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Etiquetas:   Cesta de Dulcinea   -   Sección:   Opinión

Lulú y la irracionalidad

Nieves Fernández
Nieves Fernández
sábado, 25 de abril de 2009, 02:31 h (CET)
Lulú nada tiene que ver con la raza canina sino con la africana, nada tiene que ver con las connotaciones eróticas de la edad femenina que nos recuerda la famosa novela de la escritora española Almudena Grandes, ya que Lulú es un varón.

Sin embargo, su nombre también forma parte de esa irracionalidad que nos va a llevar a pensar en las connotaciones anteriores porque los humanos nos dejamos llevar demasiado por los tópicos. Y llamarse así podría ser un tópico que nos lleva a las mentes sólo a ladrar o a mantener relaciones sexuales. Pues, no, Lulú es un joven ugandés, es un cooperante para más señas que pertenece al equipo de la Ong Solman, Solidaridad Manchega con el Tercer Mundo, Ong recientemente galardonada con el título de Caballeros Andantes por la Asociación Quijote 2000, y lo digo así, en plural aunque el galardón sea singular y en singular porque aunque fue su presidente quien asió la lanza y la vacía de Don Quijote para enfrentarse a los entuertos injustos que Solman se encontrará a lo largo de su vida “oenegeística”, son un fuerte equipo para luchar contra la pobreza.

Y ahí es donde entra Lulú. A luchar contra la pobreza mediante talleres de sensibilización donde nos dirá que muchos niños africanos no conocen el papel, y que él mismo aprendió a escribir sobre la arena. Y lejos de ser un ejercicio romántico como dirá alguna canción veraniega, pues la verdad es que aprender a escribir sobre la arena no deja de ser un lugar pobre que hará la escritura no perdurable y difícilmente de guardar para después leerla, corregirla o estudiarla. No en vano Lulú ha aprendido varios idiomas como el inglés y el francés aparte de su idioma nativo. Ahora estudia el castellano a contra reloj y con libros como autodidacta. Por supuesto, Lulú es negro como el 99 por ciento de los ugandeses y nos habla con bastante sapiencia de los 8 objetivos del Milenio sobre el desarrollo y la pobreza, objetivos que deberían haberse cumplido y no ha sido así.

A medida que Lulú habla a los estudiantes que visitan la exposición con más de 30 fotografías de ejemplos palpables de Mirando al Sur, con su peculiar acento y voz bajita, pregunta y explica a los niños, ya mayorcitos sobre los problemas de la pobreza en África y en Latinoamérica. Sus frases podrían rozar la irracionalidad y una vez más podrían provocar que nos quedásemos insensibles porque ya estamos acostumbrados a los ejemplos que nos dice y a quedarnos impasibles ante tanta irracionalidad del ser humano. Una niña recuerda la geografía física estudiada e intenta solucionar el gran problema del agua potable diciéndole que para que no se mueran los niños por falta de agua potable pueden ir por agua al Nilo. Lulú sonríe y responde que su pueblo está a 25 kilómetros del Nilo, de un Nilo demasiado lejano para muchos y no siempre potable para todos.

Lulú está trabajando desde la Universidad sobre el tema del Carnaval en España. Es irracional, nos dice, el gasto de los trajes de Carnaval, para una ropa sólo destinada para la fiesta, también le llama la atención los trajes de romanos de la Semana Santa, trajes que cuestan medio millón de euros, se sorprende, y su sorpresa entra en la irracionalidad más grande del ser humano, cuando nos habla de las fallas. De todo ese arte realizado para ser destruido. Sin entrar a discutir con los valencianos, con los churriegos o con los almagreños por temas de tradición y fiesta pues la verdad es que lleva razón Lulú por todo ese despilfarro de las fiestas de los pies a la cabeza. No sé cómo son las fiestas en Uganda y en otros países africanos pero creo que nunca serán tan irracionales y fastuosas como las que tienen ocasión de ver algunos extranjeros en España. Claro que cualquiera nos dice de suprimirlas, si lo hiciéramos nos tacharían de irracionales y, claro, mostrar unas fiestas caras a los pobres emigrantes y extranjeros cuando en África hay una esperanza de vida de 50 años pues no deja de ser también una irracionalidad nada razonable.

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