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Etiquetas:   The Washington Post Writers Group   -   Sección:   Opinión

La ironía de Barack Obama

E. J. Dionne
E. J. Dionne
sábado, 25 de abril de 2009, 03:59 h (CET)
¿Cuántas ironías es capaz de engendrar una sola presidencia? Barack Obama es un hombre distante que ha inspirado lealtades feroces y un hombre frío que ha despertado sentimientos de afecto y feroz oposición a la vez.

Le encanta implicar a los conservadores, pero aún así son contados los que han elegido dialogar con él. Es percibido demasiado moderado por franjas de la izquierda, pero la derecha piensa que tiene una agenda estatista radical.

Los críticos de Wall Street sostienen que el enfoque de Obama sobre el rescate al sistema financiero se reduce a tratar a cuerpo de rey a los banqueros y estafadores financieros que nos metieron en este desastre. Pero muchos en el sector financiero dicen que Obama no les comprende y dicen temer que sea un populista encubierto dispuesto a desplazar las finanzas como principal motor de la economía estadounidense.

En el terreno de las torturas, Obama buscó el término medio: puso fin a la práctica, desclasificó lo ocurrido, y a continuación propuso que pasáramos página. Pero la derecha se opuso a la desclasificación y la izquierda quería más transparencia, y su enfrentamiento volvió a despertar toda la amargura que Obama quiere que dejemos atrás.

El tipo no sólo desafía las etiquetas. Las odia. Durante una conferencia para columnistas celebrada la semana pasada con la intención de influenciar las crónicas de los 100 días de presidencia, un consejero cercano a Obama, intentando ofrecer la definición filosófica del presidente número 44, finalmente se conformaba llamándole “un no-ideólogo devoto.”

Pero los misterios y paradojas de estos 100 días no pueden desentrañarse sin entender que el presidente es más que "el chapuzas." Obama no despertaría tales lealtades si sus partidarios no vieran (correctamente) que tiene una agenda para empujar al país en una dirección muy diferente. No despertaría tales reticencias si sus detractores no intuyeran exactamente lo mismo.

No se puede negar que si Obama tiene éxito, el gobierno jugará un papel de mucho mayor calado en la vida estadounidense porque el acceso a la sanidad estará garantizado por Washington y el sistema financiero operará según normas mucho más estrictas. El gobierno federal influenciará la educación y su financiación más que ahora, y orientará el país hacia la dependencia de una nueva mezcla de fuentes energéticas.

Está igualmente claro que la financiación de todo esto va a depender más sustancialmente de los impuestos pagados por los estadounidenses más acomodados, y que la asistencia a los estadounidenses más necesitados aumentará. Como observaba un activista social de la izquierda de Obama profundamente implicado en la lucha del estímulo, "Cuando tiene oportunidad, la administración siempre pone el acento en favor de hacer más por los pobres.” Obama no altera ese hecho, y no es un egalitario radical. Pero ciertamente está a favor de una igualdad mayor.

En asuntos exteriores, la imagen es más difusa, porque se trata de un terreno en el que Obama es en realidad contrario a adoptar un enfoque ideológico. Esto es exactamente lo que le separa de la administración anterior. Indiscutiblemente, Obama el pragmático está ganando a Estados Unidos nuevos amigos en el mundo. Tendrá que demostrar que este afecto renovado se traduce en apoyos a las posiciones estadounidenses y ayuda material a las iniciativas americanas.

Los primeros 100 de los 1.461 días de los que consta un mandato presidencial son un imperfecto vaticinio de cómo será juzgado finalmente un líder. Pero sí ofrecen una imagen clara del estilo de un presidente. Obama, en general, ha sido un responsable avispado y una influencia tan tranquilizadora sobre sus ayudantes y su país como lo fue durante la campaña.

Pero el aspecto más intrigante de la presidencia de Obama hasta la fecha puede ser la forma en que combina inteligencia e intelecto. Son dos cosas muy distintas, como observaba Richard Hofstadter hace más de cuatro décadas en su instructivo libro, "El anti-intelectualismo en la vida estadounidense.”

La inteligencia, defendía Hofstadter, es "un rasgo indefectiblemente práctico" que "funciona en el marco de objetivos limitados pero claros.” El intelecto, por otra parte, es "la faceta creativa y contemplativa de la mente" que "se dedica a sopesar, dudar, teorizar, criticar e imaginar.”

Para la bolsa electoral de partidarios progresistas e izquierdistas de Obama, es la faceta de su intelecto la que despierta lealtades y admiración tan feroces, al tiempo que sus enemigos conservadores desconfían de la misma parte de él que imagina y sueña -- porque no comparten sus sueños.

Pero la situación destacada de Obama en las encuestas depende del conjunto del electorado intermedio al que no le importa si es un intelectual mientras sea lo bastante inteligente para arreglar las cosas. Obama y sus asistentes saben esto, lo que es el motivo de que nuestro presidente intelectualmente inclinado siga sembrando el misterio presentándose como un mecánico, un chapuzas y un “no-ideólogo devoto.”

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Diario SIGLO XXI dispone de los derechos de publicación en exclusiva para medios digitales españoles de este y muchos otros columnistas del Washington Post Writers Group.

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