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Etiquetas:   Opiniones de un paisano   -   Sección:   Opinión

¿Nos debemos fiar del optimismo de los políticos?

Miguel Massanet
Miguel Massanet
lunes, 20 de abril de 2009, 06:17 h (CET)
Vamos a ver si me sé expresar, porque no quisiera que se me tachara de agorero o vudú de la política, pero me van a permitir que de mi opinión, por supuesto personal y sin ninguna pretensión de que sea compartida por nadie, sobre lo que me han parecido las primeras actuaciones del nuevo presidente de los EE.UU señor Barak Obama. Debo anticiparles que mis simpatías, como es natural para una persona que se considera, sin complejos, de derechas, estaban de parte del señor McCain que, aparte de ser un héroe del Vietnam, condecorado varias veces y mantenido en prisión y torturado en aquel país por los comunistas, que se hicieron con aquel país; tenía en su programa electoral unas propuestas sociales y económicas más en línea con lo que, a mi modesto entender, deberían haber sido las medidas adoptadas por el Ejecutivo estadounidense para atajar la crisis que nos está afectando a todos. El caso es que, aparte de que el señor Obama ha echado lo que, literalmente, se pude decir:“la casa por la ventana” y que, el programa millonario que se ha sacado de las manos, todavía está por ver cuáles van a ser sus resultados; lo que si es evidente es que ha dejado a los ciudadanos entrampados por varias generaciones y que la deuda contraída por los EE.UU con países emergente, por ejemplo China, lo va a condicionar sin duda alguna en sus relaciones internacionales y en lo que deberá ser su política militar, aquella que, por cierto, ya ha comenzado a sufrir los efectos del recorte presupuestario impuesto por el señor presidente que ha dejado en stand by algunos de sus proyectos estrella, confinados a permanecer en los polvorientos archivos en espera de tiempos mejores.

Puede que esta sea la mejor política, pero a mi me da la sensación que el prestigio internacional que tenía la gran nación americana está empezando a declinar y que ya existen bastantes naciones, y no precisamente las más poderosas, como Rusia o China, que también, sino incluso pequeñas potencias como Corea del Norte, que ya ha dejado patente que a ella no le achantan y que piensa continuar con su programa nuclear, pese a las críticas de la ONU (un organismo cada vez más prescindible) y las advertencia de los EE.UU. No nos olvidemos de Irán que no se ha sentido impresionada por la cordialidad de Obama hacia ella y, como se está demostrando, que no ha cejado ni un solo día en su labor de nuclearizar el país con posibilidades de fabricar en un periodo corto (puede que tres meses) cualquier bomba atómica con la que poner en un brete a toda Europa y a sus adversarios locales como podría ser el mismo Israel. Vean la forma displicente y poco entusiasta con la que Fidel Castro ha recibido el gesto de Obama.

Otra de las cosas que parece que le están preocupando al simpático Obama, el de las buenas maneras y el “diálogo”, ¿a quién me recordará esta palabra?, es sus relaciones con los países hispanoamericanos que, recientemente, se han constituido en un centro de poder dominado por un renacido comunismo indígena –favorecido por los anteriores gobiernos corruptos que dirigieron aquellas naciones como verdaderos caciques sin preocuparse ni poco ni mucho por las necesidades de sus respectivos ciudadanos –.Por desgracia los cambios experimentados en todos ellos, sólo han sido nominales porque han pasado del socialismo corrupto al comunismo corrupto, con lo que, desde el punto de vista de los ciudadanos no ha significado más que un cambio de tiranía, de signo distinto, pero de similares efectos en cuanto a la miseria, recorte de libertades y dependencia absoluta de la voluntad de sus gobernantes. El señor Obama ha visto en el señor Zapatero algo que le ha atraído. En primer lugar, y no es preciso ser una lumbrera para percatarse de ello, ha comprobado personalmente que ZP se desvivía por ser agradable con él, que le corría detrás como un desesperado para estrecharle la mano y fotografiarse con él y que, por consiguiente, era una persona apta para convertirla en un fiel esclavo al que poderle ordenar lo que fuere preciso. En segundo lugar, la amistad ¿amistad? ( la verdad que a cualquiera le pudiera parecer una forma de camaradería un tanto extraña, dado el trato que nos ha dispensado el señor Chávez en alguna ocasión) de nuestro Presidente con los presidentes de los países del llamado Cono Sur, especialmente con el presidente de Venezuela; lo que le colocaba en una posición favorable para actuar de intermediario entre los EE.UU y las díscolas, difíciles y antiamericanistas naciones que, hasta ahora, se habían mostrado como enemigas declaradas de los “gringos” del norte. ZP, una marioneta fácilmente manejable, sería para Obama el pim,pam, pum, que recibiese los golpes destinados a él y, a la vez, el pim,pam,pum de los que él les trasmitiese a sus interlocutores sudamericanos. Un juguete de usar y tirar que, para tenerlo contento, era suficiente con dejarse fotografiar estrechándole la mano. ¿Sería por eso que, desde un periódico inglés, ya le advirtieron a ZP de que no se fiase demasiado de que Obama le ayudara a salir de atolladero económico en el que ha metido a España?

Todavía no sabemos hasta dónde podrá extender sus planes sociales el señor Obama. Lo que sí nos tememos es que tendrá graves inconvenientes en su idea de implantar una Sanidad pública para todos los americanos si, por añadidura, la situación de la nación americano no parece que esté para tirar cohetes, a pesar que tanto Obama como la FED parece que se han puesto de acuerdo para dar un mensaje de confianza, basado en atisbos de recuperación económica. Lo que ocurre es que, las noticias respecto a la situación de las industrias y las entidades financieras, no parece que, de momento, abunden en la opinión de ambas instituciones y el hecho de que, algunas de las más importantes fábricas de coches, la General Motors entre ellas, amenacen quiebra y que por añadidura, una gran parte de las ayudas de estímulo fiscal establecidas por Obama, se están diluyendo en los agujeros presupuestarios de estados y ayuntamientos en los EE.UU junto al hecho evidente de que, gobernadores y alcaldes hayan tenido que acudir a subir los impuestos, de manera indiscriminada, para intentar atender a las ingentes cantidades que requiere las enormes inversiones en gasto público; no hacen más que confirmar que estamos lejos de salir de la depresión en la que nos encontramos y, mucho nos tememos, que todavía nos queden muchos sobresaltos antes de que, los nubarrones de la crisis, dejen de oscurecer este horizonte de crisis que tenemos ante nosotros.

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