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Etiquetas:   Disyuntivas   -   Sección:   Opinión

Ficciones reales

Rafael Pérez Ortolá
Rafael Pérez Ortolá
lunes, 13 de abril de 2009, 11:37 h (CET)
Aunque lo parezca, este título no es del todo insensato. Pronto nos apercibiremos de que todos estamos sometidos de alguna manera a esta añagaza de la ambigua REALIDAD. Los literatos pujan por el mayor grado de realidad apegado a sus fantasías. Los políticos …, casi mejor no ahondemos; por que se mantienen permanetemente en esa tesitura, dónde se sinceran, dónde ejercen labores de captación, dónde mienten. Cada persona discurre por sus senderos, a los que considera únicos, universales. Abusos y beneficios, venturas y desventuras se desparraman en torno a estos conceptos.

Se nos presenta como muy problemática la valoración de una determinada posición intelectual o de una conducta concreta llevada a cabo. ¿Hata qué punto calibramos de verdad sus grados de consistencia? Proliferan las RAMIFICACIONES, las repercusiones y consecuencias derivadas de aquellas opciones. ¿A cuál de esas variaciones atenderemos? Los datos son escuetos, simples números o señales, fechas o palabras; apenas ilustran el fondo de lo acontecido. La referencia al tiempo nos sitúa en un contexto y en una duración, como influencias importantes. No es lo mismo con unos protagonistas o con otros; por su posición, valía o relación personal, modificarán las conclusiones que vayamos adoptando.

Tampoco podemos esquivar las corrientes culturales más próximas al entorno personal; COSTUMBRES, leyes y acompañamientos, ejercen sus efectos. Cuando todo esto ocurre al mismo tiempo que nuestra existencia, resulta patente la dificultad para unas afirmaciones contundentes; siempre correremos el riesgo de desviarnos, de ser parciales. Cuánto más difícil será, si pretendemos posicionarnos sobre eventos de otros momentos o de otras áreas geográficas; máxime si disponemos únicamente de documentos y comentarios fragmentarios, o se empeora esto por informaciones tendenciosas o falsas.

Al centrarnos en la consideración de algún individuo en particular, con excesiva ligereza, le atribuimos calificativos rotundos. Sinvergüenza, competente, bondadoso, responsable. Sin embargo, en ello incluímos RASGOS de muy diferente pelaje, una mezcla importante de factores; de incluirlos, ya no podríamos ser tan contundentes. ¿De cuáles de llos prescindimos? ¿Los conocemos todos? La afirmación puede quedar en una apreciación de escaso fuste, sobre todo si eliminamos rasgos cruciales. La estructura mental y la personalidad de aquel sujeto se verá reflejada en sus actuaciones. Hacia fuera y hacia dentro, la complejidad es evidente por sí misma. Hemos de contar con esas variantes en el comentario de las ficciones de hoy, al acercarnos a las actuaciones de cualquier individuo.

Analicemos uno de los sucesos ocurridos en la trastienda de la Guerra Civil del 36. En concreto, el secuestro y ASESINATO de un sacerdote en su pueblo alicantino. Estaba en casa, con su familia, ya agazapados y temerosos. Allí acudieron unos pérfidos y alevosos vecinos del mismo pueblo, amparados por el grupo; y sin ninguna atención a súplicas, arrastraron consigo a la víctima. A unos 20 metros, al otro lado de la calle, vivía el alcalde; tampoco resultaron efectivos los ruegos llamando a su puerta. En las cercanías, en las afueras, se consumó la felonía. La mención de este hecho concreto, pone de manifiesto una de las situaciones trágicas en la que los comportamientos se radicalizan.

En este asesinato, como en tantos otros, anteriores y recientes; aparece el fenómeno de las NARRACIONES CONFLUYENTES, de inusitada repercusión en la tragedia, y en ningún caso justificativas de la misma. Explican, eso sí, el volumen de realidad adquirido por la calentura de la ficción mental; la evolución de las diversas tramas y componendas conducentes a los desmanes. El alcalde nefasto e irresponsable que mantiene el cargo, pero se inhibe ante el asesinato de su vecino. ¡A que suena como actual! Los cobardes ejecutores, con ese protagonismo cruel amparados en la masa irreflexiva. Citemos también como despreciables a los instigadores de su entorno. Hubo vecinos soplones, escondidos como alimañas; este tipo de conductas e informaciones se desliza en ciudades y pueblos de ahora, de hoy mismo. ¿Dónde y cuándo se fraguan las ideas razonadas generadoras de esas conductas? Los ejemplos abundan en otros campos y formas de pensar.

Ahora se lleva eso de la reconstrucción histórica, para poner al día los acontecimientos más relevantes. Se llenan páginas y se acaparan pantallas, pero sin entrar en el meollo del asunto. Qué es eso de lo significativo, de lo RELEVANTE, ¿Para quién lo es? ¿Qué sabemos de los silencios o falsificaciones? ¿Nos conformamos con los datos estadísticos? No es tan sencilla la simplificación de conceptos. Las sendas intrincadas, callejones y laberintos, favorecen la confusión; una vez instalados en ella, el más vociferante se impone, aunque no disponga de argumentos apropiados, ni tampoco de ganas para la profundización sobre una situación creada. Qué importarán las maniobras y propagandas, vuelvo a la pregunta; relevante, ¿Para quién?

No acabaríamos nunca, son tantos los matices, las tácticas utilizadas para la búsqueda de una realidad concreta; que, abrumados, quedamos perplejos. Al final, resulta determinante la actitud con que se abordara cada suceso o evento histórico, con que ánimo y medios se busque. Es decir, como personas, se exige un razonamiento previo, poner sobre el tapete unas ideas, para la elaboración de unos criterios meritorios, justos y favorecedores de una convivencia satisfactoria. Así pues, ideas, criterios, conceptos, representantes de la FICCIÓN REAL que saco a colación. De cómo hayamos afinado en esa elaboración, cabrá esperar unos resultados óptimos o deleznables. Lo vemos a diario. ¿Con qué actitud nos acercamos a los hechos?

Como somos muchos, encontraremos un MUESTRARIO variopinto de conductas. Desde mentalidades deslavazadas, casi al margen de lo que se cuece, meros comparsas; los participativos y respetuosos, en un intercambio continuo de experiencias; los manipuladores, agresivos, con sus cortejos nefastos; hasta englobar a los más crueles y destructivos. ¿No habrá un lugar en el espacio para el establecimiento de un equilibrio convenido? Si no utilizamos los recursos para eso, ¿Para qué sirven? Educación, riquezas, técnicas, políticas, ¿Qué sentido les damos?

Las arbitrariedades impulsivas no son de recibo cuando perjudican a otros individuos. Se intuyen opciones diferentes y capacidades para afrontarlas, por lo que se deduce una ineludible obligación, la de una colaboración que no perjudique y que consiga mejores logros, en busca de lo EXCELENTE. No importa tanto el campo donde actuemos, tampoco si fuera público o privado; en la Universidad, en el trabajo, en las relaciones familiares, en todos los ámbitos. Se impone una aspiración superadora, con el requisito de la preparación mental citada, con sus mejores cualidades. ¿Qué obtendremos sin recurrir a ese planteamiento previo?

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