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Etiquetas:   Ver   juzgar y actuar   -   Sección:   Opinión

Acabar con los pobres

Francisco Rodríguez Barragán
Francisco Rodríguez
jueves, 16 de abril de 2009, 04:38 h (CET)
Un amigo decía a menudo, para escandalizar a sus oyentes, que la mejor manera de terminar con la pobreza era matar a los pobres. Lo que decía en broma mi amigo, es bastante aproximado a lo que de forma persistente tratan de conseguir destacados organismos de la ONU, organizaciones no gubernamentales radicales y naciones “progresistas” empeñados en reducir la natalidad en los países menos desarrollados, condicionando incluso la ayudas al desarrollo a la implantación de programas de control de la natalidad por medios anticonceptivos e implantación legal del aborto.

La gente es considerada una carga y no un recurso de nuestro planeta, por eso en lugar de buscar formas de repartir mejor los alimentos para acabar con el hambre, se quiere limitar drásticamente el número de comensales. Los que se denominan “expertos” y que han ido ocupando y controlando los organismos de la ONU, a partir de las Conferencias Internacionales van introduciendo sus ideas a través de la manipulación del lenguaje, formulando rimbombantes eslóganes, que pueden significar cualquier cosa. Por ejemplo eso de la salud sexual y reproductiva pude significar tanto la lucha contra el SIDA o la protección de la maternidad, como el “derecho al aborto seguro”, es decir, aceptado, legalizado y facilitado por los gobiernos.

Con motivo de celebrarse en estas fechas el 15 aniversario de la Conferencia del Cairo sobre Población y Desarrollo, la Comisión correspondiente de la ONU preparó un documento en el que se esperaba un nuevo impulso hacia la extensión del aborto. El Fondo de Población de Naciones Unidas y el Centro de Derechos Reproductivos, defensores del aborto, han estado presionando con los derechos y la salud sexual y reproductiva, invocando los Objetivos del Desarrollo del Milenio. Aspiraban a introducir programas de planificación familiar y salud reproductiva para luchar contra la pobreza en los países menos desarrollados, forma eufemística de hablar de los métodos anticonceptivos y del aborto.

Cuando iban a finalizar los debates de las distintas delegaciones en la citada Comisión de Población y Desarrollo, que habían girado, obviamente, sobre los derechos y salud reproductiva y sexual, que algunas ONGS y otros organismos de la ONU habían utilizado para promover el aborto, fue el Irán el que se opuso y manifestó que el contenido de tales palabras no había sido acordado en la Conferencia del Cairo como base para crear ningún derecho al aborto. La propuesta iraní tuvo que ser aceptada para poder aprobar el documento por consenso.

Otras delegaciones como las de Polonia, Irlanda o Chile insistieron en que el aborto no fue incluido como un nuevo derecho en la Conferencia de Población y Desarrollo y que los términos “derechos reproductivos, servicios de salud reproductiva o salud sexual y reproductiva” no podrían ser interpretados para aprobar, respaldar o promover el aborto, como vienen intentado diversos órganos de Naciones Unidas.

Lo sucedido en esta Comisión de la ONU pone al descubierto que se enfrentan dos concepciones claramente contrapuestas: las que ven a las personas como el mejor recurso del planeta o como una carga que hay que aligerar reduciendo la fertilidad. La presión del Fondo de Población y de otros órganos de Naciones Unidas con la decidida colaboración de las ONGS declaradamente abortistas, como la Internacional de Planificación Familiar, no van a cejar en su postura de que los países menos desarrollados sólo podrán salir de si situación de pobreza reduciendo por todos los medios su tasa de natalidad. Su lucha contra la pobreza la conseguirían no dejando nacer más pobres.

Mientras tanto, en el mundo occidental envejece. Aquí, donde no hay problema de hambre y escasez es donde hemos reducido la población, incitando a una sexualidad sin reproducción, utilizando masivamente medios anticonceptivos y legalizando el aborto. Algunos países han empezado a percatarse del problema y tratan de favorecer un aumento de la natalidad, no España que de forma totalmente irresponsable amplía el aborto.

Los defensores de la vida nos enfrentamos a poderosas corporaciones del látex y los anticonceptivos y a los boyantes negocios de las clínicas abortistas, aliados fieles de la progresía política desde las alturas de la ONU a nuestros gobiernos. Lo que no imaginaba es que el Irán de Ahmadineyad tuviera más arrestos para oponerse al aborto, que la mayor parte de las naciones europeas que tanto presumimos de nuestro modelo de sociedad.

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