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Opinión
Etiquetas:   Opiniones de un paisano  

La deserción de Rosa Aguilar

Mario López
Mario López
sábado, 25 de abril de 2009, 02:36 h (CET)
El crisol español de las devociones políticas expele aromas de sentina. No quiero ponerme cursi, pero es que ya no hay palabras para describir a determinados sujetos que hacen de la cosa pública cosa particular y tienen en su más enraizado subconsciente la lapidaria sentencia: “el fruto de tu trabajo: un puestazo y un sueldazo”. Yo, sin querer ponerme de ejemplo de nada ni para nadie, si fuera el alcalde de Córdoba y me sintiera más próximo al PSOE que a IU, solicitaría mi baja en el partido y devolvería mi “báculo” consistorial a quién me lo confió.

Una vez libre de toda servidumbre, aceptaría entrar a considerar las proposiciones que me quisieran hacer mis nuevos afines. Pero sólo después de devolver lo que ya no es mío ni en calidad de servicio. Utilizar la alcaldía de Córdoba para acceder a la Consejería de Obras Públicas del Gobierno autonómico de Andalucía es, en primer lugar una descortesía política; en segundo lugar, una deslealtad hacia aquellos que te hicieron alcalde; en tercer lugar, un inaceptable menosprecio al cargo; en cuarto lugar, una dejación de responsabilidades asumidas en el desempeño de tus funciones como alcalde; en quinto lugar, un ejemplo lamentable de falta de respeto al sistema democrático; en sexto lugar, una triste demostración de hasta dónde puede llevar la ambición. Rosa Aguilar, como otras políticas de su pelaje, tan dadas a participar en tertulias y dejarse querer por los focos, viene a ser una más entre las suyas. Cristina Almeida, Rosa Díez, etc. El problema es que los españoles estamos más por el fútbol que por la política y perdonamos menos la patada de Pepe que la de Rosa Aguilar. Así nos luce el pelo, que nos estamos quedando sin la única fuerza política que defiende los intereses de la población trabajadora de este país que, no lo olvidemos, somos más del 80 % del conjunto de la población.

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