de maravillas que, por una rara circunstancia, estuviera exento de problemas y sus gentes vivieran en una especie de Nirvana, donde no fuera preciso trabajar ni existieran hipotecas ni hiciera falta preocuparse por el sustento diario para poder subsistir. Estoy convencido de que, a la nueva vicepresidenta económica del Gobierno, señora Salgado, le ha tocado bailar con la mas fea, entiéndase en sentido metafórico, y que intenta sacar fuerzas de flaqueza para sacar pecho, entiéndase también en sentido figurado, para dar una sensación de dominar la situación y tener el remedio adecuado para sacarnos, a los españoles, del atasco económico en el que nos han metido, a partes iguales, la crisis surgida de las “sub primes” de los EE.UU y la incompetencia de su jefe, el presidente Zapatero.

No obstante, no puedo negar que chirrían las neuronas cuando la escuchamos decir que “aún queda margen para gastar”, aunque, naturalmente “menos que antes”, para acabar diciendo la perogrullada archisabida y sobrentendida de que “el Gobierno está absolutamente decidido a combatir la crisis… pero comenzamos también a diseñar la salida de la crisis”. A la vista de las nuevas medidas propuestas, algunos pudieran pensar si no será prematuro hablar de “la salida de la crisis” cuando todavía no sabemos si, en España, hemos llegado a tocar fondo o, por el contrario, nos queda la peor parte, si es que debemos fiarnos de las últimas informaciones que nos van llegando, sobre algunos de los factores que más contribuyen a que nos adentremos en ella. Aquí no me queda más remedio que dedicarle un recuerdo al señor Camacho, nuestro ministro de Trabajo que, en mala hora, nos afirmó que nunca llegaríamos a los cuatro millones de parados y, apenas trascurridos tres meses, ya sobrepasamos la fatal cifra. Ahora, en lugar de esconderse en una cueva como un ermitaño para hacer penitencia, vuelve a aparecer para desafiarnos de nuevo, esta vez fanfarroneando de que no llegaremos a los cinco, pero ¡cállese usted de una vez, señor mío, y acabe de gafar el cotarro que ya, de por si, está bastante jorobado, tanto que, si sigue con sus profecías vamos a acabar todos en el INEM! Ya lo hemos dicho otras veces, con ministros de su categoría es imposible que España salga adelante; pero ZP prefiere primar la fidelidad de sus ministros antes que su capacidad para ejercer el ministerio que se les atribuye y… así le van las cosas y, de paso, así nos van a los españoles.

Sea como fuere, hete aquí que, el dinero público sigue manando; tarde, eso sí, pero para un buen fin. Catorce mil millones más que añadir a los despilfarrados 8.000 millones que se les dieron a los Ayuntamiento para que se los gastasen en obras innecesarias absurdas y, la mayoría de ellas, superfluas (saunas, casas del pueblo, pistas de patín y otras obrillas similares, plenamente prescindibles en tiempos de vacas flacas); cuando lo que, realmente, se precisaba era dotar a los endeudados municipios de medios suficientes para atender los pagos pendientes a sus proveedores o contratistas que, como es de general conocimiento, se han visto apurados para subsistir o han tenido que abandonar sus negocios, debido al retardo con el que son retribuidos sus trabajos por los municipios. Claro que, cuando ya estamos endeudados hasta la coronilla, estas alegrías no hacen más que agravar nuestra deuda y ponernos en evidencia ante el resto de países de la UE. Esta es la diferencia de tomar las medidas adecuadas en el momento oportuno para que surtan efecto rápidamente o hacerlo cuando ya el mal está hecho y, en muchas ocasiones, sin remedio alguno.

Si nos referimos a nuestra tasa de paro ya resulta ser la peor de las registradas en un periodo de once años, superando, ¡ojo: oficialmente!, los cuatro millones de desempleados (a los que, tranquilamente, les podemos añadir medio millón más de aquellos “otros parados” que no constan como tales por estar haciendo cursos de adaptación, o por solicitar determinados empleos o que han sido jubilados anticipadamente etc.) El porcentaje ya supera el 17’3% (más del doble del promedio de la UE ) según la EPA, cuando en Alemania se lamentan porque se espera que, en este año, el paro alcance el 8’6%. Sin embargo, la peor noticia es que, a pesar del optimismo de nuestros ministros y del propio ZP, cada día, en España, 2.670 familias enteras se quedan en paro, lo que ya ha conseguido que la cifra de familias en dicha situación supere la de un millón. No es pues extraño que, la señora Salgado, haya tenido que admitir que los datos de desempleo en el primer trimestre “sean malos y peores de lo esperado” y ¡no es para menos, si consideramos que, en los últimos doce meses el paro se ha cobrado la inquietante cifra de 1.836.500 desempleados ( un 84’4% más).

Y a todo esto, una nueva idea genial del señor Corbacho. Ahora, por si no estuviéramos echando las últimas boqueadas, por si el PER andaluz no estuviera suficientemente desacreditado (como un medio destinado, únicamente, a surtir de votos al PSA con un elevado coste para el resto de españoles) y como si la depresión no se hubiera extendido ya a siete CC.AA (Canarias, Andalucía, Extremadura, Baleares,Murcia, Comunidad Valenciana y Castilla-La Mancha), que ya arrastran o superan un 20% de paro; nuestro ministro de Trabajo propone que sea el propio creador del PER andaluz, el nuevo vicepresidente, señor Chávez, quien fuere el responsable de “coordinar las ayudas a los parados” entre las comunidades autónomas. Ayudas, para Corbacho, “coyunturales” a cargo de un “Estado cooperativo”, vamos, ¡un nuevo PER! Pero vean ustedes, a ninguno de nuestros gobernantes de le ha ocurrido dar facilidades fiscales a las empresas, desgravarlas, primar sus inversiones, ayudarlas a que mejoren su productividad, permitirles ajustar sus plantillas a las necesidades fijadas por la demanda etc; todo ello, en lugar de dedicarse a pagar con nuestros impuestos a los desempleados que, si seguimos por el camino que llevamos, cada vez serán más y cada vez menos los impuestos recaudados por el Estado, salvo que, y en otro artículo ya lo he denunciado, se acabe por incrementarnos a todos los que ya estamos pagando, ¡qué es lo que nos tememos!

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