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Etiquetas:   The Washington Post Writers Group   -   Sección:   Opinión

Crear aceptación para la economía verde

Robert J. Samuelson
Robert J. Samuelson
sábado, 25 de abril de 2009, 03:58 h (CET)
Pocas cosas son más atractivas en política que obtener algo a cambio de nada. Mientras el Congreso inicia el trámite de consideración de la legislación anti-calentamiento global, los ecologistas insisten precisamente en esa seductora perspectiva: podemos derrotar al calentamiento del planeta sin incurrir virtualmente en ningún gasto. He aquí la reivindicación típica del Fondo de Defensa Medioambiental:

“Por alrededor de diez centavos al día (por persona), podemos solventar el cambio climático, invertir en un futuro de energías renovables, y ahorrar billones en crudo de importación.”

Esto parece demasiado bonito para ser cierto, porque es el caso. Cerca de las cuatro quintas partes de la energía del mundo y de América proceden de los combustibles fósiles -- petróleo, carbón, gas natural -- que también son la fuente más considerable de dióxido de carbono artificial (CO2), el principal gas de efecto invernadero. La meta es reemplazar los combustibles fósiles o eliminar su CO2. La propuesta de ley que está siendo examinada por la Cámara promulgará un descenso del 42% en las emisiones de gases de efecto invernadero con respecto a los niveles del año 2005 antes de 2030 y un acusado descenso del 83% antes del año 2050.

Re-ingeniar el sistema energético mundial parece una empresa casi imposible. Basta con considerar las necesidades energéticas de América en el año 2030, estimadas por la Agencia de Información Energética. En comparación con el año 2007, se proyecta que Estados Unidos tendrá casi un 25% más de habitantes (375 millones), una economía alrededor de un 70% mayor (20 billones de dólares) y un 27% más de utilitarios (294 millones). La demanda energética será considerable.

Pero la Agencia también da por sentado un mayor ahorro energético y un mayor uso de las energías renovables. Entre 2007 y 2030, la energía solar crece un factor 18, la eólica se multiplica por 6. Los nuevos vehículos y utilitarios realizan un consumo un 50% más eficiente. El consumo de bombillas y lavadoras se vuelve más eficiente. Los precios más elevados de la energía desalientan su consumo; hacia el año 2030, el barril de petróleo cuesta 130 dólares ajustados a la inflación actual. Por todos esos motivos, las emisiones estadounidenses de CO2 en el año 2030 se proyectan en 6.200 millones de toneladas métricas, un 4% por encima de los niveles de 2007. Como ejemplo, las energías solar y eólica juntas apenas van a generar el 5% de la electricidad, porque se expanden a partir de una base minúscula.

Para cumplir la ley ante la Cámara, las emisiones de CO2 tendrían que rondar los 3.500 millones de toneladas. Las manifestaciones del Fondo Medioambiental entre otros grupos ecologistas en torno a que esta reducción puede tener lugar de manera asequible se basan en simulaciones económicas de modelos "de equilibrio generalizado”. Un estudio de la Agencia de Protección Medioambiental sitúa el coste en apenas 98 dólares anuales por hogar, porque los precios más elevados de la energía son compensados en parte por las rebajas del gobierno. Con 2,5 personas por hogar de media, eso es apenas 11 centavos al día por persona.

El problema es que estos modelos incorporan premisas exageradamente irreales: no hay ciclos económicos; la economía registra siempre "pleno empleo"; se da por sentado un crecimiento fuerte, basado en ritmos de crecimiento que son historia; la economía capea sin problemas importantes desafíos -- si los precios de los combustibles fósiles se elevan (como harán fruto de las leyes anti-calentamiento global), el consumidor rápidamente consume menos y se materializan mágicamente nuevas fuentes de "energías limpias".

No hay problemas y los costes son bajos, porque los modelos lo dicen. Pero el mundo real, por supuesto, es otra historia. La mitad de la electricidad de la nación procede del carbón. Los costes del proceso químico “de captura y secuestro de compuestos saturados” -- almacenar el CO2 en el subsuelo -- son inciertos, y si la tecnología no se puede comercializar, las plantas térmicas van a seguir emitiendo o tendrán que ser reemplazadas por obligación con plantas nucleares. ¿Apoyarán los estadounidenses la duplicación o la triplicación del parque de centrales nucleares? ¿Podrán ser superados los obstáculos técnicos y logísticos a tiempo? La parálisis podría conducir a apagones o bajadas de la tensión, lo que pasará factura al desarrollo económico.

Incontables dificultades prácticas surgirán al intentar destetar a la economía estadounidense de los combustibles fósiles de hoy. Una estimación calculada por economistas del Instituto Tecnológico de Massachusetts concluye que abastecer la mayor parte de las necesidades de transporte en el año 2050 con biocombustibles de producción local exigirá "2 millones de kilómetros cuadrados de territorio estadounidense,… más que la suma total de terreno estadounidense explotado en la actualidad.” América tendría que convertirse en un importador neto de comida.

En el momento de la verdad, los modelos informáticos tienen desastrosos antecedentes a la hora de predecir acontecimientos económicos de importancia o sus consecuencias. No anticiparon la crisis económica actual. Con anterioridad, no predijeron la carrera alcista del petróleo el año pasado hasta rozar los 150 dólares el barril. En la década de los 70, no predijeron la desbocada inflación. Los modelos "de equilibrio generalizado" pueden ayudar a evaluar diferentes propuestas políticas al cotejarlas contra un referente común. Pero estos modelos no nos pueden decir cómo será la economía dentro de 10 o de 20 años, porque es necesario presumir o ignorar muchos factores -- ritmos de crecimiento; crisis financieras y geopolíticas; estancamientos generalizados; inflación desbocada o desempleo.

La venta de la economía ecológica implica muchos actos de fe económica. Los ecologistas no sólo exageran los peligros del calentamiento global -- desde el crecimiento de los niveles del mar hasta la llegada de enfermedades tropicales. También minimizan los costes de hacerle frente. En realidad, nadie de los inmersos en este debate sabe realmente cuáles podrían ser las consecuencias o los costes. Todo se deduce a partir de modelos informáticos de fiabilidad incierta. Los grandes planes de ingeniería social y económica se proponen basándose en cimientos de conocimiento tambaleantes. La oferta de sinceridad y sentido común escasea.

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Diario SIGLO XXI dispone de los derechos de publicación en exclusiva para medios digitales españoles de este y muchos otros columnistas del Washington Post Writers Group.

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