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Etiquetas:   Opiniones de un paisano   -   Sección:   Opinión

De las sombras del 23-F y la necesidad de un referéndum

Mario López
Mario López
sábado, 18 de abril de 2009, 11:13 h (CET)
Hoy, una vez más, Nacho Escolar nos vuelve a sorprender y deleitar con su extraordinaria capacidad de trascender a los teletipos y servimos noticias de enjundia que el común denominador de la prensa española es incapaz de aportar (o al menos lo finge). Nos rescata de las sombras de nuestra memoria reciente un comentario, verdaderamente sobrecogedor, del teniente coronel Tejero, casi silenciado por el ruido de las armas de sus subordinados y por la amnesia política de muchos otros. “Quietos, que vais a darle a los nuestros”.

Con razón, Nacho se pregunta que cómo el tricornio más mundial de nuestra historia dice “los nuestros”, cuando en el hemiciclo sólo había un fascista reconocido: Blas Piñar. Mucho se ha hablado de la trama conspirativa subyacente al tejerazo. Pero no se ha acabado de ahondar en serio, ni se ha decidido aún transcribir a los libros de textos y enciclopedias la relación nominal de los conspiradores y de los golpistas. “Los nuestros” en los que piensa Tejero, cual loba defendiendo a su camada, bien podrían ser aquellos políticos que, en charlas más o menos informales, dieron a entender a la cúpula militar que existía un ambiente favorable a la creación de un gobierno de concentración presidido por el almirante Armada, el tutor y más fiel servidor del rey Juan Carlos. Aún tuvieron que pasar varios meses después del 23-F para que el Ejército volviera a la normalidad constitucional (como bien nos consta a los que entonces estábamos haciendo la mili), lo cual pone claramente en manifiesto que los rescoldos del golpe aún estaban bien vivos. Sobre la conjura de los políticos no se ha querido ahondar. Pero somos muchos los que estamos en la convicción de que las listas de gobiernos anticonstitucionales, redactadas por políticos bien dispuestos a pasarse la voluntad popular por debajo de la pata, fueron una realidad incuestionable. El golpe de Tejero pudo haber sido una torpe manera de desencadenar el golpe institucional que se venía pergeñando entre bambalinas, pero lo cierto es que tal conjura fue un hecho real que, de haber prosperado, nos hubiera deparado un gobierno inconstitucional presidido por un militar y avalado por la Corona. Del golpe militar la institución que salió más reforzada fue precisamente la Corona. Para entenderlo peor, dicho en latín: "cui prodest scelus, is fecit" ¿No ha llegado ya el momento de someter al escrutinio de la ciudadanía la forma de gobierno por la que nos queremos regir?

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