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Etiquetas:   Contar por no callar   -   Sección:   Opinión

Guerra de barcos en Valencia

Rafa Esteve-Casanova
Rafa Esteve-Casanova
@rafaesteve
lunes, 13 de abril de 2009, 11:37 h (CET)
Hace dos años Valencia bullía en fervor naval, ese verano iba a celebrarse la Ámerica’s Cup en los campos de regatas habilitados al efecto frente a las playas de La Malvarrosa y El Saler y eran muchos los que se frotaban las manos pensando en las ganancias que la llegada de uno de los eventos marinos mundiales a la ciudad del Turia les reportaría, el gremio de la hostelería contaba los euros que dejarían en sus registradoras los miles de turistas que nos anunciaban mientras los políticos en el poder se frotaban las manos pensando en los votos que el efecto propagandístico les depararía entre esa mayoría de valencianos tan dados al boato, a la fiesta y a dejarse llevar por cantos de sirena que les susurran sensualmente al oído que son lo mejor del mundo, si Alacant es “la millor terreta del món” València i Castelló no le van a la zaga y si la primera tapa con lonas durante la celebración del campeonato de la F-1 la consentida por Rita Barberá degradación del Cabanyal la segunda es ejemplo del más desastrado urbanismo y arquitectura ciudadana. Al fin y al cabo al Partido Popular en el poder no le podía ir nada mal un acontecimiento celebrado al lado del mar, no olvidemos que su enseña durante años ha sido la gaviota, un animal que se alimenta de la carroña.

El Papa había venido ha visitarnos un año antes, justo después de un terrible accidente de metro con más de cuarenta muertos y por cuyas consecuencias nadie dimitió, miles de valencianos hacían cola en el puerto par admirar unos veleros con los que soñar pero a los que nunca podrían acceder y nuestras primeras autoridades con Rita y Camps a la cabeza posaban un día si y otro también para la posteridad. Nuestra “región”, ahora Comunidad y patria de “conseguidores”, avanzaba en marcha triunfal, como dice esa música zarzuelera del maestro Serrano convertida en himno oficial en uno de los muchos renuncios a las señas de identidad que tuvieron los muchachos de la rosa marchita durante su mandato.

Los imponentes veleros regatearon en aguas valencianas, los que soñaban con llenar sus arcas de euros no lo hicieron tanto como pensaban a pesar de que más de algún amigo de los “conseguidores” de turno se forró y casi nadie se preguntó cuántos millones de euros del erario público nos había costado aquella fiesta a los valencianitos de a pie, nadie preguntó cuántos colegios públicos se podrían haber construido o adecentado con aquellos euros, cuántos ancianos necesitados podrían haber visto mejorada su calidad de vida o cuántos barrios de la periferia se podrían haber adecentado si aquellos millones se hubieran empleado en sus calles y plazas. Pero éramos los mejores y España nos miraba con envidia.

Así que se pensó en que en ediciones siguientes la Ámerica’s Cup volviera a aguas valencianas costase lo que costase. Pero no se contó con que dos de las tripulaciones de los veleros se consideraban vencedoras, Alinghi y Oracle reclamaban el trofeo y para ello decidieron, de acuerdo con las normas de la regata, que fuera la Corte de Nueva York quien dictaminara el nombre del velero vencedor. Ni la Alcaldesa ni el President de la Generalitat se arrendaron ante esta dificultad que entrañaba que nadie podía decidir si la próxima edición del trofeo se celebraría en aguas de Valencia. Ellos siguieron adelante y negociaron tan sólo con una de las partes incluso adelantado dinero a cuenta del canon de participación sin conocer el fallo de los jueces neoyorquinos. Incluso el pasado día 31 de Marzo firmaron un contrato con Ernesto Butarello, amo y señor de la America’s Cup Manegament, por el que comprometían nueve millones de euros tan sólo para celebrar una regata en el mes de Julio.

Al día siguiente, primero de Abril, los jueces de Nueva York dictaban una sentencia que obliga a los representantes de ambas embarcaciones a llegar a un acuerdo limitando además la regata a tres días en un duelo mano a mano entre los dos veleros y, previsiblemente en aguas del hemisferio Sur. Entonces los mandamases valencianos se sacaron de la chistera un apartado del contrato que hasta ese momento habían ocultado al Gobierno central y a la opinión pública y dejaron sin efecto el contrato firmado, un contrato que se rubricó con nocturnidad y alevosía por parte de la Alcaldesa y del representante de la Generalitat que sabemos lo hizo de mala gana al no atreverse Francisco Camps a enfrentarse con Rita Barberá cuando esta puso sus atributos, quiero decir la vara de mando, encima de la mesa de las negociaciones.

La prisa es mala consejera y en este caso las prisas por hacerse la foto le han gastado una mala pasada a “la mujer de hierro” que rige los destinos de la ciudad desde hace casi veinte años y que si el caso de los trajes de Camps salpica al President dará el salto al más alto cargo de la Comunitat. Valencia puede quedarse sin ese juguete de barquitos de vela que alguna y algunos han tomado como señuelo adormecedor de conciencias y telón donde ocultar las deficiencias que padece la ciudad y que sufren muchos de sus habitantes, y los cochecitos de la F-1 pueden correr la misma suerte cuando dentro de seis años se termine el contrato, ya lo ha anunciado Agag, “conseguidor mayor del reino” quien en una conferencia en el Circulo Ecuestre de Barcelona dijo que el Gran Premio de Europa, el que se corre en Valencia, puede desaparecer o cambiar de lugar, y es que una vez exprimida la naranja y bebido su jugo ésta se deja en el basurero. Y eso puede pasar en Valencia con esta política de eventos de cartón piedra, figuración y chamarileo.

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