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Etiquetas:   Disyuntivas   -   Sección:   Opinión

Fragilidad cultural

Rafael Pérez Ortolá
Rafael Pérez Ortolá
domingo, 19 de abril de 2009, 06:52 h (CET)
En el hecho cultural cabe casi todo. Las diferentes parcelas del conocimiento, con sus numerosas aplicaciones, forman una agupación de realidades; verdadero reflejo vivo de la CULTURA de los humanos, en una apreciación de su sentido global. Ese conjunto comprende orientaciones bien contrapuestas, mejores o peores, según sean los ojos de los observadores; permaneciendo la duda en el horizonte, la existencia o no del bien o el mal objetivo. ¿Quién será capaz de apropiarse con justeza de esas valoraciones? ¿Quién dispone de esa llave?

Ahora entramos en tiempos de SOBERBIA ALTIVA, cercanos a la omnipotencia; así metidos en harina, querer es poder, sin cortapisas; la evolución de los genes nos encumbró hasta cimas impensables. Inteligentes, guapos y felices. Con una solución para cada cuestión. Economía para el debido control de los valores dinerarios, una Medicina para cada malestar, una Política paternal y omnipresente, una Convivencia con todas las libertades a flor de piel, unas Religiones que lo saben todo de Dios; si quieren sigo, aunque no sería menester, por que tanta delicia nos impregna los tuétanos y las molleras.

Semejante absolutismo cultural se torna en fiera dictadura por su propia disposición presuntuosa, aquejado de un tinte excelso, de niveles insuperables. Sus características se impregnan de prepotencia, se enturbia la primavera del progreso y surgen las primeras nubes a destiempo, aunque eran de prever. No es tan sencillo el panorama, algunos ajustes chirrían en las primeras movidas. Se manifiestan algunas PARADOJAS que transforman el conjunto, surgen abundantes puntos débiles y delicados. Embravecidos y lanzados, quizá no nos apercibamos de esas delicadezas, con el consiguiente riesgo de fragmentaciones y roturas, sinsabores y frustraciones. ¿A dónde alcanzaron aquellas maravillas?

El equilibrio resulta complicado en una de las primeras paradojas originadas al socaire de las actividades culturales; me refiero a la contraposición entre SUPERACIÓN – NIVELACIÓN. El trabajo encaminado a la obtención de nuevos conocimientos, los mejores, con la consiguiente elevación del techo cultural; comparado a la diferente posición de búsqueda enfocada a la extensión y nivelación como primer impulso. Las dos son actitudes a tener en cuenta, con aspectos encomiables, pero apuntando a metas distintas, no pocas veces opuestas. Son dos posturas que no debieran estar reñídas, aunque la tensión entre las mismas alcanza fieros enfrentamientos.

También generan ESFUERZOS muy diferentes. Para la nivelación domina la difusión; quedando desdibujado el empeño por la excelencia, conlleva un cierto matiz acomodaticio, de no complicarse con otras búsquedas. La tónica superadora es inconformista por naturaleza, siempre en persecución del paso adelante, estético, técnico, en lo que respecta a maduración y modernización del pensamiento. En la escuela, en la universidad o en las empresas, se notan de manera especial estas dos actitudes; allí, y en otras actividades, se comprende sobre el terreno, cuan fácil es el descarrío cultural al excederse en una u otra dirección. Ese descarrío expresa la debilidad implícita en la paradoja.

Los sectores de la actividad humana se dirigen hacia objetivos que resuelvan las diversas necesidades. Si los mínimos de supervivencia están resueltos, se entra después en proyectos menos imperativos, más adaptados al gusto individual. Esa evolución dibuja una serie de esquemas. Al mismo tiempo se aportan iniciativas personales y se intenta el incremento de aquellos logros con mayores bondades o con una condiciones ideales. En estas vicisitudes se fragua una segunda contraposición cultural, PARTICIPACIÓN o SEGUIDISMO. Lo ideal supondría un equilibrio acogiendo las dos actitudes. Las necesidades permanecen en los retos de la vida; con ellas al acecho, será necesario estrujarse la inteligencia para encontrar las soluciones, y para ello no es suficiente el deseo, exigen búsqueda y esfuerzos.

Ante las diferencias inevitables no queda otra opción, la adaptación a las soluciones conseguidas o la permanencia dentro de los límites peculiares de cada uno, o de cada grupo, aunque sea a costa de una calidad inferior de vida. Es una de esas situaciones en que uno lo quisiera todo, las pegas resueltas y los caprichos particulares. Esa TENSIÓN genera con frecuencia puntos débiles, a los que vengo aludiendo en estas controversias. No parece evitable ese estiramiento de la cuerda en direcciones opuestas. ¿En qué acabará la disputa? Ni hay soluciones únicas, ni las posturas son invariables. La tensión es quien tiene garantizada su presencia. Ambas posturas, participación o seguidismo en la elaboración cultural, soportan ese riesgo de rupturas, de impedimentos para logros más elevados.

Se van consiguiendo objetivos, avances; buenos y peores, porque ambos se consiguen y no todo es avanzar. El acervo acumulado dispondrá de esas conquistas, conceptos, técnicas, avances científicos, arte y fondos del pensamiento. Ahora bien, cómo se proceda con todo ello, será un reto continuado. Abocamos de lleno a la tercera paradoja, ante la CONFIGURACIÓN y el CONTENIDO de la cultura. El contenido procedente de la suma de participaciones y adquisiciones, es enriquecedor. Por desgracia, la apropiación de estos componentes, pasa a convertirse en dominios y estructuras cerradas. Se tiende a una determinada configuración, y eso desvirtúa el resultado, porque no suele gozar de un talante aperturista.

Por eso no extraña la postura de numerosos pensadores, Gustavo Bueno entre ellos, que no han cesado de advertirnos; al hecho cultural configurado hay que acercarse con mucha PREVENCIÓN, con precaución si lo prefieren. Las configuraciones tienden a ser limitantes y coercitivas –Ideologías, Autonomías, Xenofobias-. Resulta ominoso, pero frecuente, el hecho de que se utilice la cultura como un útil de separación, basados en un dominio desleal de los conocimientos. Pero las diferencias existen, se rebelan ante esas estructuras coercitivas. Se trata de un proceso de gran dinamismo, con aperturas renovadas, cierres tozudos y conflictos de variadas intensidades. La disyuntiva será de exposición permanente.

Estamos ante una aparición permanente de puntos débiles, como un asomo de fragilidades; puntos en los que las mejores dotes de argumentación y franqueza serían muy pertinentes. Si no elaboramos las mejores razones, con todos los recursos mentales a nuestro alcance, se agrandarán las debilidades; en ese supuesto, entraríamos en la banalidad de unas opiniones intrascendentes. De ellas andamos muy bien servidos en estos tiempos que corren. Para la consecución de una RESPUESTA eficaz, ¿Cómo reforzar los puntos débiles y así disfrutar de una navegación más deseable?

Es bueno preguntarse de vez en cuando, qué hacemos, o qué pretendemos, con los distintos niveles culturales.

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