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Sincronías
Luis del Palacio
Una de las actitudes más estúpidas que caben destacar en la municipalidad rancia, espesa y zafia que padece la Comunidad de Madrid, es la del representante (me resisto a llamarle líder) de la oposición, Tomás Gómez.
La cosa empezó -o, por lo menos, empezó a trascender- cuando el pasado 11 de marzo, aniversario del atentado terrorista más sangriento que ha sufrido Europa, el grupo socialista decidió no acudir a los actos celebrados en homenaje a las víctimas, como protesta por la clausura de la comisión que investigaba unos supuestos casos de espionaje dentro del gobierno que preside Esperanza Aguirre.
Este plante que, en definitiva, sólo suponía un insulto a los ciudadanos, parece que va a repetirse indefinidamente, ya que, según han anunciado, tampoco piensan acudir a los actos protocolarios que conmemoran el 2 de mayo de 1808. La reacción de Gómez y compañía recuerda a la pataleta del recluta que exclamó: “¡Que se jeringue el cabo, que no como rancho!”
En realidad, nadie les va a echar en falta. Su falta de instinto político corre parejo a su falta de ideas; y todo ello deja indiferente al partido que gobierna Madrid, a la vez que fortalece al grupo de Izquierda Unida, dirigido con mucho más acierto desde que Cayo Lara reemplazó a Llamazares como coordinador general.
Pocas cosas son casuales en política. Existe en casi todo una sincronía, la mayoría de las veces oculta, que hace que hechos aparentemente aislados, fortuitos, no lo sean en absoluto.
Izquierda Unida, en pleno proceso de renovación, puede convertirse con el tiempo en la segunda fuerza dentro de la Asamblea de Madrid, si el PSOE no controla las torpezas de Gómez y sus acólitos.
Hace menos de dos semanas, en un acto multitudinario convocado por la coalición, se proclamó, “de manera simbólica”, la III república. Julio Anguita, hombre culto, calculador y muy astuto, reaparece precisamente ahora. Y no es por azar: él conoce a la perfección cómo se proclamó la II; instaurada, precisamente, tras unas elecciones municipales.
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