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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

¿Pero dónde va usted, señor Corbacho?

Miguel Massanet
Miguel Massanet
lunes, 13 de abril de 2009, 11:37 h (CET)
Puede resultar que a pesar las buenas intenciones que parecen tener los nuevos ministros y las esperanzas que el señor Zapatero haber puesto en ellos, las ilusiones de que nuestra economía salga a flote se queden en sólo buenas intenciones, deseos incumplidos y meros intentos de dar confianza a una población que, cada día, menos se fía de los políticos y en el caso de los que componen el Gobierno, todavía menos. Es muy curioso que el supérstite ministro de Trabajo, don Celestino Corbacho, apenas extinguidas las brasas de la remodelación del Gobierno –cuando la propia señora vicepresidenta del área económica, doña Elena Salgado, se ha mostrado dispuesta a un diálogo con empresarios y trabajadores para intentar conseguir su apoyo al nuevo proyecto, aunando esfuerzos –; se muestre tan tajante ante las propuestas que se le han hecho desde el sector empresarial en demanda de una reestructuración a fondo de la legislación sector laboral por la que se flexibilice el delicado tema de la contratación, se abaraten los costes de los despidos, se fomente la productividad y se moderen las reclamaciones de los sindicatos, empeñados en ignorar la situación extremamente peligrosa por la que estamos transcurriendo.

Ahora no es momento de sacar a relucir tiempos anteriores ni de refrescar viejas reivindicaciones laborales y sí, por el contrario, de analizar la situación de las empresas, no sólo del sector de la construcción, sino de todos los ámbitos industriales para ver cuales son las medidas precisas para conseguir que puedan salir a flote, eso sí, con el menor coste posible para sus trabajadores. Desde Europa ya hace tiempo que se nos está advirtiendo de la necesidad de amoldarnos a unas políticas laborales más de acorde con los nuevos tiempos y teniendo en cuanta las necesidades reales de las empresas, en cada momento en que la situación económica lo requiera; de modo que puedan ajustar la plantilla adaptándola a la situación de la oferta y la demanda. No se puede pedir a los empresarios que se conviertan en los tutores de su plantilla si ello supone que la empresa pueda entrar en crisis o tenga dificultades para enfrentarse a una competencia más ágil. Lo que ocurre es que, esta medida, ya debiera haberla acometido el Gobierno hace tiempo y seguramente si hubiera actuado con menos demagogia y más valentía muchas de las situaciones con la que ahora tienen que apechugar muchas sociedades no se hubieran producido. No se puede querer contentar a todos con paños calientes y mucho menos ponerse de parte de los Sindicatos cuando estos han dado muestras desde que fueron reimplantados de nuevo cuando llegó la democracia, de procurar más para ellos mismos que de preocuparse por los intereses de los obreros.

Lo que ocurre es que la nueva responsable de nuestra economía, la señora Salgado, ha recibido una herencia envenenada de su antecesor y, por añadidura, a una nación endeudada y carente de crédito exterior. Se han despilfarrado miles de millones de euros en intentar tapar agujeros, empezando por los de los bancos a los que se les favoreció con inyecciones de ayudas económicas, se les compraron activos tóxicos y se los reforzó para que reanudaran la concesión de créditos, sin que la medida haya beneficiado a nadie más que a las propias entidades crediticias que han preferido blindarse, reparar los destrozos en sus balances a reanudar sus préstamos de forma que los pocos que se conceden se hacen bajo condiciones draconianas y sólo a aquellas personas o entidades que puedan demostrar su gran solvencia. Con cuatro millones largos de parados, con miles de nuestras medianas y pequeñas empresas con el agua al cuello o ya definitivamente quebradas y con la poca confianza con la que los ciudadanos miramos a aquellos que nos han venido engañando durante más de un año para después salir a decirnos que estamos metidos en una crisis peor que la famosa de 1929; es algo así como un milagro que los ciudadanos de a pie nos decidamos a confiar de nuevo en el sistema y saquemos de nuestros bolsillos los ahorros que hemos puesto a buen recauda por si se pierde el puesto de trabajo, se agrava la crisis financiera o nos quedamos descolgados de la UE, posibilidad que no debemos descartar debido a que nos hemos convertido en el patito feo de toda al eurozona.

El señor Corbacho nos sale ahora amenazando con que “va a gobernar con CC.OO si los empresarios no ceden en sus pretensiones”. No estaría mal que se informase de la necesidad de que España recupere la unidad de mercado y a tendiese a un estudio publicado por la FAES y confeccionado por dos profesores de economía de la UCM, en el que, entre otras interesantes cuestiones, se dice: “la actual deriva del proceso de descentralización económica está provocando la fragmentación del mercado nacional” por ello, sigue diciendo el estudio al que nos referimos, está en riesgo la unidad del mercado en España y lo está a causa de que las 17 autonomías actúan por libre . y cada una va dictando sus normas propias causando con ello la segmentación del mercado, elevan los costes de transacción, dificultan la movilidad, impiden extraer los frutos de un mercado amplio y lastran el crecimiento económico y la creación de empleo. ¡ Al parecer el señor Corbacho no piensa rectificar su política, seguramente aleccionado desde la Moncloa, y sigue empeñado en buscar el apoyo de los sindicatos antes de escuchar las voces de los economistas y los mismos empresarios, avaladas por los nefastos resultados derivados de pretendidas ayudas de tipo social que, como el caso de los famosos 400 euros (que resultó que los cobraron los más ricos y los pobres todavía no han conseguido ver ni uno solo); o el ambicioso proyecto plasmado en la Ley de Dependencia de la que sólo se han conseguido beneficiar una pequeña parte de aquellos que tienen derecho a percibir sus ayudas o, aquella Ley que establecía ayuda para los alquileres de los jóvenes que, en definitiva, sólo la cobran unos pocos y con grandes retrasos.

Las consecuencias, por desgracia, de una errónea política laboral son evidentes y basta hojear la prensa diaria para ver el descalabro generalizado que se viene produciendo en todo el tejido industrial español, lo que queda refrendado por el índice elevadísimo de ERE’s que se vienen presentando; los cierres de empresas, especialmente medianas y pequeñas; y la masa cada vez más impresionante de ciudadanos que se quedan sin trabajo; de entre los cuales ya sabemos que, al menos, 1.300.000 no perciben subvención alguna. No nos hable de “programas máximos”, refiriéndose a las propuestas empresariales, cuando él sabe que la situación actual sí es de “máxima gravedad” y si no se toman determinaciones draconianas no vamos a salir de ella con facilidad y, cuando lo hagamos, será después de haber dejado a España y su economía en condiciones mucho peores que las del resto de países que nos rodean.

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