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Etiquetas:   The Washington Post Writers Group  

Dejemos de pensar en el ayer con la Sanidad

E. J. Dionne
E. J. Dionne
viernes, 24 de abril de 2009, 13:14 h (CET)
Con el paso del tiempo, ciertas ideas se vuelven irresistibles. Empiezan siendo polémicas. Más adelante, nadie es capaz de recordar el motivo.

Considere la ceremonia bipartidista celebrada el martes en la que el Presidente Obama introducía en vigor la Serve America Act de Edward M. Kennedy. Hace trece años, los Republicanos del Congreso intentaron tumbar el programa AmeriCorps de Bill Clinton. Este año, Republicanos y Demócratas unieron fuerzas para aprobar la mayor ampliación en décadas de la prestación social. El mañana no siempre se define por el ayer.

Tenga eso presente al escuchar las noticias sobre tal o cual refriega, polémica o discrepancia a cuenta de los esfuerzos por aprobar la reforma integral de la sanidad. A causa de su derrota en 1994, existirá la tentación de afrontar cada conflicto -- sobre todo las recientes informaciones que apuntan a rivalidades por la inclusión en la forma final de la ley de una opción pública -- como el primer paso hacia el colapso del proceso.

La idea "plan público" es buena y el asunto es importante: si el gobierno hace posible que todo el mundo acceda a la sanidad, una opción para muchos debería ser un plan de protección médica público comparable al programa de protección por enfermedad Medicare.

El truco se encuentra aquí tanto en la política como en los detalles políticos. Muchos progresistas piensan que nuestro sistema sanitario entero debería ser desechado en favor de un plan con un fondo común administrado por el gobierno siguiendo las directrices británicas o canadienses. El problema es que el sistema de un fondo de seguridad social no sólo es políticamente inviable: ello también provocaría brechas importantes dentro del sistema existente. La idea de la opción pública es inteligente suponiendo una serie de condiciones. Permitiría que Estados Unidos se desplazara gradualmente hacia un sistema público si -- (BEG ITAL)y solamente si(END ITAL) -- una cifra considerable de consumidores eligen libremente suscribir un plan así. El mercado pondría a prueba la solidez de la idea.

Las aseguradoras odian la idea porque piensan que el plan público minará su posición en el mercado. Este argumento, en cierto modo, se refuta solo. Si las aseguradoras están en lo cierto al decir que el gobierno en la práctica va a proporcionar sanidad más accesible que las empresas privadas, ¿por qué no debería facilitarse esa opción? ¿No ahorraría dinero al contribuyente a largo plazo?

Pero las negociaciones de la sanidad van a implicar un toma y daca. ¿Qué pasa si incluir un plan público robusto tiene el efecto de finiquitar una ley que hace accesible a todo el mundo una sanidad a precio razonable? ¿No deberían bloquear cualquier propuesta de ley que no contenga su idea, tal como fue concebida originalmente, los defensores de un plan sanitario público? Por supuesto que no.

Como táctica de negociación, deberían mantenerse firmes para acercarse a un plan público decente de salud tanto como puedan. Obama en persona decía en la conferencia de salud pública el mes pasado que la opción pública "da más opciones al consumidor" y ayuda a "mejorar el sector privado, porque ya hay competencia.”

Aún así Obama también reconocía la preocupación porque "los planes privados terminen desbordados” y decía que estos temores eran "serios" y "reales.” Esto sugiere que hay un compromiso entre bambalinas. Un defensor de los planes públicos que se reunió recientemente con funcionarios de la administración me decía que también intuía cierto avance en esta dirección.

Y en una sesión casi desapercibida la semana pasada auspiciada por la Fundación Familia Kaiser, Nancy-Ann DeParle, la directora de reforma sanitaria de la Casa Blanca, sugería que los honorarios tanto de médicos como de hospitales se podrían fijar en márgenes parecidos tanto en los planes públicos como en los privados con el fin de asegurarse de que las aseguradoras no eran expulsadas del sector.

Otro compromiso posible sería una ley que no incluyera un plan público como tal, sino que en su lugar proporcionara un "mecanismo de acción" que presentara un plan así si los costes de protección se elevaban demasiado o si las primas por cobertura fueran demasiado bajas. Y la inverosímil alianza de la industria farmacéutica con el colectivo progresista Families USA ha sugerido que ampliar Medicare (que, después de todo, viene a ser un plan público) podría ser una forma de superar un callejón sin salida.

La mayor diferencia entre el ahora y la última vez que se intentó es el énfasis que se pone en el compromiso creativo en lugar de la obstaculización creativa. Los defensores del plan público deben seguir negociando para mantener las cosas en marcha.

También deben recordar las lecciones del acto de aprobación de Serve America el martes, el cual, a propósito, era objeto de escasa atención mediática. Eso fue triste, excepto por el hecho de que la indiferencia de los medios fue una muestra de cómo ha ganado amplia aceptación una idea que en tiempos fue polémica. Esa aceptación, a su vez, permitió las grandes mejoras en el programa que Obama introdujo en vigor.

Algún día eso sucederá con la sanidad universal. Si se aprueba una ley este año, las mejoras en el programa no acabarán viéndose polémicas sino inevitables.

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Diario SIGLO XXI dispone de los derechos de publicación en exclusiva para medios digitales españoles de este y muchos otros columnistas del Washington Post Writers Group.

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