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Etiquetas:   Disyuntivas   -   Sección:   Opinión

Indirectamente

Rafael Pérez Ortolá
Rafael Pérez Ortolá
lunes, 27 de abril de 2009, 05:11 h (CET)
No se trata de una diferenciación nítida. Las ACTUACIONES de las personas suelen ser complejas de por sí, con el añadido de los puntos de vista muy diferentes. Si incluimos los disimulos, engaños, corruptelas y tergiversaciones; la trama se vuelve enormemente intrincada.

Para los bien intencionados suele quedar patente el grado de participación, y por lo tanto, la RESPONSABILIDAD adquirida. Se obra en consecuencia, con los fallos y aciertos, ¿Cómo iba a ser de otra manera? En la medida que uno participa, se implica, responde por su colaboración en un determinado hecho. Este razonamiento, parece lógico, aunque apreciemos a diario su incumplimiento; eludimos esa lógica con demasiada frecuencia.

Los resultados son bien distintos cuando las intenciones son perversas. La mencionada complejidad suelen utilizarla como auténtico escudo; detrás de él se parapetan. No se afrontan las diferentes tramas; como digo, sirven de excusa. A continuación se van escapando por las rendijas del ruido general. Aprovechan como nadie la dejadez general. Estamos ante una flagrante EVASIÓN de responsabilidades; estas permanecen el el olvido, o en unos recuerdos muy lejanos. Las éticas de hoy en día no tratan con estos conceptos.

Como consecuencia, cuando uno se pronuncia o actúa DIRECTA o INDIRECTAMENTE, de esa definición se derivan unas claras repercusiones. Sin que eso suponga que cualidades hayamos utilizado a la hora de cada una de las acciones. Tenemos opciones para el uso de las mejores cualidades o de los peores defectos. Por lo tanto, para bien o para mal. De ahí que ejerzamos una cierta responsabilidad en cada actuación.

Elija, elija usted un problema de los que nos acucian a diario. Sea tráfico, impuestos, política de precios o importaciones, religión, actividades culturales, etc. Abundan los resquicios por donde escabullirnos. Hasta el punto de que resulta fácil escudarse en la complejidad que vengo comentando. La gran madeja de CIRCUNSTANCIAS y acontecimientos, adquiere de esta forma una fuerte entidad, como una suerte de gran hermano controlador sobre el que no pudiéramos ejercer opciones de crítica. La trama de la madeja es la máxima autoridad.

A los sumo suelen expresarse DESEOS de corrección, propósitos de participar en las decisiones, buena voluntad para la obtención de logros estupendos. Sin embargo, es sabido como los buenos propósitos son avasallados pronto por las incidencias del careo diario con los problemas. Los numerosos foros y parlamentos están llenos de buenos deseos. Quizá esté ahí lo malo, que cada deseo es una orden, sin mayores razonamientos, sin la medida de las consecuencias.

Entre tanto suceden cosas, importantes o no, según sea la ORIENTACIÓN observadora; razonadas, valoradas por entradas en foros de Internet, apoyadas por un grupo político determinado. Garzón confirmó la muerte de Franco, participa en las mejores cacerías con la gente más importante, e interroga a todo el mundo según las oleadas del interés político del momento. Sarkozy nos ilustra sobre el coeficiente intelectual de Zapatero, ¡Qué oportunidad perdió el presidente español para la réplica! ; eso sí, si chista, pierde la partida del 20 y medio, en la que su aval es el inquieto Sarkozy. En otro orden de cosas, las madres son totalmente libres, los padres no existen, los votantes son dóciles, etc. Se ha vuelto crucial la explotación mediática de la virginidad de la nueva cantante escocesa; chismosos con su figura y asombrados de su magnífica voz, ¡Se mezcla todo!

¿Quién le pondrá el cascabel al gato? ¿A qué gato? La respuesta es más fácil que todo eso, ¡Si ya no hay gato!. Directa o indirectamente, camuflados o simplemente silenciosos, asistimos a esa NEBULOSA diaria que no sabemos por donde llegaremos a entenderla. ¡Si estamos pidiendo a gritos que venga el gran hermano a dirigirnos! Necesitamos un imperioso mequetrefe que nos dirija. Digo mequetrefe, porque nadie con algo de buen sentido, pretendería la regulación de semejante agrupación de insustanciales.

Vistas así las cosas, casi hemos alcanzado una perfección sospechosa, en ella suceden los eventos de toda clase, pero gran parte de ellos inverosímiles, impensables, impropios de gentes civilizadas con capacidad de raciocinio. No vale ese fingimiento de sorpresa cuando estallan las barbaridades. SORPRESA, ¿De qué? Si en ese magma deforme, sin limitaciones, donde cualquier cosa se desarrolla con cierta normalidad, sucede un nefasto desaguisado; nos olvidamos de la lógica, con la permisividad total, sólo resta el reconocimiento de unos resultados sin límites. Sean asesinatos, degeneraciones sexuales, delincuencia monetaria o las perversiones increíbles.

No hará falta demasiada argumentación para la puesta de manifiesto de otro de los efectos colaterales, derivados de estas indirectas; sin dejar de lado que estas indirectas a veces son directísimas; sin disimulos, con toda la desfachatez, con la cara dura como el cemento. Me refiero a esa DESCONSIDERACIÓN total hacia los posibles afectados por aquellas conductas inconvenientes. Se trata de una apropiación en toda regla de los sentimientos y propiedades de los demás. Estamos ante un egoísmo elevado a la máxima potencia; el otro no existe, contra él se actua con un liberalismo feroz. De tan feroz, no tiene nada de liberal, se trata de una agresión en toda regla. Pura FUERZA BRUTA.

Las responsabilidades se diluyeron entre tantas indirectas. Con tal de que no sean detectables, los comportamientos feroces no tendrán consecuencias significativas. Se admiten tácticas variadas para los decorados necesarios; las artimañas resultan fundamentales, se convierten en los protagonistas. No se detectan sentimientos de mayor nivel que reconduzcan la situación. Si existen, deben estar en el subconsciente profundo. La cultura progresista se entretiene en las parafernalias deformantes, los cultismo de eruditos se vuelven fatuos e inoperantes. Da la impresión de que el pozo se quedó sin agua. Entre todo eso, la mirada no encuentra reposo, su situación semeja a un DESHAUCIO; en plena calle, sin existencias, sin proveedores, meramente con lo puesto. Se genera así un auténtico hombre menesteroso, de gran actualidad, con las consecuencias observadas a diario.

Hemos topado con el TRIÁNGULO de las RAMIFICACIONES. Se basa en tres perversiones que amenazan la identidad de cada insividuo. 1. Un servicio de información tendencioso, que no busca el conocimiento en sí, sólo la satisfacción de los deseos. 2. La trama referida, compleja y encubridora. 3. Con un uso totalitario de los datos o del poder adquiridos. ¿Qué lugar nos queda a cada particular? ¿Lo exigimos?

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