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Etiquetas:   Opiniones de un paisano   -   Sección:   Opinión

Esta vida loca o a la vejez viruelas

Mario López
Mario López
lunes, 20 de abril de 2009, 06:16 h (CET)
Me gustaría que alguien me explicara qué me está pasando. Tengo cincuenta y dos años, prácticamente estoy en el paro y al túnel de mi vida, como al de la misma crisis que padecemos, no se le ve la salida. Con todo y con ello, ayer me pasé la noche entera con mi hijo de veintiocho años y su hermano negro, como el le llama (un ser encantador natural de Guadalupe, las Antillas).

Saqué dinero con la tarjeta, dejando la cuenta en números más rojos que yo mismo (que ya es decir). Nos fuimos a cenar al Sitio de Malasaña, que es, sin lugar a dudas, el mejor restaurante de Madrid. Está regentado por Inés Pérez del Pulgar –tataranieta de aquel ilustre general que ganó Granada para la corona de Castilla y la cristiandad esta que nos espolea de continuo, envileciendo nuestras conciencias-. En ese hogar tan entrañable, Inés, además de servirte manjares a precio de risa, te devuelve todos los besos que la vida te ha escatimado. El que no conozca el Sitio de Malasaña no sabe lo que puede dar de sí Madrid (más allá de nuestra loca presidenta que la pobre, de seguir así, o acaba en el teatro Abadía o en cualquier otro frenopático). Nos tomamos unas copas en Malanena, un garito que nada desmerece del Sitio de Malasaña y que está regentado por Fran; hombre hospitalario, de amena conversación y abierto a todas las posibilidades del quehacer artístico humano. De hecho, me va a dejar actuar a mí el domingo17 de mayo, con mi nombre artístico de El Comandante López de las FARK (cantaré y disertaré sobre la Transición, los Años del Desmadre y la Movida Madrileña). No os lo perdáis, aunque sólo sea para arreglar un poquito mi calamitosa economía. Finalmente, acabamos en el Barco; un lugar que tiene más gente que espacio. Si quieres contacto humano, ahí te puedes hartar. Bueno, pues parece ser que no tuve suficiente con todo esto que acabo de contar. Volviendo hacia mi casa, me topé con un grupo de chavales que estaban cantando en la plaza de Barceló. Me uní a ellos y acabé llegando a casa a las diez de la mañana, después de tirarme una hora charlando alegremente con el taxista en el taxi, a la altura de mi portal. Mi portero debe pensar que estoy de la cabeza como nuestra presidenta regional. No sé qué me pasa. Pero dándole vueltas al asunto comprendí que lo que me pueda pasar a mí tiene mucho que ver con lo que nos pasa a todos nosotros. Estamos atascados en nuestra habitación nacional, con las ventanas cerradas y la estufa de picón a punto de apestarnos. Ya no sólo deberíamos airearnos, entrando a saco en la memoria histórica y poniendo en cuestión la bondad de la transición, nuestra forma de gobierno, el estado de las autonomías o el sistema de libre mercado. Deberíamos empezar a cuestionarnos qué narices es la democracia y qué relación guarda con el capitalismo o el comunismo. Entiendo que la democracia es un sistema político que pretende –sin conseguirlo- garantizar las libertades individuales, la protección jurídica, y la participación política de los ciudadanos. Pero la democracia es una cosa, y el sistema socio-económico otra ¿No es posible, a fecha de hoy, avanzar en la instauración de una verdadera democracia de la mano de un comunismo del siglo XXI? Yo estoy totalmente convencido de que sí es posible y, además, muy necesario y deseable. Lo único que necesitamos para conseguirlo es tomárnoslo en serio y ponernos manos a la obra. Salud, justicia y libertad.

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