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Etiquetas:   Cine   -   Sección:  

'El exorcista IV: el comienzo', de Renny Harlin

Ignacio Bilbao Larrea
Redacción
martes, 30 de noviembre de 2004, 22:49 h (CET)
Antes que nada, para poder hacer una crtica m s profunda de este film, es necesario conocer un poco la historia del rodaje. As, conviene saber que, en primer lugar, iba a ser dirigida por el buen realizador John Frankenheimer, hombre ya mayor que hab a conocido mejores tiempos pero que an conservaba no s lo una honda experiencia, sino unos probados mimbres para poder llevar a buen puerto una empresa de estas caractersticas.

El pobre Frankenheimer muri antes de ponerse a rodar, cuando tena pr cticamente todo dispuesto. Nunca se sabr, pues, qu hubiera logrado. Los productores, entonces, escogieron, con grandsima sorpresa en el mundo del cine, a Paul Schrader.

Schrader, que siempre ha mostrado en sus filmes la lucha del hombre consigo mismo y con sus creencias religiosas y morales, ide la cinta como tal, dando el mximo valor a dichas confrontaciones entre el hombre (en este caso, un sacerdote cat lico) y su maltrecha fe, quizs no tanto en Dios, sino m s bien en el hombre, capaz de horrendas actuaciones para con sus semejantes.

Schrader rod todo el film y cuando los productores lo contemplaron se quedaron horrorizados, pues no era lo que ellos hab an supuesto ni, quizs, pedido. Como el tiempo se les echaba encima y ya hab an perdido mucho dinero, contrataron a un todo terreno del cine de accin, Renny Harlin, ex-marido de la estupenda y pr cticamente retirada del cine Geena Davis.

El resultado, y ah comienza mi cr tica, es sencillamente penoso. Ninguna situacin plausible, ning n momento mnimamente logrado, un error tras otro. El comienzo no tiene fuerza, pero s poder subyugante. El espectador piensa qu habr ocurrido y cuando terminan los ttulos de cr dito comienzan los desatinos.

Mucho dilogo, demasiado pero sin fuerza, sin datos relevantes, mon tonos, sin sustancia. Sustitos apuntalados por msica grandilocuente, primeros planos de los personajes mientras la c mara les sigue de cerca o tras algn mobiliario o pared, a la manera (que ya cre amos bastante superada) de los giallios italianos, y empleo chusco de trucos que pretenden tapar, sin lograrlo, la penuria expositiva y cualquier atisbo de imaginacin.

Los personajes carecen de vigor y sus cuitas no interesan lo m s mnimo, ya que todo est expuesto de forma plana, sin conviccin en lo que se hace. La realizaci n es pobre y desastrada, por ms que haya positivos aspectos como la buena fotograf a a cargo de Vittorio Storaro o la simpar belleza de Izabella Scorupco.

Su parte final no es nada especial, incluso es algo ridcula, pero tal y como es el resto, se agradece de veras pues al menos se produce la ansiada confrontaci n entre el bien y el mal, entre el protagonista y el Angel Cado. Claro que ya sabemos que ocurrir , pero gracias a la mala direccin de Harlin, que tal vez no pudo hacer nada con el material de derribo que ten a (su psimo y paup rrimo guin), se hace insufrible su espera. En fin, floj sima.

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