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Etiquetas:   Reportaje   -   Sección:  

Hospital Sant Pau: Modernismo y salud

Teresa Berengueras
Teresa Berengueras
@berealsina
sábado, 18 de abril de 2009, 06:25 h (CET)
A lo largo de mi vida he ido al Hospital de Sant Pau muchas veces, unas para visitar a amigos y parientes que estaban tratándose en el centro, otras para admirar ese monumento único y reconocido mundialmente y en otras ocasiones para trabajar. Recuerdo que una de las visitas que hice a Sant Pau fue para ver desfilar los diseños de Toni Miró, allí, en los asientos establecidos de forma casual, veía los diseños del catalán además de contemplar esas fachadas modernistas que tanto me interesan y emocionan. Ese día, el del desfile de Toni Miró, pude ver asombrada cómo algunos enfermos, desde los balcones de las habitaciones, podían ver de cerca esa colección. Esa tarde un amplio abanico de muchos mundos se entremezclaban: el arte, la medicina y la comunicación.




Pabellón de Sant Manel. / Foto: Rafa Esteve-Casanova.


Recientemente he vivido algunos días en sus instalaciones, ya que después de notar que mi barriga, pasadas las vacaciones de Navidad, se había puesto más redonda y no por haberme pasado en la comida, acudí al departamento de Ginecología. En las urgencias de este departamento no había ninguna paciente cuando llegué tres médicas, las doctoras Bárbara García Valdecasas, Astrid Francesc y Celia Targa me revisaron con atención durante un buen rato y finalmente me dieron su diagnóstico: “No podemos ver con exactitud que parte tienes afectada, detectamos un mioma pero éste no nos permite ver con claridad lo que hay detrás, es por eso que te remitimos al equipo de ginecólogos que son quienes deben tratarte a partir de este momento. Te van a llamar para el día de tu visita”. Era un viernes, fin de semana, nadie me iba a decir qué es lo qué tenía, me mandaron asimismo un análisis completo de sangre.

A la semana siguiente me llamaron del departamento del Dr. Rovira para darme día y hora. El Dr. Ramón Rovira es un hombre joven, apariencia de bonachón, habla poco pero lo suficiente para explicar a una paciente qué es lo que le está sucediendo. Al hacerme la ficha me explicó que formaba parte del equipo del Dr. Boguñá y me exploró concienzudamente, me hizo una ecografía y me explicó que tenía un mioma de tamaño considerable y que ello era motivo suficiente para que me lo extirpara, pero además tenía otro quiste que el mioma no le dejaba ver en la prueba y que por estas dos razones tenía que pasar por el quirófano, para evaluar mi estado me mandó un TAC, otro análisis, una prueba de tórax, un electrocardiograma y una visita al anestesista pues me estaba preparando para una intervención quirúrgica. Me dijo claramente que no era urgente pero si prioritario. Me quedé helada, vamos, nos quedamos helados, Rafa, mi amor, y yo, es cierto que tenía un mioma que almacenaba en mi interior desde años pero nunca había dado señales de preocupación, para mis revisiones soy muy severa y hay años en los que incluso que me había hecho dos de ellas, es más, este tema me pillaba sorprendentemente porque hacia dos meses que me había hecho una revisión y todo estaba perfectamente. En dos meses todo había cambiado ¡zas¡ de golpe y porrazo, aunque no era primeriza en intervenciones quirúrgicas (llevo ahora doce) eso siempre coge a una por sorpresa.

Me hice todas las pruebas y acudí de nuevo a la consulta en Sant Pau con del Dr. Rovira, me explicó que iba a hacerme una intervención normal, es decir no podía practicarme ni una laparoscopia, ni anestesia epidural, ni tan siquiera local ya que necesitaba abrir para ver perfectamente qué es lo que tenía pues con todas las pruebas encima de su mesa no podía dar un pronóstico al cien por cien, me abriría de forma vertical en la barriga, y con los quistes y mioma en la mano haría en ese mismo momento un análisis patológico y según el resultado vería cuánto me debían extirpar. Le expliqué mi miedo a la anestesia y al post operatorio, me aseguró que hoy en día la farmacología está muy avanzada y que a los pacientes, por su forma de entender la medicina, no les dejan padecer pues es más difícil curar a un paciente que ha aguantado mucho dolor y lo tiene instalado en si mismo que no a aquel que no ha padecido nada.

Ingresé en Sant Pau el 24 de febrero, me instalaron en el Pabellón de Sant Manuel, en la sala de Sant Joaquim, habitación quince, tenía en la cama contigua otra paciente con la que compartía una escueta habitación en donde no cabía ni el baño ni la ducha, aunque si un pequeño lavamanos. Me prepararon para que el día 26 acudiera al quirófano. A media mañana de ese día un camillero me recogió de la habitación en una silla de ruedas, a mi lado, sujetándome la mano Rafa, y al otro Fina, su hermana y Carlos, el amigo del alma de casi toda mi vida profesional. Iba aterrada de miedo por muchas historias, por la anestesia, por el temor a saber qué iban a encontrar, porque todo era muy rápido y casi sin digerir, me esperaba un recorrido por el subterráneo del templo modernista, un pasillo larguísimo que se me hizo eterno, recorrimos ese túnel en donde se mostraba que a principios de siglo, cuando este pueblo se edificó, tenían pensado que todos los pabellones de Sant Pau por el subsuelo se podían conectar, la verdad aquello era como una película de Almódovar, en ese trayecto vi todas las entrañas de una ciudad admirada por todo el mundo hasta llegar a la puerta del quirófano, la familia se fue a esperar los resultados y a mi me entraron a la búsqueda de una camilla, mientras esperaba saludé a los doctores Boguñá y Rovira y sólo acerté a decirles: “Tengo miedo” y ellos me contestaron con media sonrisa, seguros, claro: “Y nosotros….”.

Ya en la camilla estuve esperando un rato la anestesia pero vinieron un montón de médicos y enfermeras para darme explicaciones, uno me dijo que el Dr. Daniel García Paricio, cirujano plástico, estaba acabando la consulta e iba a estar en el quirófano para coserme la “raja”, otra que el anestesista me iba a explicar cómo iba a ser todo, en realidad a cada uno de ellos les decía lo mismo: “Tengo miedo a la anestesia y a todo, pero qué me duerman por favor”. Llegó Marvin, el médico alemán que había estado con el Dr. Rovira en todas mis visitas, me conocía y conocía muy bien mi historial, muy amable, muy gracioso en el hablar, medio castellano y medio catalán y sabiendo lo qué se hace, escribió los últimos datos antes de que me anestesiaran. Llegó el momento, el anestesista, encantador, esta vez no me hizo contar, doctoras, médicos, todos a mi alrededor, en el momento de respirar fuerte me cogí de la mano de Marvin y me sirvió de gran ayuda, el médico anestesista me había explicado que cuando me despertara no tendría frío y que me sentiría muy bien, que no me preocupase, ya medio dormida me dijo: “¿Te gusta nuestro quirófano”?, aún acerté a contestarle: “Me parece muy fashion”, me sentí dormir con una sonrisa en los labios y en el alma.




Uno de los pabellones de Sant Pau. / Foto: Rafa Esteve-Casanova.


Enseguida supe que todo había ido muy bien que me habían quitado todo lo que no necesitaba dentro de mi barriga, pero en la benignidad en la sala post operatoria lo primero en que me fijé fue en el reloj, me habían intervenido en un tiempo justo y las doctoras y enfermeras de la sala me hablaban y me decían: “Teresa, estás muy bien” y así me sentía, estuve allí casi 4 horas, escuché todas las conversaciones que no voy a reproducir porque había otros pacientes implicados y no sería ni educado ni ético por mi parte, yo hablo de mis cosas, pero no de otros pacientes, una de las doctoras decía que los familiares de los pacientes iban a entrar, pasaron así quizá 10 minutos, se me hicieron eternos, quería ver a Rafa que tan mal lo estaba pasando y a Fina que ejercía de fuerte en esa ocasión, llegaron cuando la doctora decía que me iban a trasladar a la habitación. Estaba contenta, Rafa al verme me dijo: “!Que guapa estás”¡, Fina sonreía y se la veía feliz, yo pensaba cómo Rafa es capaz de verte guapa en esta situación, ahí me tocó profundamente y me sentí muy feliz: “!Estoy sana”¡.

Viajar del quirófano a la habitación es otra imagen cinematográfica del cine surrealista italiano. En la camilla te trasladan en una ambulancia hasta la habitación, me dio la sensación que la ambulancia iba rápida y en esas callecitas llenas de piedras había muchos hoyos y yo notaba en mi cuerpo cada bache, probablemente porque mi barriga tenía una herida que ya estaba despertando y agudizaba cualquier pequeño meneo. Entré en la habitación encima de una tabla estrecha, resbaladiza que hace que llegues a la cama como en un aterrizaje forzoso. Doménech i Montaner, a principios de siglo, ideó una espacio grande para que la gente se fuera a curar a un lugar tranquilo y en aquellos momentos las habitaciones no se compartían, los pacientes compartían salas grandes y amplías, en Sant Pau con el paso de los años han conservado la arquitectura del momento pero las salas grandes se han ido dividiendo para convertirlas en habitaciones para dos pacientes, las han dividido con mamparas.

Las enfermeras y enfermeros y personal de ayuda son muy competente, amables y dan toda clase de explicaciones, son tus cómplices pero no forman parte de ti, sólo lo hacen en la distancia profesional y eso es sano para ellos y para los pacientes. Usan la distancia adecuada en todo momento y en cada quehacer. Son muy discretos y utilizan el humor para mantenerte en un hospital sin que lo notes, sabido es que cuando una paciente está recuperándose las horas que normalmente pasan volando allí dentro se multiplican por dos.

Desde la ventana de la habitación, la quince, la niña bonita, veía las torres de la Sagrada Familia, allí a lo lejos, las torres de los pabellones de al lado del de donde yo estaba y árboles, era un paisaje hermoso, el modernismo a mi siempre me ha interesado mucho y estar en un Hospital sin ver desde la ventana pisos en construcción es un bien impagable. A las 24 horas de haber sido intervenida ya me hicieron dar un paseo y darme una ducha, tarea ardua ésta porque no te apetece, lo que le me gustaba era dormir y dormir. Pero el despertar es de órdago, muy pronto si se tiene en cuenta que estás allí para recuperarte y todo es muy lento, pero el desayuno, las camas, el aseo de la habitación y los paseos por el pasillo formaban parte de esa recuperación. Luego está la otra cuestión, el médico que viene todos los días pero nunca se sabe a qué hora. Hacen bien, en realidad yo no me iba a ir antes de que me dieran el alta. Rafa dormía a mi lado en un sillón muy incómodo, y durante el día estaba Fina, cuando a Rafa la espalda ya no le aguantó más cambiaron el turno.

Durante el día iba desde la habitación paseando hasta la sala de espera en la que una inmensa cristalera me permitía ver las obras de reconstrucción de algunos pabellones y la imagen impoluta de los otros. La Sagrada Familia a lo lejos arranca desde hace años con lentitud y está en obra perenne, todos los días al despertar veía que la obra parecía no progresar y sin embargo se trabaja en ella cada día, una contradicción.

He vivido el Hospital de Sant Pau desde su interior cuando ahora dentro de pocos meses, dicen, ya todo este centro médico estará trasladado a las nuevas instalaciones que han hecho justo al lado, más moderno, con mucho cemento, en la falda de la montaña y en donde el actual Sant Pau se queda abajo y dudo mucho que desde las habitaciones nuevas se pueda admirar esta joya de la arquitectura modernista. El Hospital de Sant Pau dejará de ser hospital para acoger en sus pabellones oficinas importantes relacionadas con el Mediterráneo. Seguirán allí la Facultad y el Centro Docente, pero todo lo que yo he vivido, ese paseo por sus tripas, ese viaje acelerado en ambulancia pasarán a la posteridad, todo queda ahora en un edificio inmenso en donde se llegará a los quirófanos como en la mayoría de otros hospitales en camilla y en ascensor. Las habitaciones me han explicado que son más grandes y todas tienen ducha. Más moderno y más cómodo, no puede ni debe ser de otra manera.

Cuando llevaba tres días y ya me sentía muy bien me levanté una mañana con una pájara y empecé a decir que todos los pabellones me parecían una mona de Pascua y que me quería ir a casa, lo típico en esos casos, una tarde una de las enfermeras que nos vino a tomar la tensión y la temperatura se rió con lo que le decía y cómo ensoñaba, y mirando desde la ventana hacia los edificios me dijo: “Yo nunca me canso de mirarlos, cuando vayamos arriba los echaré en falta, yo me quedaría aquí aunque sé que allí arriba tendremos mejores condiciones para trabajar, ¡llevo tantos años con éste paisaje en mi vida¡”. Ese día cuando llegó Rafa hablamos de esta construcción y de lo que la leyenda ha escrito: “Seguro que hay una corriente de energía entre la Sagrada Familia, Sant Pau y el Parque Güell ya que si se traza una línea en diagonal todos convergen y en su momento Doménec i Montaner esto lo tenía en cuenta”, hay otros que aseguran que el mecenas y el arquitecto eran masones y que algunos de los signos externos de las torres así lo manifiestan, incluso lo han escrito estudiosos historiadores.

La sanidad pública tiene mala prensa e incluso nosotros, los periodistas, hemos sido testigos de hechos que nos han chocado y que hemos aireado a los cuatro vientos para intentar que se paliaran, ahora estoy explicando esta experiencia personal para todo lo contrario. Escribo en primera persona, cosa que me disgusta mucho, pero para dar fe de que también hay muchas cosas que funcionan, a mí me dijeron que no me podían diagnosticar y que por lo tanto era inapropiado decirme qué es lo que tenía y para ello, sin ser urgente, debían priorizar mi caso. En un mes y medio me vieron, me prepararon para intervenir y me dieron el alta hospitalaria. Es cierto que en el Seguro muchas personas hacen años de espera, es cierto que esto debería solucionarse, pero es cierto también que si un caso requiere una solución preferente o urgente, se la dan. Quede claro, que entré en Sant Pau sin conocer al equipo médico que me intervenía, nunca jamás había acudido a este hospital para hacerme ningún tipo de prueba. Tengo una buena salud que a veces necesita una puesta a punto como ha sido este caso. Mi médico internista de muchos años (yo los tengo) el Dr. Enric Serradell conoce bien mi salud y se ocupa de ella con minucia, antes de ir a Sant Pau me dijo. “Tere tienes que quitarte este mioma”. La realidad es que me quitaron dos melones de cinco kilos que mi vientre había elaborado. Estoy fantástica y se lo debo a la pericia y a la contundencia de las explicaciones del equipo del Dr. Ramón Rovira.

Cuando dudé en operarme en Sant Pau el Dr.Rovira me dijo muy seriamente: “Si no se opera aquí, por favor que el médico que escoja sea un buen profesional”. Esta frase me dio la seguridad de que estaba en buenas manos. Antes no les conocía, ahora aconsejo a todas aquellas personas que tengan dudas acudan a ellos. Saben lo que hacen y se lo agradezco y trabajan para la Seguridad Social. Un lujo para los ciudadanos. Ah! se me olvidaba la cicatriz cada día más se está convirtiendo en un hilo invisible que sale de mi ombligo para perderse en el infinito, otro lujo.

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