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Juancarlistas o republicanos

Rafa Esteve-Casanova
Rafa Esteve-Casanova
@rafaesteve
domingo, 19 de abril de 2009, 06:58 h (CET)
España es un país en el que sus ciudadanos se suelen mover por impulsos, y esto no es nuevo de ahora, ya viene de antiguo esta dicotomía entre unos y otros, nosotros y ellos, rojos y azules, Guerra y Belmonte y Real Madrid o Barça. Un 14 de Abril de 1931 España se acostó monárquica y se levantó republicana mientras Alfonso XIII emprendía el camino del exilio pagando así la factura que debía al pueblo español desde que dio su apoyo a la dictadura de Primo de Rivera. Otro Abril, ahora hace setenta años, media España se acostó democrática para, brazo en alto, levantarse fascista mientras la otra media emprendía el camino del exilio, se pudría en cárceles y campos de concentración o moría fusilada en las tapias de cualquier cementerio.

Aquello duró casi cuarenta años en los que el dictador Franco, un reyezuelo nepotista, sanguinario y tirano, gobernó este país con mano dura y terror haciendo del pueblo español un pueblo de súbditos temerosos y no de ciudadanos libres. Toda una tela de araña tejida alrededor de las viejas camisas azul mahón de la Falange primero y del Opus Dei más tarde cuando los tiempos de bonanza económica comenzaron a soplar, con la inestimable ayuda de la policía de la temida Brigada Político-Social, mantuvieron al dictador en el poder cual nuevo emperador del miedo y la injusticia. Y cuando alguien se preguntaba qué pasaría después de Franco la respuesta siempre era la misma “después de Franco las instituciones”, unas instituciones creadas por el régimen salido de una guerra civil y sin un mínimo atisbo de democracia ni en su funcionamiento ni en sus orígenes.

Y entre esas “instituciones” estaba la reinstauración de la monarquía de los Borbones, no olvidemos que durante toda la dictadura España fue oficialmente un Reino sin rey. En el verano de 1969 las Cortes, por orden de Franco, nombran a Juan Carlos de Borbón sucesor de Franco para cuando se produzca la muerte de éste y que el hijo de quien ostentaba la jefatura de la Casa de Borbón y la posible legitimidad para ser nombrado rey fue separado desde adolescente de su padre, D. Juan, y criado bajo la tutela del amo y señor de El Pardo. Y así un buen día de noviembre de 1975 el pueblo español que se había acostado adormecido por los cantos de sirena del dictador se levantó monárquico para devenir, con el paso del tiempo, en “juancarlista” gracias a tantos y tantos pactos vergonzantes como se tuvieron que hacer durante la llamada transición democrática.

El paso de una dictadura a una democracia no fue fácil, los poderes franquistas seguían llenando los despachos oficiales, en los cuartos de bandera de los cuarteles se seguía ensalzando a Francisco Franco y la mayoría del pueblo español inmerso en una espiral de bonanza económica y consumista no estaba para revoluciones. La imagen de un rey bonachón, incluso simpático, fue calando hondo en muchos españoles que pasaron a ser “juancarlistas” antes que fieles seguidores de una monarquía que durante siglos nada bueno ha aportado a este país. Nadie nos preguntó si queríamos regirnos por la monarquía o por otro sistema democrático y se puso a votación un pack en el que venían juntos la nueva ley constitucional, la democracia y la institución monárquica.

Hoy ya hay una generación que no ha conocido otro régimen más que el monárquico, ellos, como nosotros, ni tan siquiera lo eligieron y tal vez sea hora ya de ir dialogando si se deben mantener los privilegios de clase o si el hecho de nacer en el seno de una determinada familia da derecho a ser el Jefe del Estado. La sangre de los Borbones es tan roja, tal vez a su pesar, como la de cualquier ciudadano de a pie y veo difícil que los actuales españoles “juancarlistas” pasen a engrosar las filas del “felipismo” cuando la edad o la muerte del actual Rey empujen al simbólico trono al Príncipe de Asturias. Dicen que no hay dos sin tres, España ha tenido ya dos Republicas y el camino hacia la tercera se va allanando día a día. A estas alturas del Siglo XXI no se entienden privilegios como la opacidad con la que en la actualidad se mueven los gastos de la Casa Real, casi nueve millones de euros al año de los que no están obligados a dar cuentas a ningún español. Cuando jubilados y viudas malviven, si es que lo suyo es vida, con pensiones mensuales de quinientos euros y cuando todos estamos apretándonos el cinturón las Cortes Españolas aprueban una subida del 2.70 % en los presupuestos para la Casa Real de este año 2009. Vivir para ver, y todavía la Princesa de Asturias por vía marital, una plebeya, parece no haberse enterado de las servidumbres de su cargo, un cargo cuyos gastos soportan los bolsillos de todos los españoles.

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