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No hay peor cuña que la de la misma madera

Miguel Massanet
Miguel Massanet
miércoles, 15 de abril de 2009, 04:23 h (CET)
En ocasiones es conveniente ir fisgoneando por las noticias de los periódicos para encontrar alguna “perla” que valga la pena de comentar. No es usual tropezarse con alguien de un partido que se atreva a disentir de los procedimientos, tácticas y decisiones de quienes ostentan la dirección de la formación política a la que pertenece. Pero todavía puede que sea más raro que, esta persona, pertenezca a la vieja guardia del PSOE, que tenga una voz autorizada en él por haber pertenecido a la plana mayor del socialismo hispano y que, además, sea una persona a la que no le importe decir las “verdades”, para que sean difundidas a través de la prensa. Así pues, cuando vi la fotografía del señor Joaquín Leguina ilustrando el encabezamiento de un artículo en el que expresaba su opinión sobre la forma de gobernar del señor Zapatero, me entró la curiosidad y puedo decir que no quedé decepcionado con su contenido.

Es chocante que el señor Leguina toque un punto al que muchos nos hemos referido en otras ocasiones, por lo que tiene de paradigmático respecto a una forma de entender la gobernación de una nación. Se trata del Plan Hidrológico Nacional que, el PP del señor Aznar, estuvo confeccionando, buscando el consenso con las comunidades afectadas ( entre ellas alguna socialista) con la intención de lograr un preacuerdo que permitiera llegar a una ley que solucionara, de una vez y por medio de una serie de trasvases y obras hidráulicas de importancia, el eterno problema de España en cuestiones de desigualdades en los recurso hídricos de las distintas zonas del país. Estaba ya muy adelantado y, si hubieran ganado las elecciones del 2004, es seguro que muchos de los problemas por los que algunas regiones de la península han debido pasar, se hubieran podido obviar o, al menos, atenuar en gran parte. No fue así y, contrariamente a lo que cualquier persona sensata hubiera podido esperar, el gobierno socialista del señor Zapatero no dejó transcurrir ni un mes, no se tomó la molestia de revisarlo para salvar de él aquellas partes en las que hubiera podido coincidir, sino que, en un gesto de prepotencia y falta de sentido común, por el solo hecho de que era una inciativa del PP, mandó el proyecto a los mismísimos dominios de Pero Botero donde, seguramente, porque el diablo es diablo pero no tonto, debieron hacer un buen uso de él.

Pues miren por donde nuestro señor Leguina no se ha cortado un pelo y ha dicho, con todo desparpajo y meridiana claridad, que el señor “Zapatero ha saqueado el Estado” con la política hidráulica. Ha manifestado que la política hidráulica del Gobierno de Zapatero es un “despropósito” y que lo que ha hecho el señor Presidente ha sido iniciar un viaje “disparatado” hacia la “rebatiña demagógica”. Lo cierto es que, aparte de enriquecer mi vocabulario de castellano con la palabra “rebatiña”, que debo reconocer, humildemente, que me era desconocida; el señor Leguina ha puesto los puntos sobre las íes. Nuestro articulista habla de que se ha pasado de la consigna socialista “agua para todos” a “el agua es mía y me la quedo yo”. Es de señalar que, precisamente, ésta fue la actitud egoísta y absolutamente insolidaria de Aragón y Catalunya cuando, el año pasado, ambas comunidades se unieron para impedir que el Ebro fuera trasvasado al sur-este peninsular para aliviar la pertinaz sequía sufrida por las comunidades Valenciana y Murciana. Todavía ha sido más disparatada, si cabe, la solución alternativa arbitrada por el PSOE para intentar suplir lo que fue el PHN con las famosas dessalinizadoras marinas que, en número de 33, debían construirse en lo que se dice un plis plas y que, no obstante, sólo han llegado a ponerse en marcha unas pocas; con la particularidad de que son carísimas, gastan mucha energía y, por si fuera poco, parece que también contaminan y, como es natural, su capacidad de producción es limitada lo que pone en evidencia que para atender a comunidades donde existe tanto regadío, como son Murcia y Valencia, el precio del agua para regar sería prohibitivo.
Lamenta el señor Leguina que Zapatero llegase con su “España plural” y, sin más trámite, decrete que los transvases son “reaccionarios” ¡magnífica la palabra escogida por el ex diputado socialista para pegarles en el mismo hocico a sus correligionarios, que suelen utilizar dicho término con un sentido peyorativo cuando hablan de la derecha! En cambio, por lo visto, las dessalinizadoras tienen el carácter más bien “progresista”, con lo que ya hemos dejado solucionado el problema de la sequía en España por medio de la politización de los dos respectivos planes.

Concluye, el señor Leguina, con una reflexión que sin duda puede levantar ampollas en algunas de las autonomías tradicionalmente gobernadas por el PSOE, cuando afirma: “Lo diré claro: una izquierda, tan nueva como la actualmente reinante, que propicia o permite tales saqueos del Estado, será nueva, pero no es de izquierdas ni por el forro”¡Trágate esta José Luis! Lo cierto es que, si observamos sobre el mapa de España lo que está ocurriendo con el agua, no cabe lugar a confusión alguna respecto a las autonomías más insolidarias respecto al aprovechamiento del líquido elemento que son, precisamente, aquellas que están gobernadas por los socialistas; así es que podemos constatar como la cuenca del Guadalquivir fue expropiada, por el Estatuto de Andalucía, al resto de los españoles; el río Ebro que se lo apropió Aragón y finalmente, parece que Castilla–La Mancha, también a través de su Estatuto, pretende decretar el final del trasvase Tajo–Segura.

Si quien hubiera hecho estas declaraciones hubiera sido cualquier otro político de un partido rival del PSOE, alguien le hubiera podido achacar una finalidad política, un modo de desprestigiar al partido de Zapatero o una intención de robarle votos; es probable que no se le hubiera hecho caso. Sin embargo, señores, el señor Leguina, que no debemos olvidar que fue el primer presidente de la comunidad madrileña por el PSOE, no puede ser tachado de querer favorecer a otro partido y, por consiguiente, sus comentarios están llenos de buen sentido y de un sano reproche para la actuación de unos señores que, lo único que han hecho, ha sido desprestigiar a la izquierda y al propio PSOE, valiéndose de cuyas siglas han cometido una serie de tropelías que han acabado por poner a España en la situación en la que nos encontramos; a la cola de Europa, endeudados y con un déficit público que ya se está empezando a pronosticar que va a llegar al 8%, cuando el máximo permitido por las normas emanadas de Maastricht es del 3%. No es raro que el señor Solbes y su amigo, el señor Vergara, se hayan ido de sus cargos, como se dice en Panamá: “como los de Chepo”.

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