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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

David contra la autocracia partidista española

Miguel Massanet
Miguel Massanet
sábado, 18 de abril de 2009, 06:16 h (CET)
Cuando hemos sido capaces de comprobar que los grandes partidos nacionales, el PSOE y el PP, ante la grave recesión por la que estamos atravesando los ciudadanos españoles, se están comportando como si España fuera sólo una especie de juego de niños, algo así como un juguete bonito por el que se enfrentan ambos, no con la intención de compartirlo, no buscando darle un uso adecuado y un trato amable y considerado, sino, más bien, para utilizarlo en exclusividad para sus fines, de modo egoísta y desconsiderado, con la única intención de despedazarlo o convertirlo en chatarra al efecto de , con los restos del destrozo, intentar construirse otro, distinto, peor y con pocas posibilidades de funcionar; nos hemos podido preguntar si, en esta España secular, ya no quedan personas con las suficientes agallas para entrar en la liza política para recoger el malestar de tantas personas desengañadas, hartas de ser maltratadas por la clase política, de la prepotencia de los gobernantes, de que se nos recorten las libertades y se atente contra nuestros sentimientos morales y religiosos; todo ello en aras de una supuesta regeneración progresista y laica de la sociedad, cuyas consecuencias primeras ya hemos tenido oportunidad de presenciar y comprobar en primera persona durante los años que lleva gobernando el Ejecutivo del señor Rodríguez Zapatero.

Es verdad que, ante esta especie de locura que se ha apoderado de una parte de los políticos, ante esta calculada y especulativa deriva hacia modos tangenciales de conseguir el poder, si no en toda la península, al menos sobre algunos pedazos de ella, en territorios que saben positivamente que van a encontrar el terreno abonado para su siembra de cizaña separatista; poca cosa se ha hecho. Más bien, si queremos ser objetivos, lo poco que se ha intentado hacer ha sido, en lugar de cortar de raíz los primeros conatos, los incipientes focos de insurrección, procurar, en su lugar, congraciarse con los levantiscos, pagar los chantajes que les han impuesto y tragarse las humillaciones que, por parte de aquellos, se han infringido a la nación, a la bandera, a los españoles y a la propia Constitución, que ha sido vapuleada de forma traicionera y ruin, precisamente por quienes, por sus cargos y responsabilidades, tenían el deber y la obligación de haberla defendido evitando que el mal se fuera propagando, como ha ocurrido, hasta el punto de, en la actualidad, haber hecho metástasis a varias de la comunidades donde el separatismo ha conseguido imponer su ley. Por desgracia tampoco se puede descartar al propio Tribunal Constitucional, que está dando ejemplo de sectarismo, arribismo político y absoluta falta de independencia para cumplir con el cometido que le corresponde en cuanto a la defensa de la vigente Constitución. Prueba flagrante de ello es el trato desconsiderado, dilatorio en el tiempo y carente de cualquier justificación, que se les está dando a los recursos interpuestos ante dicho tribunal poniendo en cuestión la constitucionalidad del tristemente famoso Estatut catalán. Una muestra de cómo la Justicia baila al son de lo que dispone el Gobierno de turno.

No obstante, aunque de forma inconexa y como meros ensayos, pero como un claro signo de que alguna parte de la sociedad ya ha empezado a convencerse que en manos de los dos grandes partidos pocas esperanzas tenemos de salir con bien del agujero en el que nos han metido aquellos que sólo han procurado para sí, han barrido para sus intereses sin importarles ni un bledo los ciudadanos (que por su causa, su negligencia, su incapacidad para gobernar y su maniqueísmo para con la sociedad, son los que están padeciendo en sus propias carnes los resultados de una errónea y culpable mala gobernación del país); están comenzando a aparecer pequeños grupos, apenas guerrillas si se quiere, pero alentadoras esperanzas de que todo no está perdido y que, en España ya se empiezan a despertar las conciencias que quieren dejar testimonio de su repulsa contra esta enorme ciénaga de podredumbre en la que se han empantanado los dos grandes partidos, que han sido incapaces de sustraerse a las tentaciones de clientelismo, endogamia, chauvinismo, presidencialismo y, todo ello, con un desprecio absoluto por la democracia interna; de tal forma que las bases han quedado separadas de las oligarquías dirigentes por un inmenso vacío que se ha constituido en un obstáculo insalvable al que ya han renunciado intentar superar.

Aunque nada más sean dos pequeñas islas en el mapa político, meros reductos de inconformismo con este estado de cosas, tanto el partido de la valiente y arrojada Rosa Diez, UPyD, como el de “Ciudadans”, del señor Albert Rivera, no se detienen ante las enormes dificultades a las que tienen que enfrentarse –entre ellas el coste económico que cada campaña electoral supone para las pequeñas agrupaciones políticas –, y parecen dispuestos a concurrir con más ánimo, valentía y quijotismo que posibilidades de lograr algún escaño, a la próximas elecciones del 7 de junio al Parlamento Europeo. Es de admirar que personas como don Miguel Durán se lancen a una lucha en la que tienen poco que ganar y, seguramente, mucho que peder; pero así y todo merece todo el respeto de la ciudadanía por enfrentarse con tan poco bagaje a esta desigual batalla, al frente de la candidatura presentada por la coalición Ciudadanos-Libertas. Al menos no se quedan de brazos cruzados esperando que los demás nos saquen las castañas del fuego y nos dan un ejemplo a aquellos que queremos que cambien las cosas, pero que permanecemos estáticos viendo como delante de nuestros ojos lo que fue España se va desmoronando, como si se tratase del antiguo Muro de Berlín, bajo la piqueta persistente y demoledora de este socialismo que nos ha invadido como si se tratara de una recidiva de las hordas de los Hunos, esta vez disfrazados de paniaguados, chupones, progres, antisistema y miembros de la farándula que, bajo las órdenes del Atila-Zapatero, a lomos de la recesión económica, están dejando el país yermo de cualquier atisbo de esperanza, riqueza y bienestar.

Notamos a faltar personas de gran categoría política, que parece que se han esfumado del panorama mediático y que permanecen desaparecidos de la escena pública sin que, por lo visto, los tristes acontecimientos que nos vienen acompañando con persistente reiteración, les motiven para tomar una actitud más participativa, más solidaria con aquellos ciudadanos que se vieron privados, por la impericia del señor Rajoy o por su falta de visión o, lo que aún sería peor, por quitarse de en medio a aquellos compañeros que le pudieran haber hecho sombra en el PP; de su valiosa colaboración en el seno del partido popular del que, por cierto, cada vez quedan menos de la vieja guardia que van siendo sustituidos por nuevos afiliados, de estos que se dejan influir por el relativismo ético y moral vigente con lo cual es muy probable que, en un breve espacio de tiempo, ya no quede del antiguo partido de Aznar más que alguna de aquellas azules gaviotas que sobrevolaban en un cielo de ilusiones y esperanzas.

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