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El Yin y el Yang

Antonio Pérez Gómez
Antonio Pérez Gómez
viernes, 24 de abril de 2009, 10:58 h (CET)
Hay un interesante dato que ha sucedido en esta jornada intersemanal y que ha pasado muy desapercibido debido a que no se la ha dado a penas publicidad desde ningún medio, a lo mejor por la obviedad que representa: desde ayer no hay posibilidad de que cualquiera que no sea Barça o Madrid gane la Liga. Matemáticamente, quiero decir.

Una vez más. Barça y Madrid. Madrid y Barça. El Yin y el Yang. Condenados a rivalizar para siempre. Hasta la desaparición de ambas entidades. Hasta el fin del mundo. Hace ya mucho que es así. El Barça ha dejado de ser un reducto de disidentes futbolísticos con limitados recursos económicos, ya no es un equipo de mediocres contestatarios del poder deportivo apabullante de un súper equipo blanco, y desde hace décadas mira de tú a tú al Madrid. Y a menudo incluso lo supera. Poco a poco, ha dejado de ser una alternativa al poder político y social establecido a convertirse en si mismo en el representante político y social de una mística nacionalista oficial.

Esto lo saben en la capital de España y la relación de rivalidades es ya totalmente mutua y biyectiva. Años atrás, el Barça vivía solo de los fracasos del Madrid. Justificaban las más salvajes acciones (recordarán el día del cochinillo) porque, al fin y al cabo, era el Madrid. El coco. Era un poco como el Atleti de siempre (“Da un poco igual realizar una campaña ridícula, si logramos ganar a los vecinos” o, como vimos no hace mucho, “Da igual perder 0-6 en casa si con ello retrasamos al alirón de los blancos”). Pero eso ya ha cambiado en Barcelona. La sañuda rivalidad ya no entorpece miras mayores en Can Barça, y en la actualidad hay tanta inquina -provocada por la frustración y la envidia- desde el Madrid al Barcelona como la que siempre ha habido del Barça al Real Madrid. Siempre se ha dicho que el Barcelona existe tal y como lo conocemos porque había un Madrid enorme. Las tornas han cambiado. Ahora mismo, el Madrid existe porque hay un Barça enorme.

Alfredo Relaño ha enunciado y popularizado la teoría de los vasos comunicantes según la cual, nunca uno de estos dos equipos puede estar “arriba” sin que el otro esté “abajo”. Es imposible que el estado anímico de ambos sea semejante. No puede haber un gran Barça y un gran Madrid contemporáneamente. Quizás porque la propia existencia intrínseca de un gran Barça o un gran Madrid implica o incluso nace del hecho de que el rival esté peor que tú.

¡Qué verdad más grande!
Este año volvemos a tener a los dos equipos en todo lo alto. Batiendo récords. Destrozando estadísticas. Metiendo miedo a los rivales. Ganándolo absolutamente todo. Los dos henchidos y orgullosos en la parte noble de la tabla.

Pero no podían estar los dos haciendo lo mismo. Imposible.
El FC Barcelona encandila, enamora. Andrés Montes lo comparaba ayer con el fútbol total de México 70. Fútbol imaginativo, combinativo, solidario, precioso, veloz, vertical...y, si es necesario, también horizontal. Efectivo y sobrecogedor. Lo cierto es que yo no recuerdo jamás, en décadas de fútbol, un equipo que desarrolle un juego tan bueno durante tanto tiempo en los partidos y durante tantos partidos. En la ciudad Condal ya saben que es el mejor de su historia. Desde luego, mucho mejor que el tan cacareado Dream Team. Es arrollador. Es excelso. Es inaudito. Es colosal.

Y en el rincón de enfrente tenemos otra propuesta. Menos bonita, menos efectiva, menos cerebral y menos atractiva. Más embarullada, más visceral, más ruda y más emotiva. El partido del Getafe fue tan solo una muestra. 11 tíos vestidos de blanco que entran en una especie de frenesí extático en el que el buen trato de balón se convierte en una entelequia. Resuena el grito de la España profunda, de la ultratumba futbolística: “ A mi, Sabino, que los arrollo”. Faltan menos de 5 minutos. Casquero siente el empujón y se tira en el área. Penalty. Así se pierde una liga. Pepe que muere matando. “Tu me jodes la liga, pero yo te dejo en silla de ruedas” . Coz que casi arranca el nombre y dorsal de Casquero. Qué mal, Pepe. ¿qué hiciste? Jugador blanco, corazón negro. El exsevillista que intenta hacer sangre en el Bernabeu: “Toma, Juande, por echarme del Sevilla”; se cree Panenka (de órdago lo del bueno de Antonín Panenka, coñeándose hoy en As del intento de Casquero) y hace el ridículo. Cambio de panorama. Ahí vemos al Madrid de las termópilas. ¿Donde está Jerjes, que nos lo cepillamos? Testiculina a raudales, el balón le llega al Pipita, nadie sabe ni como. Avanza, apisona a los que intentan pararle, destroza el balón de un zapatazo, y de forma inverosímil, el cuero va y entra. Ligam habemus.

Locura. Paroxismo. Hemorragia de placer en los corazones blancos. Ha merecido vivir para ver. Todo es posible. Hasta que el Madrid retrase una semana más al alirón del Barça.

Una vez más. Disparidad entre ambas entidades. Hume y Kant. Horgan y Maddox. Dos fromas diferentes de vivir una realidad. El Yin y el Yang.

¿Que estilo prefieren ustedes? Y digo yo, ¿porque hay que quedarse con uno? Yo me quedo con el ballet con precisión de cirujano del Barça; y con la emotividad y el corazón del Madrid. Ambos tienen un mérito enorme. Los primeros, por fabricar ese de fútbol de tantos kilates. Los segundos, por ser unos futuros dignísimos subcampeones.

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