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Opinión
Etiquetas:   Carta al director  

El camionero

Alberto López (Málaga)
Redacción
sábado, 25 de abril de 2009, 01:39 h (CET)
Acaba de contarme mi hermana la sorpresa que le trasmitió su hija, tan inteligente como guapa, y no es porque sea mi sobrina, ojo, y con un nombre tan sugestivo como Lepósova, de hondas raíces yugoeslavas, que a su personal interés por estos temas, añade el tener hijas, amén de sobrinas, en “edad de merecer”, como se decía antes, a las que aleccionar y desbrozar conceptos. Al comentar mi escrito sobre “Lo que todo el mundo sabe,…..”, de pronto vio claro aquello que se decía sobre que el feto está en el cuerpo de la madre, pero no es el cuerpo en sí mismo.

Y se le ocurrió una comparación que quizás a alguien le choque, pero que no deja de ser tremendamente explícita en su misma sencillez, que no me resisto a compartir con ustedes, por si también puede aportar algo a alguien, ayudando a aclarar ideas.

Esto del embarazo, decía ella, es como un camionero, cuyo vehículo, grande, hermoso, sólo admite la carga que su dueño quiere aceptar. Sin embargo esta carga no es suya. Está en su camión, pero no es suya. Y responde por la misma hasta el momento y el lugar acordados para la entrega. Y algunas veces hasta de la fecha: y si no que se lo pregunten a los conductores de camiones frigoríficos que llevan mercancías perecederas. Y a partir de la entrega vuelven a estar libres para ejecutar otro porte.

Que a su vez puede o no puede aceptar, en función de muchas variables: su destino, tipo de mercancía, riesgos, condiciones,…etc., pero que una vez aceptado, no le queda otro remedio que entregarlo en debida forma. No puede tirarlo en el primer barranco que se encuentre. Debe protegerla de ladrones, saboteadores, del frío, del calor, y de cualquier agente que intente perjudicarla.

Y no se me esconde que esta mercancía, puede ser incorporada activa o pasivamente.

En el primer supuesto, la mujer debe pensar antes de aceptar el encargo, o el riesgo de encargo, si quiere asumir la responsabilidad de entregar dicha mercancía que le colocan con su indudable colaboración, en debida forma de plazos y estado.

El segundo supuesto la decisión es más personal. Se trata de deshacerse de una indeseada mercancía, pero teniendo en cuenta que no se trata de patatas, pollos, huevos o naranjas, por decir algo, sino de un ser humano ya formado, con todas sus connotaciones, y que si fuera mayor, se defendería con todas sus fuerzas. Ahora también se defiende, pero no tiene fuerzas.

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