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Opinión
Etiquetas:   Disyuntiva   Naturaleza  

Naturaleza disyuntiva

El arbolado enhiesto impregna los paisajes, entre los cuales compiten silencios majestuosos con sonidos de fondo
Rafael Pérez Ortolá
viernes, 22 de abril de 2016, 00:41 h (CET)
El paseo de hoy por las estribaciones del GORBEA adquiere visos de celebración paradisíaca; confluyen los goces naturales con la huída del ruido ambiental de las aglomeraciones urbanitas. En las quebradas brincan los aires de una inestabilidad armónica, de diversos participantes en prestaciones generosas. Suena la musicalidad de los trinos, aplicados a sus variaciones tonales discontinuas. El arbolado enhiesto impregna los paisajes, entre los cuales compiten silencios majestuosos con sonidos de fondo. Los ramajes bailotean con el viento en una danza vivaz de rasgos singulares. Presentan su invitación al disfrute de maravillas insospechadas. Si fueran sospechadas, nunca iguales en su espléndida renovación. En los primeros tramos del recorrido, los trayectos siguen por estructuras artificiosas, de caminos definidos, de senderos tortuosos, de barreras aparentes; configurados por utilitarismos variados. Con el paisaje a la vista, todavía distanciado; el trasiego del río paralelo acompaña las andanzas, entre conformista encauzado o insinuando su bravuconería en cuanto reforzara el caudal. La sencillez expresiva del conjunto, apunta su enorme carga de ESPONTANEIDAD, con la ubicación de cada elemento en el sector conveniente, sin exclusiones disparatadas, porque la cohabitación de elementos heterogéneos es su condición habitual. Constituyen una mezcolanza dinámica con notables participantes. La presencia majestuosa de dos HAYAS nos saluda como cancerberos fieles al resto del arbolado; muestran sus figuras extendidas, que no saben de legislaturas desde sus edades centenarias. Es lo que atestiguan sus troncos con diámetros de varias brazadas, pronto divididos en el nacimiento de sus gruesas ramificaciones, versión natural de las esculturas de Botero, debido a los volúmenes de su maderamen. Reciedumbre tortuosa de dimensiones voluptuosas; muy adornadas por el colorido de sus hojas según las estaciones. Su envergadura es compatible con su carácter acogedor, nítida expresión armónica de su belleza duradera, concentrada en su potencial enriquecido por las formas. Fuera ya de los caminos, eran patentes las aglomeraciones. Hierbajos, arbustos peleones, zarzas, ramas tronchadas; alternaban con otras especies de mayor entidad. Enclenques y robustos pugnan en una competición entusiasta en BUSCA de la LUZ del sol. Servían de encubrimiento para la fauna subyacente, intuida, escuchada, pero poco vista. Por eso celebra uno en mayor grado la presencia ocasional de un revoloteo, algún ciervo austadizo u otras apariciones fugaces. La vitalidad de estos ambientes confiere a cada rincón matices peculiares poco dados a las repeticiones; con intrincados vericuetos propicios para la pequeña aventura de quienes gozamos de esta exploración amistosa. El recuerdo de unos jardines cuidados, de las actividades agropecuarias, de las ganaderías; contrasta con el aire salvaje percibido por estos contornos. El CONTRASTE dibuja el distanciamiento que los forzamientos de ciertos usos plantean con respecto a la espontaneidad de la vida natural. Sin duda, las zona selváticas conservan esencias vitales descuidadadas por la modernidad que todo lo avasalla. También, los usos costumbristas crean aportaciones fantásticas para la vida en común. Es en los desequilibrios donde quedan patentes las consecuencias nefastas para la atmósfera, para los seres vivos, para el conjunto. Vista en directo la Naturaleza, gran parte de las realidades fundamentales son evidentes de por sí. El contraste se amplía con la intervención de los humanos. Las talas controladas mejoran el rendimiento maderero, aunque miden peor los recortes introducidos en la red vital acompañante. Aparece la suciedad de los desperdicios, con materiales insospechados, incluso en cotas elevadas; frente a esos desmanes, la maleza de la espesura resulta simpática. Queda patente la injustificada agresión abusiva de las actuaciones utilitarias desdeñosas con los entornos. Qué diremos de los actos DESAPRENSIVOS desde su misms ideación. De manera especial, si valoramos la lentitud de los resortes regeneradores. De la provocación de incendios forestales, disponemos de recordatorios fehacientes cada poco tiempo. En la resiliencia de las especies fructifica el sentido explícito de los brotes renovados, de los nacimientos incontrolados, que surgen al albur de las condiciones naturales. Los troncos de hayas y robles ascienden a la cúspide, los de menos fuste trampean en las oquedades umbrías; sus hazañas compiten con la vida animal, adaptados en sus presencias. Aplicados todos a la evolución de sus posibilidades, con expresiones sublimes alejadas de requerimientos extemporáneos. Los brezos florecen de manera altruista y las abejas liban a su aire, en una conjunción de belleza y laboriosos frutos. Los pólenes viajan y las semillas reposan. Las guaridas preservan su disimulo protector frente a las inclemencias imprevistas o los depredadores. En los húmedos recovecos entre las peñas, en las recogidas covachas, rezuma el goteo de las reservas acuosas del subsuelo; inician el ciclo de sus largos recorridos por tierras o atmósferas. Son potentes atractores para los seres vivos, salvajes o asilvestrados, ciudadanos e industrias. Desde los andurriales montañeros contemplamos los riachuelos en crecimiento progresivo, el agua saltarina, aún nítida y fresca, ajena todavía a los trapicheos posteriores. El cambio climático ensombrece el horizonte a medio plazo. Las prácticas de la TORTURA en plantas y animales (Festejos, mascotas, bonsáis, experimentos), destacan en las reflexiones sobre los contrastes con la Naturaleza. Aunque no debiéramos extrañarnos en exceso, puesto que, tantas formas torturantes vienen siendo aplicadas entre las personas. Hay grados, pero las actitudes desaprensivas se posicionan. Dado que su erradicación es imposible, tendríamos que echar mano del libre albedrio personal y del convencimiento, para el incremento de las actitudes menos agresivas. Desde la llanada a la cumbre, han variado notablemente las condiciones ambientales, múltiples realidades aparecieron por las cercanías del trayecto recorrido. Las zonas boscosas quedaron en el intermedio, con su recia firmeza habitual. El verdor de las bases, los troncos y la espesa cobertura del ramaje en el bosque, el sol, el frío, el viento, el jadeo propio; entablan una relación SINFÓNICA, policromática y pluralista, cuyas sensaciones rebasan en sus orígenes los mecanismos de la consciencia. Bebamos de la fuente cimera, interpretemos el formato de las nubes, pero sobre todo, asimilemos los numerosos contactos establecidos, los habrá evidentes y apenas perceptibles. Em cumbres como la del Gorbea no se imparten lecciones, menos aún con mensajes interesados; proliferan los interrogantes. Las respuestas las lleva uno por dentro; de lo contrario, resultaría utópico imbuirles de contenido. Dicho de otra forma, en la excursión mental y física, priva la EXPERIENCIA personal intransferible. Eso sí, con el sinfín de colaboraciones esbozadas.
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