Quantcast
Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto. Noticias y opinión
Viajes y Lugares Display Tienda Diseño Grupo Versión móvil

Opinión

Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Sin salida en el mismo manicomio sin terapia

Marino Iglesias Pidal
Redacción
sábado, 25 de abril de 2009, 01:33 h (CET)
Se negó a ver televisión y leer el periódico. Gentes de vomitiva condición cuya única virtud era hacer gala de su carencia precisamente de eso, de alguna virtud, junto con quienes las exhibían en un impúdico circo cuyos números batían record de audiencia, eran mantenidos cual si se tratara de personajes de encomiástico desempeño.

Leyes y sistema judicial que ridiculizaban la justicia. Esperpentos humanos autodegradados cuya condición les otorgaba, qué ironía, derechos y privilegios que les permitían avasallar con total impunidad…

Si no era masoquista, ¿por qué añadir la náusea a sus males?

A la calle tenía que salir. Viviendo solo y con quinientos euros de pensión, no podía tener a alguien que lo aliviara de tareas, en ese tiempo, ingratas. Pero, cuando iba a hacer las ineludibles compras, procuraba no ver mucho más allá del sitio que pisaba.

No encontraba ningún modo de distracción. En algún momento decidió escribir, no van a darme el Nóbel – pensó – pero al menos lograré entretener a quien me lea. Un par de novelas, tres docenas de cuentos… Se dirigió a todas las editoriales y agentes literarios cuyas direcciones consiguió, para preguntar si podía enviar el manuscrito; únicamente dos respuestas, y para decirle que sus programaciones estaban cerradas para no sé cuantos años.

Lo intentó en concursos literarios cuyos fallos siempre le parecieron injustos.

Sin sueños para su vigilias – los sueños carecían de sentido para él si no tenían, aunque fuera mínima, la posibilidad de realizarse -, entretenía sus padecimientos haciendo largos de pasillo, escuchando música y trabajando en el trastero.

Comenzó elaborando una estructura, de cabilla a modo de meridianos y paralelos, hasta lograr un globo terráqueo de un metro de diámetro digno de exposición. Así lo pensó mientras, limpiando de las manos los restos de pintura, tomaba distancia para contemplar su obra. Muy bien. Sí señor, muy bien. Sólo falta que seque la pintura.

Se pasó casi toda la mañana recortando monigotes de papel para, a continuación, pegarlos con engrudo, uno a uno, a la esfera.

Hizo un gesto de asentimiento ante el conjunto logrado. Llenó la botella y le puso el tapón de rosca provisto de cánula y gatillo. Una aviesa sonrisa de maléfica expresión, se posesionó de su rostro mientras apretaba el gatillo con saña y disfrutaba contemplando cómo los hombrecillos de papel, empapados con el humanicida nacido de su propia alquimia, resbalaban flácidos hasta el suelo.

Noticias relacionadas

Una muralla para aislar el desierto del Sahara

Intelectuales de todo el mundo analizarán en Marruecos el problema de la inmigración que causa insomnio y desacuerdos en Europa

El discurso de la payasada

Cuatro artículos que me han ayudado a encontrar la mía

Heráclito

Es un filósofo presocrático que ha especulado acerca del mundo y de la realidad humana

Trapisondas políticas, separatismo, comunismo bolivariano

Una mayoría ciudadana irritada

Prejuicios contra las personas

Es una malévola tendencia, favorecemos los prejuicios y protestamos contra sus penosas consecuencias
 
Quiénes somos  |   Sobre nosotros  |   Contacto  |   Aviso legal  |   Suscríbete a nuestra RSS Síguenos en Linkedin Síguenos en Facebook Síguenos en Twitter Síguenos en Google Plus    |  
© Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto | Director: Guillermo Peris Peris